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Desplazamiento Forzado Intraurbano

 
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Barrio Los Caimitos 1988

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DESPLAZAMIENTO FORZADO INTRAURBANO

 

LOS CAIMITOS-PALMIRA DE LA TRANQULIDAD AL CAOS

 

“La ilusión de tener una casa es inmensa, cuando la tienes haces todo por cuidarla, sin embargo, preservar la vida está por encima de todo.”

 

Por: Laura Mercedes Arango

 

Estudiante de Trabajo Social

 

La ciudad es un espacio de trabajo y esparcimiento. Desde hace seis o siete décadas aproximadamente, Colombia, ha sido un espacio receptor de migrantes. En la actualidad, el desplazamiento forzado se presenta en tanto desde el contexto rural hacia el urbano como intraurbano. Es el caso de la familia Álzate, ex habitante del barrio Los Caimitos en Palmira. Tener casa propia para ellos era un anhelo, el cual se materializó cuando la adquirieron en el barrio a través del Instituto Nacional de Vivienda de Interés Social y Reforma Urbana (INURBE). Para muchas personas tener una casa es un verdadero sueño. Una vez al interior de su casa la familias suelen tejer su seguridad y con ella la estabilidad emocional, económica y social.

 

El barrio Los Caimitos fue un proyecto de urbanización impulsado por Monseñor José Mario Escobar Serna junto a la fundación Santa Ana. La construcción fue llevada a cabo en los predios asignados por el municipio, los cuales fueron cedidos por la Central Tumaco al estado como pago por impuestos atrasados. INURBE en el año 1990, se dedicó, según el glosario de la página web Metro Cuadrado a coordinar actividades con las entidades del Sistema Nacional de Vivienda de Interés Social para el desarrollo de las políticas respectivas y la aplicación de la Reforma Urbana. Además de ello Administrar los recursos nacionales del Subsidio Familiar de Vivienda.. Junto a la fundación se construyeron barrios circunvecinos como Villa del Rosario, Villa Diana, Santa Teresita e Ignacio Torres, entre otros.

 

El barrio fue pensado para personas de escasos recursos, por lo cual muchos de sus residentes pudieron financiar sus casas a quince años, el señor Max Neil López Lara ex presidente de la junta de acción comunal, administrador de empresas, habitante del barrio cuenta Las casas salieron en 15 millones de pesos. Las calles se construyeron en pasajes para brindar la seguridad de los niños, así no entrarían los carros. Llegaron personas humildes, trabajadores y empleados informales, quienes trabajaban como corteros en los ingenios o empleados en las empresas que aun existían.

Actualmente empresas como Tapón Corona de Colombia, Ingenio Papayal, Betún Beisbol y PALMITEX entre otras, ya no existen en Palmira, hubo una época en la que desaparecieron y dejaron muchas familias desempleadas, incluso habitantes del barrio Los Caimitos se vieron muy afectados, lo cual desató imperiosas necesidades internas. Gran parte de la problemática social actual es producto de dicho acontecimiento y de la decadencia económica general de la última década.

 

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Calle Barrio Los Caimitos

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La convivencia en el barrio ha tejido lazos con otros barrios circunvecinos con quienes se han realizado torneos deportivos, sobre todo de futbol, el último fue entre Diciembre 2014 y Enero 2015, aunque ésta podría convertirse en una estrategia de trabajo para mitigar la situación actual, se necesita mucha inversión para que pueda ser frecuente y funcione Anotó el señor López Lara.

La familia Álzate llegó entre 1994 y 1995 al barrio: Nosotros buscábamos tener una vivienda digna y hacia ése lugar se comenzó a extender Palmira, cuando llegamos, el barrio estaba en vía de construcción aunque ya estaba prácticamente terminado, las calles eran pasajes. (…) la satisfacción de nosotros, nunca habíamos tenido una casa, ya tener casa propia, llegar y vivir allí era muy importante. (…) la comunicación era buena, sin estar metido en las casas de los vecinos, era el de saludar, el de compartir y no había ningún inconveniente. Años después de su llegada, se empezó a ver la problemática de inseguridad social relacionado con robos y atracos.

 

La familia expresa que en el mismo Caimitos no se ve la problemática en sí, sino alrededor del barrio. Se conformó un barrio paralelo, llamado Simón Bolívar, fue donado por un alcalde de Palmira quien trajo la gente de una invasión ubicada en la vía hacia Candelaria,  los querían sacar y se los llevaron hacia allá. Desde entonces se convirtió en el punto generador de inseguridad para el barrio Caimitos. Caimitos en sí, era poblado por profesores hasta por gerentes de cooperativas bien organizados. Después con la inseguridad, los propietarios comenzaron a vender y empezó a llegar gente nueva. En simón Bolívar también hay gente muy buena, sin embargo, es una cuadra o dos donde hay  delincuencia. Entre ellos hay personas a quienes el Municipio les ha dado todo, les otorgó hasta la casa, entonces comenzaron a generar la inseguridad, salían a robar, atracar y a crear miedo en los demás.

