Homenaje

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Portada novela La modelo asesinada de Óscar Collazos

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La modelo asesinada

El arte de la novela de misterio en Colombia

 

Alguna vez escuché que en las historias de misterio los asesinatos, complots y robos se efectuaban sólo bajo la cercana presencia de un detective que resolviera el caso. Como si ésta consecuencia se adelantara a la causa, los misterios parecieran ser misterios en la medida que hay alguien para resolverlos. ¿Qué pasará con los que nunca llegan a resolverse? La vida real los convierte en rumores y olvido, pero la literatura de misterio acostumbra no dejar cabos sueltos.

 

Por: Oscar Obando

Estudiante de Licenciatura en Literatura

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Óscar Collazos

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Igual manera se puede ver en La modelo asesinada (1999) de Óscar Collazos, donde Raúl, un ex fiscal, se encuentra de tope con un crimen: el asesinato de Érika, la modelo más cotizada del momento. Dedicado de lleno a la soledad y el ocio de la jubilación, por coincidencia a ve desde la ventana de su apartamento, con unos binoculares. En un edificio contiguo ella se quita la ropa en una danza sensual y Raúl saca una cámara para grabarla. Érika baila para alguien que no se alcanza a ver y cuando cae la última prenda, momento en que no puede estar más indefensa, recibe dos disparos. Desde ese momento el ex fiscal se verá envuelto en varios acontecimientos que le sacaran de la cómoda rutina, una cadena de crímenes y corrupciones políticas que poco a poco van saliendo a la luz mientras se descubre al asesino escondido. El asesinato de la modelo destapa amistades entre políticos, narcotraficantes y personas de la élite nacional y mediante esto se va cultivando la reflexión de que no es el negocio de la política el que domina el país sino el de la moda.

Raúl, quien hace el papel de detective en ésta novela, no limita su protagonismo a investigar solamente, tiene un drama propio, segundo punto focal de la novela, está pasando por un periodo de separación con su esposa Marité, quien a pesar de los rechazos constantes sigue empeñada en no dejar que la relación se termine. Él por su parte ya no siente con ella aquel amor pasional de hace unos años, sino un tranquilo afecto –como el descrito por el mismo autor de la pareja de esposos en el cuento Soledad al final del coche cama, donde además el protagonista lee una novela de misterio, mostrando así el gusto del autor por este tipo de narraciones desde sus obras más tempranas–.

Una pregunta: ¿Quién mató a Érika?, abre una docena de preguntas mientras intenta ser respondida: ¿Por qué estaba bailando en el apartamento de un funcionario político? ¿Quién le dio el anillo de diamante que llevaba puesto? ¿Por qué su mejor amiga se sentía perseguida también? Es éste tipo de suspenso la forma como la novela enreda situaciones y misterios, sumando las amenazas telefónicas para Raúl, las conversaciones con otros fiscales, un periodista y hasta un poeta, y los estados de ánimo de su mujer.

La narración siempre está instalada en el pasado, contada por la primera persona con un tono detallado y reflexivo que recuerda aquellos viejos programas en blanco y negro de detectives –con la excepción de que se ha reemplazado la atmósfera fría, la actitud solitaria y la larga gabardina por un ambiente de compinchería y solidaridad, éste detective no trabaja solo–. La narración está en pasado pero el lector la vive en presente debido a éste tono particular, porque cada duda u observación se intenta resolver al momento de ser planteada, como si el narrador se contara la historia a sí mismo mientras va transcurriendo. Basta que piense una pregunta como “¿Quién podía haber llegado al extremo de asesinar a una amiga buena, leal, indefensa, espectacular?”, para que al instante se responda “el adjetivo había demorado en aparecer en los labios de Irene. Espectacular. Modelo y amiga espectacular, eso había sido Érika Muñoz”.

El papel de detective en la novela lo lleva Raúl, pero dentro del universo creado es su amigo el fiscal Arias quien está a cargo del caso, y Raúl lo asiste a pesar de su comportamiento pasivo frente a los hechos –si bien Raúl no está esforzándose por ir hasta las pistas, los testigos y los contactos, éstos no dejan de perseguirlo, como hay un misterio es necesario un investigador a la medida, destino que seguirá Raúl aunque no se quiera ver envuelto.

