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Gerardo Rivera: Perfil de un hombre iluminado por la naturaleza (2)

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Gerardo Rivera

 

Perfil de un hombre iluminado por la naturaleza

 

En el 2012 el premio nacional de poesía José Manuel Arango fue para el libro “Los Vinos del desterrado” de Gerardo Rivera. Sin embargo, esta no era la primera vez que este nombre sonó entre las letras colombianas. En 2005 obtuvo el premio Jorge Isaacs gracias a sus poemas recopilados en “Una nada cubierta de hojas”.

 

Por: Daniel Zapata Villa

 

Estudiante Lic. En Literatura

 

Los poemas de Gerardo Rivera se caracterizan por estar inmersos en la melancolía del pasado, en un ayer inalcanzable y distante. La última poesía de Rivera nos habla acerca del bosque, la lluvia, las piedras, las aguas, los ríos, los caminos. Sus letras ahondan en la naturaleza, su musa, con la cual convive a diario en una pequeña casa en medio de la selva.

 

El poeta es un hombre tan sorprendente como su poesía, esto lo pudimos notar en una entrevista que nos concedió, en la cual habló acerca de sus pensamientos, su inspiración y muchos temas más.

 

Al preguntarle por sus preferencias en cuanto a la poesía colombiana nos dijo lo siguiente.

 

“De los poetas colombianos… no me gusta mucho hacer listas, porque es muy peligroso hacer listas en un país donde hay tantos sicarios emplumados, es muy peligroso. Uno dice que le gusta este poeta y a muchos sicarios emplumados no les gusta. Prefieren que uno diga otra cosa y blablabla… es muy peligroso”.

 

Sin embargo, el poeta se arriesga y enlista algunos de sus poetas favoritos.

 

“Adoro a León De Greiff, para mi es el gran poeta y tuve oportunidad de verlo algunas veces cuando iba a Bogotá a la universidad y pasaba por el parque Santander. Y ahí estaba el viejo muy de mañana, no sé por qué se levantaba tan temprano. Siempre estaba organizando el cigarrillo Piel roja en su pitillera de ámbar. Vestido de negro con su barba, mirando siempre hacia el cielo, hacia arriba… como deben hacer los poetas, los poetas deben siempre mirar hacia la luz.

 

Un poeta que debemos sacar del desván de los olvidados es a Guillermo Valencia, es un gran mueble francés de terciopelo rojo, que está perdido y olvidado en un desván y creo que hay que sacarlo. Aurelio Arturo y últimamente William Ospina”.

 

Más adelante, hablamos un poco acerca del momento de la creación literaria y el poeta nos conto acerca de cómo se produce este fenómeno en él.

 

“Vivo completamente solo en un bosque… y en las noches siempre me despierto a la una y cuarto, una y media, todas las noches escribo, pero para escribir primero tengo que leer algo muy bueno, que me inspire, que me dé la chispa inicial y de ahí yo escribo la primera frase, que como ustedes saben, la primera frase está siendo dictada por dios, por la doncella, la musa y gracias a esa primera frase se va perfilando, se va dibujando una segunda frase, de pronto una tercera frase y cuando uno menos piensa tiene la mitad de un poema agarrado. De ahí en adelante es trabajar con esfuerzo, quitar cosas que no valgan la pena, volver a escribir, editar, volver a corregir… incluso quitar u olvidar esa primera frase”.

 

Además, al preguntarle por sus preferencias Gerardo Rivera nos dice que siente inclinaciones hacia “Los poetas franceses me gustan mucho, hay poetas ingleses maravillosos Keats… Borges me parece que fue muy bueno cuando fue ultraísta, cuando empezó a escribir dentro de la corriente del ultraísmo, pero ya los poemas rimados si no… me aburren profundamente los poetas modernistas los ado, ido, ido, ado. Los poemas con rima no me gustan, yo quiero que la poesía este completamente libre”.

 

El poeta prosiguió confesándonos cuáles son esas obras a las que siempre vuelve “Stephane Mallarme es el primero de todos, por ejemplo el poema “Herodías”, bellísimo… regreso siempre a “Una temporada en el infierno” de Arthur Rimbaud y a “Hojas de hierba” de Walt Whitman esos son”.

 

Finalizando hablamos un poco de sus primeras lecturas “A mí me gusta mucho recordar las lecturas que me hicieron feliz. Cuando yo era niño y aun adolecente entre por casualidad en el mundo maravilloso de Emilio Salgari, un autor italiano de novelas de aventuras para niños. Yo realmente estuve en aquellos países, en aquellas aventuras, estuve en aquellos barcos con aquellos piratas. Emilio Salgari me trasladó, me envió a un mundo nuevo maravilloso lleno de aventuras. Yo fui el Corsario negro, viví todas sus aventuras… la magia que la niñez concede a los escritores, lo tocan a uno profundamente ¿Quién no se ha sentido en una página de Julio Verne? Yo estuve en el centro de la tierra con Julio Verne, fui a la luna con él… después ya leí naturalmente a Walter Scott, fui Robín Hood, fui Ivanhoe y con el paso de los años, uno deja de leer literatura infantil y entra en otros escritores que igualmente nos impactan y nos hacen amarlos, por ejemplo Maupassant, más tarde Kafka, quien no entra totalmente en “El Proceso” o “El Castillo”, es un autor que está en uno y se queda en uno. Después uno lee a Faulkner, lee a los novelistas norteamericanos, a Proust, cualquier otro libro y cada vez que uno lee a uno de ellos crea un mundo nuevo un mundo distinto y una gran influencia, con todo es que se escribe la poesía”.

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