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Editorial

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Este es el señorial yacer del hombre

Este su verdadero y seguro declinar

Ir renunciando al mundo estrella por estrella

 

Ralph Waldo Emerson

 

Le llegó inesperada, como le suele llegar a los que viven distraídos con las bellas ideas del arte, con la música, con los poemas, pensando en el dilema de la vida. Lo sorprendió en silencio, como dice el verso del Anónimo Sevillano, que tanto le gustaba repetir a Borges y que fue lo último que una noche fría, en una esquina de Buenos Aires le escuchó a su amigo Henríquez Ureña: Oh, muerte ven callada como sueles venir en la saeta.

 

Y así fue no sólo para él, también para Cali, para cada uno de los que lo conocimos, porque en la mañana del lunes 19 de enero, recién iniciado el año, antes de que entráramos en el mundo de los recuerdos, de la nostalgia, antes de que algunos sintieran la soledad y otros la proximidad de la saeta, todos nos sorprendimos con la triste y mala noticia de la muerte de German Patiño, hombre representativo de nuestra comunidad, representativo a la manera como lo quería Ralph Waldo Emerson, porque German pensaba que la fuerza está en la acción y la acción es parte de la cultura.

 

Una sola cualidad deseo destacar de este hombre dialogante de grandes ideas y de pequeña estatura, de rostro a veces severo y de sonrisa sincera, quizás la cualidad que más me impresionaba: la persistencia.

Tengo grabado en mi computador un sinnúmero de textos que empezó a enviarme sobre literatura de autores afrocolombianos, después de una charla que tuve con él en noviembre del año pasado. Creo que en menos de ocho días me había inundado el mail con infinidad de textos de autores y reseñas escritas por él, y luego en dos meses, (puedo mostrar a quien desee) me llegaron día a día textos que él deseaba que yo leyera y todo por una discusión intelectual que un día había tenido con su amigo del alma Darío Henao, con quien tanto quería y a quien apreciaba y admiraba, pero con quien discutía en términos de una gran amistad intelectual.

 

Creo que esa era su pasión, la discusión de las ideas, por eso no sintió el silencio de la saeta, porque en ese largo trajinar había ido renunciando al mundo estrella por estrella y por eso logró ser ese hombre representativo ejemplo de las generaciones venideras.

 

 

 

 

Después de escuchar la agradable experiencia de los escritores que vivieron  la pasada Feria del libro celebrada a comienzos de este mes en Medellín, queda claro que en Cali la única actividad cultural bien mirada por el apoyo de la clase dirigente es la actividad masiva y fiestera. Para nadie es un secreto cuánto dinero se invierte en El Festival Petronio Álvarez, tampoco que el Festival mundial de salsa es apoyado por dineros salidos de la Administración, y no hay reproche ni objeción en ese apoyo, porque los dos festivales son actividades importantes, forman parte del entorno cultural de la región, de ahí nacen. También el Festival de danza clásica celebrada años tras año y organizado por Incolballet.

La pregunta que día a día se hace otro amplio y poderos sector de la cultura, el cual no es tenido en cuenta, es: ¿Por qué sí hay apoyo para ese tipo de expresión cultural, y no para la Feria del libro? Si ya Cali con el respaldo la Universidad del Valle y otros sectores, había constituido una tradición de doce años, tiempo en el que nos visitaron serios intelectuales, grandes escritores y artistas de muchos países a dialogar con el público culto de la ciudad. La respuesta rasga el velo y delata el tipo de interés que conduce al apoyo de las actividades masivas y populares, no es que la clase dirigente y política esté interesada en el folklore ni en la salsa música como fenómeno y expresión cultural, ni en darle un espacio al pueblo. No, el interés es netamente político, los administradores politiqueros de turno saben que ahí existe opinión popular a favor del apoyo, que esa  gestión en épocas de elecciones redunda en beneficios para los partidos, en simpatías para personajillos, que son bien miradas por los sectores populares y significan popularidad y votos.

Contraria a la Feria del libro, que por su carácter intelectual la participación es más reducida, su valor está en lo que significa para la región, para el mundo universitario, para millares de ciudadanos, profesionales en distintas áreas que leen y están a diario informados de la literatura, el ensayo y la ciencia, la tecnología. Pero ella no genera votos a favor de nadie, es más, el evento Feria del libro es un terreno árido para el político, su carácter y sus participantes le generan desconfianza, por la sencilla razón de que a la gente pensante es más difícil de manipular ideológicamente, porque el político es inferior al intelectual, es inferior no sólo en sus intereses espirituales, también en inteligencia, su mente se ha estacionado en la manipulación y en la minucia de la prebenda y el contrato, en los intereses electoreros, su mente no ha indagado los devenires de la inteligencia, por eso el apoyo a la Feria del libro debe provenir de alguien que aunque esté dentro de la administración también sea culto, tenga interés en el pensamiento, pero ambicionar eso en la Gobernación del Valle o en la Alcaldía de Cali es una contradicción en los términos, algo imposible de que suceda.
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