En la segunda línea argumental, la novela se sale un poco de lo detectivesco para indagar en la condición humana del matrimonio: una mujer que busca por todos los medios volver a estar con su esposo pero recibe el rechazo. Lo cita, lo invita, lo seduce, lo insulta, lo necesita, pero éste ya no está dispuesto. Sin embargo, las cenizas tibias tampoco le permiten a él alejarse completamente, por eso intenta verla sólo dos veces a la semana, no porque tenga otros amores en quienes pensar, sino porque está cómodo en aquella soledad y ocio que le permite su estado de jubilación.

Se dice constantemente que Óscar Collazos es uno de los grandes exponentes de la literatura del Caribe o la literatura afro, es cierto, pero La modelo asesinada no parece inscribirse en ésta línea, tal vez es un avance, un paso más, en su preocupación por llegar a lo universal.

 

 


 

 

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Óscar Collazos, de joven, tecleando en su máquina portátil.

Foto: Archivo personal Óscar Collazos.

 

 

Óscar Collazos

Una voz disidente en el  oficio de la escritura periodística

 

 

 

 

Con sal y picante en las palabras, que fluyen con turbulencia por el delta de la dignidad humana, el escritor Oscar Collazos dignificó el oficio del periodismo de opinión en Colombia. Con una prosa renovadora y una permanente postura crítica, desafió con lucidez e inteligencia a  la seducción estética de la sociedad del espectáculo,  la hipocresía del poder, y las amenazas de las bestias que saquean el corrupto país de la masacre y el festival.

Por El Zudaca (Nómada urbano)

 

 

Advertencia

¿Acaso la mejor subversión no es la de alterar los códigos en vez de destruirlos?

Roland Barthes

Autorretrato

Si no hubiera tenido dificultades no habría sido escritor. Uno se siente escritor cuando publica, no cuando escribe, cuando entra en relación con el otro. Hay algo extraordinariamente estimulante para nuestra generación, que fue la lectura de Rayuela. Con ella nos dimos cuenta  que el mundo podía presentarse fragmentado, se podía llegar a una fragmentación para que fuera el lector, él que uniera esas partes como un rompecabezas, como un puzzle. Me gusta mucho Cortázar, y en ciertos momentos de mi obra y de mis cuentos, a partir de ciertos momentos de mi obra novelística, su influencia es bastante visible. Hay algo de él que me interesa y traslado al periodismo, y es cierto sentido del juego, cierta construcción de la frase a través de paradojas. La ironía que puede desconcertar al lector que espera  el trascurso lógico de la frase, y quien escribe de pronto lo sorprende con una información o un adjetivo inesperado. Eso probablemente me viene de la lectura de Cortázar, pero también de la lectura de Cabrera Infante que es un gran mamador de gallo y un gran jugador de palabras. Óscar Collazos

 

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Óscar Collazos en su juventud.

Foto: www.enamoratedelchoco.co

Flash back

 Hace ya 18 años, La Palabra organizó en el auditorio Carlos Restrepo de la Universidad del Valle, un  Seminario Taller  de Periodismo  Opinión,  con invitados especiales como Antonio Caballero, Ramón Jimeno, Carlos Jiménez, Roberto Pombo y Oscar Collazos, quienes dieron vida y energía a un espacio de disertación, reflexión e intercambio de valiosos conceptos sobre la labor periodística, y sobre todo de aprendizaje para el estudiantado, a partir de la experiencia de tan importantes referentes de la prensa nacional, convocados por el escritor Umberto Valverde, en ese momento director del periódico.

Allí conocí al autor chocoano de la columna de opinión: La Bella y la Bestia, que publicaba el diario El Tiempo, y que alegraba mis mañanas dominicales por el humor mordaz e irónico, quien con agresividad y crueldad metafórica, fustigaba la hoguera de las vanidades que arden en las esferas de la farándula y la política, a través de la escritura de  perfiles, sobre cientos de  personajes de la vida nacional,  provocando más de una enfática carta de sus retratados, por sus dardos literarios que develaban la vitalidad y la memoria prodigiosa de un lector voraz y un traductor de la caoticidad  del mundo actual.

