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Homenaje

 

 

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Óscar Collazos, de joven, tecleando en su máquina portátil.

Foto: Archivo personal Óscar Collazos.

 

 

Óscar Collazos

Una voz disidente en el  oficio de la escritura periodística

 

 

 

 

Con sal y picante en las palabras, que fluyen con turbulencia por el delta de la dignidad humana, el escritor Oscar Collazos dignificó el oficio del periodismo de opinión en Colombia. Con una prosa renovadora y una permanente postura crítica, desafió con lucidez e inteligencia a  la seducción estética de la sociedad del espectáculo,  la hipocresía del poder, y las amenazas de las bestias que saquean el corrupto país de la masacre y el festival.

Por El Zudaca (Nómada urbano)

 

 

Advertencia

¿Acaso la mejor subversión no es la de alterar los códigos en vez de destruirlos?

Roland Barthes

Autorretrato

Si no hubiera tenido dificultades no habría sido escritor. Uno se siente escritor cuando publica, no cuando escribe, cuando entra en relación con el otro. Hay algo extraordinariamente estimulante para nuestra generación, que fue la lectura de Rayuela. Con ella nos dimos cuenta  que el mundo podía presentarse fragmentado, se podía llegar a una fragmentación para que fuera el lector, él que uniera esas partes como un rompecabezas, como un puzzle. Me gusta mucho Cortázar, y en ciertos momentos de mi obra y de mis cuentos, a partir de ciertos momentos de mi obra novelística, su influencia es bastante visible. Hay algo de él que me interesa y traslado al periodismo, y es cierto sentido del juego, cierta construcción de la frase a través de paradojas. La ironía que puede desconcertar al lector que espera  el trascurso lógico de la frase, y quien escribe de pronto lo sorprende con una información o un adjetivo inesperado. Eso probablemente me viene de la lectura de Cortázar, pero también de la lectura de Cabrera Infante que es un gran mamador de gallo y un gran jugador de palabras. Óscar Collazos

 

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Óscar Collazos en su juventud.

Foto: www.enamoratedelchoco.co

Flash back

 Hace ya 18 años, La Palabra organizó en el auditorio Carlos Restrepo de la Universidad del Valle, un  Seminario Taller  de Periodismo  Opinión,  con invitados especiales como Antonio Caballero, Ramón Jimeno, Carlos Jiménez, Roberto Pombo y Oscar Collazos, quienes dieron vida y energía a un espacio de disertación, reflexión e intercambio de valiosos conceptos sobre la labor periodística, y sobre todo de aprendizaje para el estudiantado, a partir de la experiencia de tan importantes referentes de la prensa nacional, convocados por el escritor Umberto Valverde, en ese momento director del periódico.

Allí conocí al autor chocoano de la columna de opinión: La Bella y la Bestia, que publicaba el diario El Tiempo, y que alegraba mis mañanas dominicales por el humor mordaz e irónico, quien con agresividad y crueldad metafórica, fustigaba la hoguera de las vanidades que arden en las esferas de la farándula y la política, a través de la escritura de  perfiles, sobre cientos de  personajes de la vida nacional,  provocando más de una enfática carta de sus retratados, por sus dardos literarios que develaban la vitalidad y la memoria prodigiosa de un lector voraz y un traductor de la caoticidad  del mundo actual.

Oscar Collazos, hijo de Mayo del 68 y el Boom Latinoamericano, fue el encargado de cerrar ese evento académico,  ofreciendo tremenda clase al público presente, enfatizando en su discurso que el periodista de opinión, es alguien intransigente frente a las formas del poder, y como en Colombia, el espectáculo desvirtúa la naturaleza de la opinión y la información; el que la información sea ritualizada, llamada simulacro de la realidad, conlleva a una saturación de imágenes que es la base de la espectacularización. Hoy en día lo susceptible de convertirse en espectáculo  es lo que prevalece. La relación entre opinión y medios es tensa, y está sujeta a desvirtuaciones. La información seleccionada ya lleva la opinión de quien la dicta, la opinión de aquello que se convierte en suceso es lo que cabe en los medios. El periodista de opinión es  quien tiene el privilegio y la responsabilidad de impedir que la opinión se convierta en espectáculo.

Vox populi

Óscar Collazos fue un hombre lúcido, respetuoso y ecuánime. Por su origen humilde, por sus rasgos afromestizos, fue víctima de numerosos ataques por parte de esa vulgar oligarquía –clasista y racista– que domina la vida nacional. Pero su actitud elegante, su aplomo de príncipe, fue acallando ladridos. Murió, como vivió, con dignidad. Hace unos meses, cuando la enfermedad empezó a acorralarlo, habló abiertamente de lo que padecía, convirtió su tragedia en una lección sobre la dimensión humana a la que nunca debe renunciar el periodismo. En su última columna de prensa nos recordó que la belleza germina en cualquier terreno y que hasta en el robo de un libro puede haber poesía. Fue lúcido hasta el final. A principios de la semana pasada, cuando la falsa noticia de su muerte corrió por todos lados, reaccionó con humor. Tuvo el lujo de marcharse sabiéndose amado y convencido de que su vida había dejado huella en muchos corazones. Se fue con la frente alta de este curioso reino donde sus príncipes más nobles no nacen en castillos, sino en rincones perdidos y abandonados. Gustavo Arango  www.vivirenelpoblado.com

 

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Óscar Collazos
(Bahía Solano, Chocó, 29 de agosto de 1942 – Bogotá, 17 de mayo de 2015).

Ilustración: Álvaro Tuberquia.

 

 

 

Bonus Track

Yo soy un novelista que ha hecho periodismo casi toda su vida. Mi lenguaje periodístico se alimenta de ciertas exigencias del lenguaje narrativo y, en ciertos momentos, mi lenguaje narrativo se alimenta de cierto dinamismo del lenguaje periodístico. Yo me considero un escritor en el sentido más amplio de la palabra. En resumen, a veces lo digo en broma, pero es en serio, yo creo que soy  un esquizofrénico de la escritura. Óscar Collazos.

 

 

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