Homenaje

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Homenaje

Foto: Eduardo Galeano en el espacio libre Obdulio Varela que rodea al Estadio Centenario de Montevideo.

 

Foto: www.telediariodigital.net

 

 

Eduardo Galeano

El polígrafo de la tribu zurda.

 

La treceava mañana de abril del año 15 del tercer milenio, Eduardo Galeano, hijo de los días de la alegre rebeldía y la dignidad insurrecta letrada, abandonó el campo de juego del planeta trampa, para viajar a otra galaxia literaria, no sin antes recordarnos, que el silencio no es nuestro. América Latina, aún sigue con las venas abiertas, pero no renuncia al sol y la sombra para todxs, con el libro de los abrazos y el futbol, como banda sonora de las calles zudacas.

 

 

 

Por Harold Pardey Becerra (Comunicador Social y Periodista Cultural)

 

Advertencia/ Puntapié inicial

¿Por qué escribo?

Por qué, no sé.

Pero en tren de buscar explicaciones,

Podría decir que escribo porque mi tendencia al pecado me impidió ser santo,

Porque en el fútbol siempre fui un patadura,

Porque hay historias que merecen ser contagiadas,

Porque me duele el dolor ajeno

Porque me goza el ajeno placer,

Porque escribiendo devuelvo a los demás lo que de ellos viene,

Porque escribiendo juego a saltar el abismo que separa el deseo y el mundo,

Porque escribiendo juego a creer que puedo decir lo que quiero decir,

Porque escribiendo comparto alegrías, melancolías, descubrimientos, deslumbramientos,

Porque de Sherezade aprendí que hay historias que valen un día más de vida,

Porque de Onetti aprendí a buscar palabras mejores que el silencio

Porque soy caminante, y cada palabra es un nuevo viaje que empieza

Porque así hablo al oído de amigas y amigos que no conozco

Y en ellas y en ellos me reconozco,

Y porque siendo, como soy, un inútil total, no puedo hacer otra cosa.

Eduardo Galeano (Texto Inédito, publicado en Revista Sudestada, 2013)

Polaroid introspectiva

Las palabras andantes de Eduardo Galeano (Montevideo, 1940-2015), son como dagas lacerantes, que atraviesan profundamente nuestros huesos, en el continente de los vientos... Es imposible permanecer apáticos e indiferentes a ellas, porque van encendiendo fuegos, iluminando caminos, tejiendo sororidades, alborotando espíritus levantiscos,  y conectando rizomas, que denuncian las injusticias y festejan la vida, en las comunidades y los pueblos que habitan las periferias y los nuevos centros de la esfera.  Las palabras, esas perras negras que llamaba Cortázar, o  bellas flores que no se pueden dejar morir como dijo el subcomandante Marcos en la selva lacandona, estremecen nuestros sentidos cuando son utilizadas colectivamente para cultivar una orgía polifónica en la memoria subjetiva de la especie lectora, aquella que Galeano supo seducir y cautivar con su prolífico e intenso  universo narrativo, con  la combinación heterodoxa de géneros y diversos estilos periodísticos, literarios y ensayísticos, que retratan  América Latina, o como diría la sublime voz poética de Gioconda Belli:  América estero y pampa, caribe, pacífico y andina, en crisis permanente y con revoluciones de madrugada, donde la muchedumbre y las masas dibujan alegría contra el dolor, el olvido y el escarnio …

Las palabras futboleras del escritor uruguayo, son piezas de cultura viva comunitaria del museo callejero del hincha, porque reivindican los nuevos lenguajes que hay de arte popular en el fútbol, describiendo la fuerte relación identitaria que se construye con el equipo,  y sus ídolos, y como estas prácticas dialogan con los problemas y las tendencias  de la cultura contemporánea,  y sus formas de abordaje desde tópicos como globalización, dinero, lealtad, identidad, nacionalismo, fiesta, medios de comunicación, etc.  Construyendo una cartografía común y diversa en nuestro continente, desde la experiencia estética del fanático de fútbol, y  el estadio como monumento tótem, ritual e intenso. 

                                     Collage/ Telaraña/ Cofradía de voces del entretiempo

Entre todos, el que mejor interpretó la circunstancia de la crisis y lo que ella abría, fue el camino recorrido por Galeano. Un escritor refinado, de delicada sensibilidad, por momentos un esteta, formado en la lectura de la narrativa norteamericana contemporánea

(Hemingway, McCullers, Salinger, Updike), acucioso periodista como algunos de los narradores grandes  de la América Latina actual ( García Márquez ), sagaz analista de asuntos políticos y documentado estudioso de la vida americana, Galeano abría de asomarse a una totalidad social que superaba la compartimentación característica de las clases  medias y avizoraría otro universo.  (Ángel Rama)