Oscar Collazos, hijo de Mayo del 68 y el Boom Latinoamericano, fue el encargado de cerrar ese evento académico,  ofreciendo tremenda clase al público presente, enfatizando en su discurso que el periodista de opinión, es alguien intransigente frente a las formas del poder, y como en Colombia, el espectáculo desvirtúa la naturaleza de la opinión y la información; el que la información sea ritualizada, llamada simulacro de la realidad, conlleva a una saturación de imágenes que es la base de la espectacularización. Hoy en día lo susceptible de convertirse en espectáculo  es lo que prevalece. La relación entre opinión y medios es tensa, y está sujeta a desvirtuaciones. La información seleccionada ya lleva la opinión de quien la dicta, la opinión de aquello que se convierte en suceso es lo que cabe en los medios. El periodista de opinión es  quien tiene el privilegio y la responsabilidad de impedir que la opinión se convierta en espectáculo.

Vox populi

Óscar Collazos fue un hombre lúcido, respetuoso y ecuánime. Por su origen humilde, por sus rasgos afromestizos, fue víctima de numerosos ataques por parte de esa vulgar oligarquía –clasista y racista– que domina la vida nacional. Pero su actitud elegante, su aplomo de príncipe, fue acallando ladridos. Murió, como vivió, con dignidad. Hace unos meses, cuando la enfermedad empezó a acorralarlo, habló abiertamente de lo que padecía, convirtió su tragedia en una lección sobre la dimensión humana a la que nunca debe renunciar el periodismo. En su última columna de prensa nos recordó que la belleza germina en cualquier terreno y que hasta en el robo de un libro puede haber poesía. Fue lúcido hasta el final. A principios de la semana pasada, cuando la falsa noticia de su muerte corrió por todos lados, reaccionó con humor. Tuvo el lujo de marcharse sabiéndose amado y convencido de que su vida había dejado huella en muchos corazones. Se fue con la frente alta de este curioso reino donde sus príncipes más nobles no nacen en castillos, sino en rincones perdidos y abandonados. Gustavo Arango  www.vivirenelpoblado.com

 

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Óscar Collazos
(Bahía Solano, Chocó, 29 de agosto de 1942 – Bogotá, 17 de mayo de 2015).

Ilustración: Álvaro Tuberquia.

 

 

 

Bonus Track

Yo soy un novelista que ha hecho periodismo casi toda su vida. Mi lenguaje periodístico se alimenta de ciertas exigencias del lenguaje narrativo y, en ciertos momentos, mi lenguaje narrativo se alimenta de cierto dinamismo del lenguaje periodístico. Yo me considero un escritor en el sentido más amplio de la palabra. En resumen, a veces lo digo en broma, pero es en serio, yo creo que soy  un esquizofrénico de la escritura. Óscar Collazos.

 

 

 

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Portada La ballena varada de  Óscar Collazos

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Varada en un sueño

La ballena varada de Óscar Collazos

 

“-Ahogaré tu pena de moribunda en el mar- corrigió. Y de esta forma, la historia de la hermosa mujer que llegaba en un barco a depositar sus penas en el mar, fue reemplazada por la historia de la ballena..."

 

Por: Nathalia Muñoz Arias

Estudiante de Licenciatura en Literatura

 

Desde un costado del  barco observaba la quietud del océano. Cantaba una canción y todos los tripulantes entonaban los coros, solitarios y vacíos como las conchas deshabitadas de los caracoles. -¡Son los japoneses!- gritaban en la playa, sin comprender mis gestos cuando exclamaba desde lejos -!No, no somos un ballenero japonés! Sólo queremos ver a la ballena varada-  !Ring, Ring!, sonó el despertador; se me hizo tarde, entonces tomé el libro de Óscar Collazos y busqué la página que había leído por última vez. -¿En dónde quedé? Ah, sí, en el revuelo de la playa de Bahía solano-.

Mi sueño no es aquí lo más importante, pero sí lo es la historia que me hizo navegar por ese océano. Serán estas las páginas de las agradables impresiones que dejó La ballena varada, el libro de literatura juvenil que se publicó en 1997, el mismo que se abre y deja caer arena de playa sobre las manos de quien lo lee.

