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Entre lo legal y lo cómodo: La piratería pide la palabra

 

 

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Entre lo legal y lo cómodo

La piratería pide la palabra

 

Existe un complejo entramado tras el transporte ‘pirata’ en Cali, las pugnas entre el tránsito y los transportadores ilegales tienen varios frentes para ser abordados,  el panorama dispuesto en esta ocasión es una invitación a conocer lo que  piensa un ‘pirata’, individuos estigmatizados que hallaron en la informalidad una opción de trabajo.

 

Por: Halder Moreno Pimentel

Estudiante de Licenciatura en Educación Básica con Énfasis en Ciencias Sociales

 

La ciudad une diferentes lenguajes y oficios en actividades aparentemente inconexas como la piratería. La pista, -propia de la aeronáutica -,35  libre con destino caerre, -propio del lenguaje de la seguridad privada, que a su vez lo retoma de las disciplinas castrenses-, 55 llevando unas cajitas, al cero. Toda una jerga en donde lo recurrente es el uso de códigos secretos, incomprensibles para el espectador lejano; para el usuario constante tal jerga se torna en parte de lo cotidiano, al punto de desconocer nombres pero reconocer códigos: “¿viene 40? yo mejor me voy con él”,  afirma una pasajera a la "operadora" del transporte ilegal, conocido genéricamente como pirata.

La "operadora," una mujer joven, con un radio Avantel en mano, "abre canal", pide reportes e informa el estado de las vías y los operativos de la Secretaría de Tránsito para poder evadirlos. Además, anuncia el recorrido de los vehículos. “Acá la cosa es que cada uno paga una cuota para seguridad y comunicación”. Seguridad: pago de sobornos, cuando es posible, o de trámites ante la Secretaria de Tránsito y Transporte. Comunicación: constancia de los "reportes" “para saber donde están los unitos o los ceritos" afirma la operadora. Unitos: guardas de Tránsito; ceritos: policías que no pueden más que revisar los papeles del auto y licencia y que no están autorizados para hacer comparendos.  

“Es que a nosotros nos tocó aprender las leyes del Tránsito y uno sabe que los tombos solo pueden pedir los papeles, pero nada más. Si acaso, si son muy lacras, llamar a los del Tránsito, pero nada más”.

Aunque todo no es tan ilegal e informal como podría creerse, al interior de cada grupo de operadores "piratas" existen una serie de códigos que de no cumplirse, condenan al móvil al lagarteo, la piratería de manera independiente, sin comunicación, ni protección del grupo.

 

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Ubicados en toda la ciudad hay Renault 12, Mazda 6, Sprint y algunas busetas nuevas dedicadas al pirateo. ¿Cómo se llegó a tal situación y por qué los usuarios defienden tal servicio si es ilegal y es arriesgado, según lo que manifiestan recurrentemente los funcionarios del Tránsito?

“Mire lo que pasa es que si uno se pone a ver, el MIO se demora una hora y veinte en llegar desde mi casa hasta acá -Unicentro-; la Río Cali, -empresa de buses que aún conserva una ruta que recorre la Avenida Ciudad de Cali hasta la Carrera Setenta con Pasoancho-, pasa cada cuaresma y piratas es lo que le pitan a uno a cada ratico. Sí, se paga más pero se viaja cómodo”.

La implementación del Masivo Integral de Occidente-MIO y el desmonte de las rutas de servicio urbano, generaron dos condiciones que han sido el caldo de cultivo y crecimiento del pirateo en Cali: la condición económica de quienes laboraban para las empresas de servicio urbano y quedaron desempleados y la movilidad de los pasajeros no habituados a disponer de más tiempo para recorridos que una buseta hacía en media hora o máximo cuarenta minutos.

 

 

“Es que la piratería ha dado trabajo: ¿mire no más en bodega 2 (Jardín Plaza, frente a la Estación del MIO Universidades), el comercio, ¿qué cree que lo mueve? las ventas de comida, minutos y todo eso, no es la gente que va pasando, es la gente que busca el pirata, que sabe que después de las once le cobran 3.000 por un recorrido que en taxi cuesta mas de 15 y los piratas porque ellos comen mucho, y llaman y todo eso”.

Tal situación de piratería no está restringida solamente a carros particulares. En la carrera 1 con calle 70 es habitual ver taxis que, transitando despacio, “pregonen” su recorrido: Simón Bolívar hasta la Clínica (Valle del Lilí); la Luna (Hotel Turístico la Luna, en la Autopista Suroriental con Calle Trece), el centro; este otro sector de la piratería es más escurridizo dado que se “esconden” en sus anuncios de taxi y no están organizados bajo la estructura de los “piratas," con operadores y seguridad como los carros particulares que prestan el servicio por las Avenidas Ciudad de Cali, Simón Bolívar, Guadalupe o desde otros lugares de la ciudad caracterizados por ofrecer muchos pasajeros que se niegan a lo tardío del recorrido en MIO y apoyan la piratería como transporte.

“Es que, ¿cómo le digo mire? uno acá de pronto llega a subir dos en la parte de adelante, eso es raro, siempre hay más gente que carros”, dice la operadora. Además, como refería un conductor de taxi que pirateaba: mire el MIO, va lleno; las busetas, van llenas; los piratas, vamos llenos. Es que aquí hay pasajeros para todo mundo y los guardas quieren sacarle partida a todo esto también porque ellos tienen carros trabajando en piratería pero, ¿quién le pone el cascabel al gato?

 

Llamado de contenido:

“Al interior de cada grupo de operadores "piratas" existen una serie de códigos que de no cumplirse, condenan al móvil al lagarteo, la piratería de manera independiente, sin comunicación, ni protección del grupo”.

 

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