La cualidad más saliente de Galeano es, a mi juicio, su valentía intelectual. Es la voz poderosa de los que no son escuchados, la voz de los oprimidos y explotados, de los marginados, y esa voz está bien presente en su periodismo, en ese monumento literario que se llama Memoria del Fuego; en su libro  Los Hijos de los días, un verdadero calendario humano; en sus poemas, en su prosa, recorrida por un aliento poético y la verdad de descubrir la grandeza de las pequeñas cosas, la grandeza de la gente común, El ritmo de su prosa trae a la memoria la consigna de Charles Baudelaire: " Hay que escribir prosa, como si fuera poesía. En Eduardo Galeano, vida y escritura son una sola y misma cosa. Su obra sigue ampliando la conciencia de miles y miles de lectores sobre este mundo al revés. Para él, justicia y libertad sor hermanas siamesas. (Juan Gelman)

La crítica literaria tiene pendiente un análisis más detenido de la obra de Galeano, fuera del canon y de las fronteras. Era eminentemente un autor político, pero ese rasgo no ha dejado ver la calidad de su escritura que expresa de manera sencilla conceptos muy complejos. Su trazo parece sencillo, pero en realidad es el resultado de un inmenso trabajo, con una capacidad de hipnotizar públicos, por su manera de decir y su manera de mirar, como un actor consumado que sabe lo que hay que hacer cuando es el foco de todas las miradas.  (Rosalba Oxandabarat)

El compromiso de Eduardo fue un compromiso con los derechos humanos, con la verdad, con la justicia. Sí, sus libros dieron batalla, en momentos en que en América Latina bastaba con pensar y soñar diferente para ser secuestrado, torturado y desaparecido en nombre de la democracia y la libertad. ¿Cómo pudo alguien haber sido un molesto disidente en la América Latina del Siglo XX sin asociarse o sin ser asociado con algún tipo de izquierda? Pero Eduardo no era un “intelectual de izquierda” como dirán las enciclopedias; era el poeta de los de abajo, el mayor poeta en prosa de su tiempo, un mago de la metáfora, un delicado hermeneuta. Incluso traducido al inglés esta magia sobrevive hasta el extremo de conmover al más conservador de mis estudiantes. Tal vez por todo eso los mayores premios literarios de su lengua le dieron siempre la espalda. Pero a él no le importaba. “Nunca quise ser neutral”, me dijo una vez. La realidad no lo es. Su público, sus lectores, lo aplaudían hasta con los pies. (Jorge Majfud)

Gracias por enseñarme a leer el fútbol. Gracias por luchar como un 5 en la mitad de la cancha y por meterles goles a los poderosos como un 10. Gracias por entenderme, también. Gracias, Eduardo Galeano: en el equipo hacen falta muchos como vos. Te voy a extrañar. (Diego Armando Maradona)

La redonda literaria

El fútbol es el espejo del mundo y en mis libros yo me ocupo de la realidad. La realidad es una señora muy loca, que habla de día y de noche también; en sus horas de vigilia y mientras duerme o se hace la dormida; en las horas del sueño y de la pesadilla. Yo soy un escuchador de sus voces: quiero escuchar lo que ella cuenta para contárselo a los demás. Por eso me interesa la realidad que fue, la que es y la que será. Y el fútbol es una parte fundamental de la realidad, siempre me pareció muy indignante que la historia oficial ignorara esa parte de la memoria colectiva que es el fútbol en países como los nuestros, como el tuyo y como el mío. Los libros de historia del siglo veinte nunca lo mencionan, jamás, no existe; y ha sido fundamental para la gente de carne y hueso. ¿Cómo que no existe? (Eduardo Galeano, en  Revista El Gráfico, 1995)

Pitazo final

Las despedidas son esas tristes alegrías del alma y el corazón. Maestro, nunca olvidaremos tu mirada aguda y humanista, tu inconfundible voz rioplatense y centelleantes ojos azules de leopardo del sur más al sur, tus dibujos, ilustraciones y grabados, el sagrado valor de la solidaridad,  las magistrales crónicas mundialistas, las reflexivas clases de historia, la ética política con los desposeídos, los trucos visuales dentro del periodismo narrativo contemporáneo, y las operaciones de escritura que invitan al lector a ser coautor del texto... Buen viaje al infinito universo de la inmortalidad, donde las utopías de un rebelde nunca mueren, se multiplican en sus lectores.

 

Bonus Track/ Tiempo extra

 

Lo mejor que tiene la vida es esa capacidad de sorpresa incesante… yo sigo sin saber quién soy; creo que soy muchos y que puedo ser todavía más de los que soy. Y me gustaría ser lo que a veces siento que soy cuando escribo: que tengo muchas personitas adentro, como esas figuras de barro de Nuevo México, del gran pedazo de México que Estados Unidos robó, donde habitan los indios llamados “Pueblo”, que tienen devoción peculiar por los contadores de cuentos, los “Cuentacuentos”, y entonces hacen unas figuritas de cerámica que son siempre mujeres, las mejores cuenta cuentos, y están brotadas de personitas, que le salen como dedos de todo el cuerpo. Yo quisiera ser eso. Eduardo Galeano, en entrevista radial: “Decime quién sos vos”, Noviembre 2010