En el camino, ya despierta, retorné al libro y me encontré como los habitantes de aquella bahía, era una espectadora más de la ballena atascada en la superficie y de la sagacidad de Sebastián.  Era el capítulo dos, tenía una ilustración de la misteriosa mulata de ojos rasgados y nariz prominente, Eudosia.  El gran cetáceo ya había surcado las costas chocoanas, como cumpliendo el presagio acarreado por el sueño del niño, y yacía en la playa con la mirada quieta de los gigantes. Ahí estaba él, lucía preocupado, pero siempre supe que la magia y las verdades esperanzadoras de la mujer lo consolarían. 

Aquella mañana Sebastián despertaba de un extraño sueño, en el que andaba por el fango con dificultad. Luego vio el gran animal en la playa, lanzando fuertes movimientos en medio del desespero,  sin saber que ahora sería el protagonista de la canción que el pequeño componía.  Ya no habría una mujer de cabellos rubios declamando la primera frase de su canto : Ahogaré mis penas en el mar, sino que un narrador cantaría " Ahogaré tu pena de moribunda en el mar", para la agonizante ballena.      

 

homenaje3FOTO 2 Óscar Collazos, una invitación a leer el Caribe

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Seguí leyendo mientras la dulzura de Sebastián habitaba las páginas, temiendo por el arribo de la pesca japonesa y por los habitantes de Bahía solano, tan interesados en recibir dinero de extranjeros a cambio de carne de ballena. -No, no pueden permitir que pase- pensé, y me tranquilicé al recordar que Sebastián estaba dispuesto a ayudar como pudiera.

En la noche regresé a las hojas con escarcha de arena,  y Pacho el loco me hizo tripulante del Pequod, el barco ballenero que Melville entregó al mundo. Imaginé a Pacho, abuelo de Ondina, la pequeña de carácter fuerte e inteligente que parecía intimidar a Sebastián, con el libro de Moby Dick, gritando a los habitantes de Bahía solano - Oid esto: Una marea roja extendida alrededor del animal como riachuelos bajando la colina. ¿Sabéis a qué sabe esa marea roja? !A sangre!-

Don Carlos, el padre de Sebastián, como el anciano demente y su nieta, también intentaba, junto a otros hombres, librar a la ballena de la insensatez humana. Ahora que Eudosia parecía haber hechizado a Jacinto, un hombre avaro y egoísta, y a sus secuaces, el camino no tendría tantas trabas. -Ahora sí será libre- me dije, y después la pesca industrial japonesa se avecinó, junto a una manada de  cetáceos que querían libre a su compañera.

Y bien, ¿qué es lo que una chica de 21 años pudo leer en aquel revuelo de Bahía solano?.. Leyó la magia del pacífico a través del misticismo de una mulata y las formas de vida que su cultura le entregaron, la inocencia de un niño que hace un llamado por la inteligencia ecológica y , sobre todo, leyó  una historia que deja ver  las dimensiones humanas  del trabajo en conjunto, así como aquellas que se conciben a partir de las sensaciones individuales. Fueron estas mis impresiones y espero que, como yo, la historia regale al lector un sueño, uno tan colombiano como el mío.

 

 

 

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Óscar Collazos

Cuentos

"No tendré nada más que ver
Con este sórdido mundo,
Y el rocío desaparece.”

Kabayashi Issa

Por: J.F.S.

 

Comencé a escribir esta reseña entre el “escándalo” que protagonizaron Juan Gossaín y Óscar Collazos. El primero, en una serie de eventos desafortunados (supongo yo), dio por muerto al segundo y éste a su vez, no queriendo morirse antes de tiempo, comenzó a dar señales de vida a través de Twitter. Fue algo que ocurrió y se perdió entre las tantas anécdotas de nuestro país de infortunios. Ahora, después de una larga batalla, Óscar Collazos murió en Bogotá, el domingo 17 de Marzo; aún espero alguna actualización suya en Twitter que lo reviva.

Este texto será, además de una breve reseña de los cuentos, un homenaje al hombre detrás de las letras.