 

A medida que el tiempo transcurría, los habitantes remodelaban las viviendas de acuerdo a sus necesidades, sobre todo de seguridad, pusieron rejas, vidrios resistentes y candados en las entradas. Otra medida de seguridad que solían utilizar era cuidarse entre ellos mismos. Sin embargo, la delincuencia armada los obligó a desplazarse del sitio, muchas veces dejaron abandonadas sus viviendas a merced de los delincuentes. Era elegir la seguridad de tener una vivienda o preservar la vida. Fue precisamente éste el caso de la familia Álzate, una pandilla atentó contra sus vidas, en ese momento se les hizo evidente y vivido la situación tensa e insegura en que vivían, por lo cual tomaron la decisión de huir con lo básico de la casa. Días después regresaron temerosos por lo sucedido, encontraron vidrios rotos y ramas desmarañadas por el jardín. Con ayuda de la Policía pudieron sacar todas sus cosas, incluyendo puertas y ventanas interiores. Al dejar su casa a merced de los vándalos, quedó en el pasado toda una vida de ilusiones, sueños, aventuras, desventuras, risas y satisfacciones representadas en ésa vivienda, la cual era el refugio de su unión familiar.

 

 

 

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Esquina Barrio Los Caimitos

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El desplazamiento forzado intraurbano se ha considerado una de las formas de desplazamiento interno que apenas tiene visibilidad y validación legal en Colombia. Dentro de un documento del COOMES se habla de un análisis presentado por Clara Atehortúa, el cual plantea que varios ciudadanos de Medellín, a través de acciones de tutela han impuesto casos particulares, exigiendo acciones de obligatorio cumplimiento por parte de sus municipios; en dichos casos se reconoció su situación como un desplazamiento forzado, por lo cual la ley los acoge, sin embargo, aún no hay legislación que establezca el desplazamiento forzado intraurbano como una situación merecedora de atenciones legales.

 

 

 

Uno de los miembros de la familia Álzate comprobó esto al reclamar sus derechos vulnerados: Yo tuve la oportunidad de averiguar si tenía algún auxilio, fui a la Alcaldía a manifestar el caso y preguntar si había la posibilidad de acceder a un auxilio porque mi vivienda quedaba sola, en ese momentico había que dejarla, allá no podíamos habitar ninguno de nosotros. Buscaba saber si me rebajaban los impuestos, o si teníamos algún beneficio, pero me lo negaron diciendo que el desplazado era quien venía del campo a la ciudad, no dentro de la ciudad. Desde entonces, no volví. Aunque no sé si haya una oportunidad, si podría insistir nuevamente, porque los impuestos van subiendo, además es una vivienda que ha perdido valorización. Pero, para el gobierno, el impuesto siempre sube. De esta forma los Álzate se sienten deslegitimados como desplazados, aunque legítimos deudores del Estado por ser poseedores de una casa, ya que lamentablemente ésta condición aplica tanto si es habitada o no.

 

El concepto que se ha construido en la ciudad sobre desplazados es complejo y desde una perspectiva más personal, en algunas ocasionas los deshumanizamos por medio de adjetivos y estereotipos, cuando en realidad han sido víctimas y los seguimos victimizando. El integrante de la familia Álzate, cerró su dialogo con nosotros diciendo: Los que somos desplazados, somos producto de las circunstancias. Muchos tienen que abandonar la familia, el sitio donde vive, donde trabaja, no porque tenga un conflicto directamente armado, sino porque es perjudicado por él. Es preferible dejar el  sitio y estar tranquilos en otra parte así lo material se pierda. En este momento el barrio Caimitos donde nosotros vivíamos muchas de las viviendas están siendo ocupadas por desplazados que vienen de otras ciudades. Ya que el gobierno municipal está aprovechando la misma situación para comprar las viviendas a muy bajo precio y cumplirle a quienes si les da la ayuda.

 

Una historia nacida de un anhelo, un sueño hecho realidad por 17 años aproximadamente, culminó en una situación indeseada. Un desplazamiento forzado, implica no solo dejar lo físico, sino las emociones vividas, pagar impuestos extras y vivir con la zozobra resultado de una experiencia dolorosa. La ciudad también es emisora y creadora de desplazados. De nosotros como ciudadanos depende cambiar la visibilidad y legitimación de ésta población sin herir susceptibilidades y otorgándoles el respeto que se merecen.

 

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