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Yuri Buenaventura: Sonero del Pacífico Africano (2)

 

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Yuri Buenaventura

 

Sonero del Pacífico Africano

 

Yuri Bedoya, es un vaguemio ilustre del puerto que llevamos en la sangre: Buenaventura. Allí dio sus primeros pasos antes de zarpar a Francia, donde experimentó la armonía de la vagancia, la bohemia y la academia. Con sus discos: “Herencia Africana”, “Yo Soy”, “Vagabundo”,” Salsa Dura”, y “ Cita con la luz”, escaló los peldaños necesarios para ser una figura de culto en Europa y África, un auténtico griot de la World Music.

 

 

 

Por: El Zudaca (Nómada urbano)

 

 

Cuenta Yuri, con su habitual desparpajo, que antes de nacer escuchaba los tambores con cuero de tatabro, en el barrio Viento Libre, de su puerto natal. Los cantos de adoración a la vida, impregnaban los primeros destellos cromáticos en el paisaje sonoro del hijo de don Manuel Bedoya, en 1967. Desde entonces no deja de respirar y sentir el aura ancestral de la madre África, que siempre reconoce cuando camina por las calles de Argelia y Túnez, o cuando se dirige a tocar en alguno de los palacios del rey Mohamed VI de Marruecos, en ese proyecto de vida trashumante que es leer a África, como un espíritu revelador que nunca fue esclavizado. Su música representa la dignidad de los excluidos, porque flores mágicas satelitan su existencia con el golpe de marea del litoral, y el duende de la libertad.

 

Yuri tiene 47 años, y como onda sonora, no tiene un lugar fijo de residencia, su espíritu circula entre Europa, África y América. Siempre viste como un gentleman latino, pero la esencia de la barriada y el conocimiento popular, sale a relucir, cuando escuchamos su oralidad de juglar afro pacífico en cualquier escenario. Este año fue condecorado en Francia con la Orden de las Artes y Letras en el grado de caballero, como reconocimiento a sus aportes a la cultura francesa y a su trayectoria musical, que obedece a una mixtura de sus raíces, su pensamiento e intelecto. Desde niño su padre, profesor de música y teatro le cultivó la pasión por las tablas, llevándolo a disfrutar de las funciones del TEC del maestro Enrique, donde descubre las fecundas relaciones entre la música y el teatro.

 

Con la omnipresencia del cununo crece escuchando a la Fania All Stars, Peregoyo y su combo Vacaná, cantos gregorianos, Pablo Milanés y Violeta Parra. Luego de prestar el servicio militar, a los 18 años decidió partir a Francia a estudiar en la Facultad de Ciencias Económicas de la Sorbona (París). Para ayudarse en los estudios, trabajó como ayudante en una cafetería, encontrándose de frente con una ciudad agresiva. Después, como a los tres meses comenzó a tocar el bongó en el metro, y poco a poco los tambores lo fueron alejando de las aulas. Yuri comenta estas experiencias en la megalópolis parisina: "Un día estaba tocando en el metro, y había africanos, árabes, europeos, y latinos en un vagón de 100 personas. Babylonia en un vagón. Cuando veo esa imagen dije aquí cualquier teoría económica laboral se cae. Francia no es la torre Eiffel, ni el Arco del Triunfo. Vengo de las entrañas de París, porque el metro vendría a ser las venas de la ciudad. Cantaba Guantanamera y La Negra Tomasa, esa era la escuela más brava. Los titiriteros iban en los vagones vacíos, y los músicos en los más llenos”.

 

Su destino de emigrante le sonríe cuando en su camino se cruza Camilo Azuquita, un cantante panameño que lo invita a ser parte de su orquesta. Luego de 4 años de trabajo conjunto, decide emprender su propia historia, como solista, tras cosechar un intenso aprendizaje musical que resume así: " De Camilo Azuquita aprendí elegancia y clase. Con Ernesto Puentes descubrí la belleza de una buena sección de metales, y el venezolano Orlando Poleo –quien me introdujo a los tambores– me dio la educación y comprensión de la cultura africana. "

 

Luego la historia que ya es conocida en Colombia, con una memorable versión de "Ne me quitte pass", composición original del belga Jacques Brel, sale del anonimato logrando una comunicación más directa con el público francés. Remy Kolpa Kapoul lo escuchó en una radio underground del París latino, mientras iba a bordo de un taxi, lo ubica en Colombia y luego lo relaciona con la casa disquera Mercury /Caracol, que por ese entonces participaba también de una emisora llamada Radio Latina. Yuri Buenaventura no sabía en un comienzo todo el significado de este tema para la sensibilidad de los franceses. Y las puertas de París se le abrieron, como las de otros países francoparlantes en África como Senegal y Malí.

 

La obra musical de Yuri reivindica el tono callejero de la salsa dura con el encanto de sus canciones, que narran las vivencias de cualquier ciudad de América Latina. Con sus líricas dignifica la vida de los inmigrantes, evoca a héroes africanos anticolonialistas como Patrice Lumumba, ofrenda el sol del minero y de los indígenas del Pacífico, la luna del pescador, el dios de las madres abatidas y los niños abandonados. Sonidos que disponen a la gente a bailar y a pensar, sobre las terribles condiciones de vida laboral de los corteros de caña en el Valle del Cauca, para cautivar a los melómanos con esa música que no engaña en tarima, porque visibiliza la historia de su pueblo, los desequilibrios sociales y el histórico olvido hacia la etnia afrodescendiente. Canciones que son mantras porque huelen a mar, a revolución desde el folklore urbano, porque como bien sentencia el Sonero de París: "Intento que mi música sea limpia. Si yo vuelo, voy siguiendo mi memoria, la que renació en mi tierra. El vuelo tiene que ser de ida y de regreso, tiene que volver a la raíz siempre".

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