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Fundación Escénica Cali Teatro

 

PRESAGIANDO ANDO

 

 

 

El teatro del presagio

 

Una casa con niños que juegan

 

 

 

Por: Diego Fernando Montoya Serna       Licenciado en Arte Dramático

 

 

 

Teatro del presagio es un grupo de investigación, producción y creación de espectáculos de teatro contemporáneo, conformado por jóvenes profesionales, egresados y estudiantes de las escuelas de teatro de la ciudad.
Fundado en el año 2005, radicados en la ciudad de Cali, Colombia.

 

 

 

Este lugar, que hoy abre sus puertas, es un lugar contra el afán, un lugar para la vida. Y un lugar así, en cualquier sociedad moderna, debería estar prohibido. Es un peligro para el estado. Un lugar así tiene como principio la creación y el pensamiento, fundamentados en el ocio y el juego. Es decir que está en contravía de los principios de producción. ¿Producción de qué? De cosas útiles o inútiles pero rentables. Y el arte es una cosa inútil pero no rentable. Por lo menos no en los términos del mercado. Aunque ahora nos llamen industria cultural. Pero la naturaleza del teatro es la de lo frágil y lo efímero, no la de lo práctico. Es la de la confrontación no la del confort.

 

Entonces, para qué un teatro, para qué un espacio dedicado al juego, a lo inútil, a lo frágil y lo efímero. La respuesta es sencilla: la vida es más que esa cosa práctica de cada día, es más que el tránsito entre un deber y otro. La vida es más que la noción orgánica de sí misma. Estos sitios son importantes para que los seres humanos no sean esclavos.

 

El teatro es el lugar en el que el hombre, el ser humano, se encuentra con el hombre. Para contarse algo, para estremecerse con algo. Por eso el teatro no desparecerá, a pesar de los malos augurios que cada época trae, las censuras, las inquisiciones, los déspotas, las dictaduras, el cine, la televisión, la internet, porque los seres humanos necesitamos aunque sea por un instante mirarnos, escucharnos, profundizar, increparnos.

 

¿Qué características tiene entonces un espacio para la vida?

 

Tiene que ser un espacio abierto, los espacios cerrados no son transitados por los hombres sino por las sombras.

 

Tiene que ser un espacio en movimiento. Las cosas que se estancan se pudren, se oxidan, se deterioran.

 

Tiene que ser un espacio en relación con el mundo. Aquello que da la espalda a la realidad se vuelve ciego aunque tenga ojos.

 

Tiene que ser un espacio de encuentro. No somos una secta de iniciados que mira con desdén a una horda ignorante.

 

Tiene que ser un espacio para los niños, porque ellos nos recuerdan todo el tiempo el verdadero valor de la vida.

 

Tiene que ser un espacio de confrontación. Una sociedad sana no debe ser tolerante sino conviviente.

 

Tiene que ser un espacio para estar. El verdadero enemigo de nuestra época es el afán.

 

Este pretende ser un lugar así: no queremos una dinámica ocasional, de fin de semana, en la que eventualmente se programa. Queremos que este espacio sea un lugar en el que sucedan cosas, es decir que esté habitado, ojalá por niños, niños de todas las edades. Tenemos claro que este no es nuestro lugar, no tenemos ese sentido de posesión. Este es el lugar de los artistas y de los espectadores. Un sitio en el que el arte sea la prioridad y no la excepción. Queremos que siempre esté ocupado por bailarines, músicos, actores, poetas, que se encuentren con aquellos que quieran escapar pero no evadirse, que asuman la responsabilidad del silencio, de la pausa, del pensamiento.

 

Cada hora que un escenario está desocupado es una tragedia. Es un acto de corrupción. Ya hay tantos escenarios vacíos, retenidos por mercaderes y mercachifles que hacen la pose del artista pero que tienen la intención del burócrata. Esa es una irresponsabilidad, un crimen.

 

Por esta razón este espacio es importante para una agrupación como la nuestra, porque brinda ciertas garantías para la creación y la proyección. Porque permite optimizar el talento, los recursos, porque es un cuartel de batalla.

 

Algunos nos han señalado un camino de dificultades. Ese es un augurio sabido. ¿Cuándo no ha sido así? Tener sala es una cosa muy difícil, nos dicen. Evidentemente lo es, queremos comprenderlos. Es tan difícil como ser artista, como hacer teatro, como ser grupo, como montar obras, como intentar mantenerlas, producirlas, representarlas, como encontrar personas que vayan a verlas. Como mantenernos juntos a pesar de todo esto. Nosotros somos peritos en dificultades, podríamos hacer una clase magistral sobre el tema. Pero la dificultad no nos inmoviliza sino que nos motiva ¿No es el teatro, acaso, el arte de los conflictos? Y lo que aquí se señala no es la suma de las dificultades, sino el camino de las posibilidades, sobre todo para las nuevas generaciones que, inevitablemente, nos van convirtiendo en referente. Y esa es una preocupación constante: Qué ejemplo vamos a dar.

 

No sabemos hasta cuándo. Pero sí tenemos algo claro: Estos espacios hay que defenderlos, no por lo que significan para un grupo sino por su importancia para una ciudad. Hoy no se abre un espacio teatral más, hoy le hemos robado 800 metros cuadrados a la miseria. Hoy no se inaugura una sala, hoy le hemos metido un gol a la indiferencia, al olvido del estado. Porque el estado no se preocupa más por abrir espacios para la vida sino por cerrarlos, pues la vida tampoco es rentable, son más rentables los cementerios que los teatros. Al estado no le interesa la cultura, le importa el show, la distracción, pues un ciudadano distraído es fácil de engañar, de timar. Al estado le interesan las masas, no los individuos, el individuo piensa, la masa se contonea, es empujada por perros hacia los establos. Este no es un sitio para las masas, para las estadísticas, esos sitios los construye el estado con un doble propósito: figurar y controlar. Y nosotros no figuramos, a lo sumo somos figurantes. Y no controlamos: atizamos las brasas.

 

Esta es una casa con niños que juegan, y no importan los nombres de esos niños, lo importante es que en esta casa nunca más se deje de jugar.
Entonces empecemos el juego: que se levante el telón.

 

 

 


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