Leí sus cuentos, Óscar, lamento decirlo, sin ninguna expectativa. En realidad hasta entonces su obra era una de las tantas en mi biblioteca, y como quienes nos entregamos a la sana actividad de tener libros usualmente no leemos los propios y preferimos aquellos que no nos pertenecen, usted era otro fantasma más habitando mi librería. Se me presentó la oportunidad de escribir sobre sus cuentos y claramente no la desaproveché; quizá porque su obra siempre me causó curiosidad o quizá fue la vaga ilusión de que en algún momento  usted leyera mi texto, no lo sé.

 

¿Me permitiría una confidencia? En mi infancia viví en un barrio marginado del sur de Cali; era una realidad sórdida e inexplicable la que se vivía allí. Óscar, en sus cuentos veo esa realidad. Sus cuentos y la fuerza de éstos, como dice el profesor Alejandro José López Cáceres en Experiencia y huella: los cuentos de Óscar Collazos, texto que sirve de prólogo a la edición que hizo el Ministerio de Cultura de sus relatos,  provienen de la experiencia. Ésta sentencia no es muy reveladora, la mayoría de artistas toman de sus vidas los temas con los que trabajarán a lo largo de sus carreras y usted no fue la excepción.

En todo caso cada experiencia de vida es diferente y sin embargo la mayoría de los colombianos compartimos ciertas similitudes a la hora de vernos reflejados en las obras de arte. Eso pasa en sus textos Óscar, los personajes de sus cuentos son aquellos individuos que conviven bajo nuestro mismo techo, con quienes estudiamos, quienes nos educan o proporcionan placer. Personajes tan nuestros, tan nosotros mismos. Sus cuentos, Òscar, son un espejo donde todos podemos vernos reflejados.

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Portada y Contraportada Cuentos escogidos.
1964-2006 publicado en la Biblioteca de Literatura Afrocolombiana.

 

Su obra cuentística es un fiel reflejo de esa realidad colombina en la cual todos estamos sumergidos. Una realidad que, como dice García Márquez,  “no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza…”

Y es que desdicha y belleza son los principales elementos de su obra cuentística. En El lento olvido de tus sueños”, por ejemplo, nos sumerge usted en la vida de un pequeño niño de raza blanca, éste con toda su familia se ha tenido que trasladar a una población de la costa donde casi todos son de raza negra. Este choque de culturas nos pone en evidencia la calidad de personas que podemos llegar a ser y cómo nuestros ideales afectan la forma de ver y convivir entre nosotros.

 

En “Jueves, viernes, sábado y este sagrado respeto”, donde una prostituta se niega a prestar sus servicios hasta que termine la Semana Santa, se contraponen y retroalimentan dos elementos recurrentes en su obra: la religión y el erotismo. Dos elementos que parecen contradecirse se entrelazan para formar un cuento pleno de belleza y soledad. Amalia, el personaje principal, se convierte en la defensora de una fe cada vez menos respetada, de una creencia cada vez más débil. Con una maestría envidiable Óscar, usted crea un mundo en ese burdel donde vive Amalia; un lugar tan patético como hermoso, donde conviven los elementos de sus historias.

El tema de la religión como eje central y transformador de una comunidad se evidencia también en “El eclipse” y “Las causas perdidas”. El primero nos narra la historia de un pueblo al borde de la locura, ya que el párroco ha pronosticado que el día del eclipse se acabará el mundo. El segundo nos muestra una historia mucho más sórdida. Un joven vuelve a casa después de confesarse en la iglesia; su semblante es distinto, acaso más triste, como si ocultara algo. Nos damos cuenta que no todo es lo que parece. Narrada de manera magistral, a través de los ojos de su hermano menor; usted, Óscar, nos muestra la desgracia detrás de la vida de una comunidad entregada enteramente, y si miramientos, a la religión.

Encontrar su obra, Óscar, rescatarla del olvido donde yo la había puesto, fue un reencontrarme con esa realidad tan cercana. Fue comprender que las historias más profundas se encuentran a la vista de todos. Ahora, Óscar, usted ha partido. Quizá en un tiempo, junto a algún río lejano, nos encontremos y podamos hablar de todo esto…

Mientras tanto: adiós Óscar, adiós.