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Editorial

Editorial Óscar Collazos

 

Afrontemos el tiempo tal y como se avecina

 

Dos poetas colombianos escribieron en nuestra literatura los más grandiosos poemas a la muerte. León De Greiff la enaltece respetuosamente con el nombre de señora, y aparte de acusarla de irse llevando todo lo bueno que en nosotros topa, también la señala como la causante de abandonar a los vivos: solos, en un rincón. Porfirio Barba Jacob tiene la certeza de que al paso de su sombra nefasta, la muerte arrasa: “la muerte viene, todo será polvo bajo su imperio/ ¡polvo de Pericles, polvo de Codro, polvo de Cimón, y en el frenesí de los placeres en relación con el tiempo perecedero de los humanos, en los versos siguientes le reclama a la vida por no entregarnos lo dulce y grato, todo en una sola entrega: ¡ah de la vida parva – nos dice - que no nos da sus mieles, sino con cierto ritmo y en cierta proporción!

Tiene razón Porfirio, es cierto que un sentimiento de abandono, derrota y soledad sentimos cuando parte un amigo, y como lo dicen los cantos populares de la vieja España: algo se muere en el alma cuando un amigo se va, pero también es cierto que hay ciertas vidas vitales, creadoras de universos de ficción, que tienen el poder de sobreponerse al devastador efecto de la muerte, y que su partida, antes de morir en nuestro espíritu, por el contrario, florece en nosotros, como ha florecido el espíritu de Oscar Collazos en toda la comunidad literaria tanto en el orbe nacional como en todo el continente.

 

Contrario al parecer de Porfirio, Oscar Collazos jamás le pidió a la vida parva que le diera todas sus mieles en una sola entrega, no, desde muy joven este muchacho del Pacifico, antes de escribir ninguna letra ya sabía cómo era la vida de un artista, supo que en los dominios universales del arte una obra siempre es esquiva al talento humano, que había que buscarla, vivir en ella, tenía la certeza de que era una obligación luchar los triunfos de sus quehaceres y de sus sueños, supo siempre, hasta el último día, ya en los límites con la muerte, que lo suyo debía ganárselo uno a uno, con cierto ritmo y en cierta proporción como dice él poema.

Su vida fue un viaje continuo por el mundo de los hombres y por el universo de las artes, fue sucesivamente: periodista, escritor de teatro, cocinero, novelista, escritor de cuentos, buen amigo, buen padre, buen compañero, podemos decir  que todo para él era una investigación que utilizaba condensada en sus novelas y relatos, por eso fue el tipo de escritor vitalista y eso lo delata la vigorosidad de su prosa de paso rápido, siempre hacia adelante, a veces sin un descanso para las descripciones y poéticas. Su obra le hizo merecedor de un sitial en el cielo de los poetas, ahí debe de estar ahora, al lado derecho de Porfirio, Aurelio y León de Greiff y al lado izquierdo de García Márquez      

 

Por eso en su biografía, quien tenga el grato placer de escribirla, bien vale escribir esa frase de Shakespeare, que sirve de epígrafe a las memorias de Stefan Zweig: Afrontemos el tiempo tal y como se avecina.

 

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