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Mural Poesía al Viento

Foto: Dayana Obando

 

 

Poesía al viento

La Loma de la Cruz, todos los miércoles en la noche, se llena de versos gracias a Poesía al Viento. Espacio donde todas las personas, amantes de la literatura, se encuentran para recitar y escuchar poesía.

 

Por: J.S.F

Estudiante de Licenciatura en Literatura 

 

“Allí donde tiene esperanza el mundo ¡Allí donde el hombre no quiere sino ser hombre

En soledad y sin ningún Destino!”

Odysséas Elýtis

 

Es bien sabido que la poesía en esta ciudad tiene pocos adeptos. Incluso entre los mismos estudiantes de letras se cultiva poco. La mayoría, a mi parecer, la acusa de críptica, impenetrable, difícil de comprender, acaso aburrida. Una vez, en el transporte público, me encontré con un anciano que en voz alta recitaba poemas para todos los presentes, con la esperanza de recibir algunas monedas a cambio. Muchas personas alrededor se reían, otros simplemente desviaban la mirada haciendo tapones de música para no escuchar; la mayoría lo miraban como si estuviera loco. Quizá todas las personas dedicadas a la poesía tienen algo de locura en su interior.

En esto pienso mientras veo a Iván López, uno de los creadores de Poesía al Viento, espacio donde las personas, con deseos de escuchar y recitar poesía, se pueden encontrar. Iván llega con otro compañero, instalan su equipo, comienzan las pruebas de sonido: probando, probando, probando… uno, dos, tres, unos, dos, tres… En realidad no se escucha muy bien y la fuerte brisa ayuda poco.

El lugar de encuentro es la Loma de la Cruz, un miércoles en la noche. Hace mucho no iba a ese lugar. Al llegar soy recibido por un joven de mirada triste. Me invita, de repente, a ver su revista de poesía. Es una publicación nueva, lo veo por la fecha de publicación, sin embargo sus hojas se ven viejas, parecidas a esos antiguos comics que después de haber sido tocados por tantas manos comienzan a tornarse suaves. Me dice que la mire sin compromiso y eso hago. Varias fotografías y poemas conforman la revista. Luego de un momento veo a Iván, alistando todo para esa noche, le digo al joven de ojos tristes que no estoy interesado y con una sonrisa me dice: “No se preocupe, otro día será”.

“Poesía al viento empezó hace cuatro años por un amigo. Él me dijo que quería armar algo referente a la literatura aquí, en la Loma de la Cruz” dice Iván. Nos encontramos en uno de los extremos de la plaza, detrás de Iván un mural con diferentes rostros, entre ellos el de Gabriel García Márquez y Andrés Caicedo, “Ese mural se financió con un dinero que nos dio la encargada de la Loma. Un millón de pesos para ser exacto. Nos dijo que lo usáramos como quisiéramos. Desde el principio mi anhelo era hacer un mural. Claro, yo tuve que poner un poco más de dinero para reconocerle a las personas que lo pintaron, pero a mí eso no me importa”. 

 

Hace un momento he visto a Iván recitar un poema de Gonzalo Arango. La plaza central se encontraba casi desierta. Una pequeña familia y un vendedor de helados son su única audiencia. Me resulta curioso ver cómo el vendedor escucha atento cada frase del poema. Su mirada no se aleja de Iván y a medida que él lee, el vendedor permanece inmóvil. Es como si un hechizo lo tuviera atrapado. Iván termina y todo vuelve a la normalidad, el hombre de los helados agarra sus implementos y se aleja.

 “Consideramos que la ciudad necesita urgentemente espacios como este” dice Iván, mientras a lo lejos su compañero recita un poema que no conozco “Poesía al viento es un espacio donde escritores, poetas, ensayistas se pueden encontrar” aclara Iván  y continua “Desde hace cuatro años nos encontramos en la Loma, que nos parece un lugar muy lindo con esa brisa que baja de los farallones. Claro que ha habido problemas pero nosotros nos mantenemos firmes. Nada es impedimento para estar aquí, religiosamente, los miércoles”.

“En el 2012 tuvimos el concurso de poesía ´Escríbele a la mano negra´, en el cual contamos con el apoyo de varios poetas reconocidos y el cual fue muy bien recibido por toda la comunidad”. Me despido de Iván y me recuerda que todos los miércoles  a partir de las siete de la noche lo puedo encontrar en ese espacio, así llueva o truene. 

Después de alejarme, pienso en que he olvidado preguntarle el porqué del nombre “Poesía al viento”. Quizá sea por la brisa fresca que baja de los farallones e inunda la plaza o quizá sea porque son un grupo de gente que les recitan a pocas personas y a veces incluso a nadie; es como si su único espectador fuera el viento y con él se perdieran las palabras conscientes de que su elemento es el aire y a él vuelven. No dejo de pensar en la plaza vacía, en aquellos dos hombres y su pasión por la poesía.  

Escucho la voz de Iván, mientras desciendo la Loma de la cruz. A cada peldaño que bajo la intensidad disminuye hasta que ya es sólo un hilo llevado por el viento

−Bueno −dice− ahora les voy a recitar un poema de…