Desepaz, el barrio donde la vida suena bonito

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Desepaz, el barrio donde la vida suena bonito

Yo tengo el mismo derecho de vivir

 

Desepaz ha logrado poco a poco cambiar el sonido de las balas por la música de los violines, la Salsa Choke y el Rap, es el sonido de la esperanza, la vida suena y siempre hay algo que escuchar

 

 

Por: Camilo Villa

Estudiante Lic. En Historia

 

 La modernidad nos cambió, obligó a hombres y mujeres a salir del campo para vivir en la ciudad, nos enseñó que cultura y civilización es vivir en espacios cerrados, respirar aire gris y caminar junto a una multitud en la cual nadie se conoce. La violencia también, nos enseñó que los que mandan son los que disparan más.

 

Cada barrio ha construido su propia historia con sus particularidades, aspectos y vivencias, unas con más sangre y lágrimas que otras. Todos aquellos que llegan a la ciudad anhelan hacer realidad sueños, tienen esperanzas, metas, tal vez las cumplan ellos, sus hijos o nietos. En fin el propósito es lograr lo idealizado, una utopía fantástica en la cual sufrimientos y penurias por las necesidades básicas no existan, que estas sean resueltas con simplemente cancelar saldo o pagar un recibo, que exista el dinero suficiente para pagar.

 

Desepaz, junto con decenas de barrios más de la ciudad de Santiago de Cali nace del sueño de muchos, de legalizar un terreno y de plantar allí su primer ladrillo. La proyección del barrio comenzó el 2 de septiembre de 1993, cuando la Presidencia de la República y la alcaldía de la ciudad entregaron miles de formularios para la reubicación de familias provenientes de sectores de riesgo y de invasión.

En Marzo de 1994 llegaron las primeras familias reubicadas de sectores en Petecuy, las personas habían sido desalojadas de sus invasiones, subían sus cosas en camiones y volquetas del municipio, incluyendo la madera y el techo de sus casas, así fueron trasladadas completamente hacia el lote donde edificarían su hogar y se instalarían definitivamente.

 

Este proyecto se llevó a cabo mediante intervención tanto del sector público como del privado, en ese entonces Invicali se encargó de la intervención y creo los mecanismos necesarios para infraestructura y urbanización, como el caso de la construcción de la calle 121 y la carrera 25 en el oriente de la ciudad, además el gobierno asignó los subsidios familiares a cada hogar beneficiario, junto con esto se desarrollaron programas de urbanización de viviendas de interés social para personas de escasos recursos y trabajadores afiliados a cajas de compensación familiar del municipio.

 

A medida que el barrio crecía llegaron personas provenientes de varios sectores de la ciudad, principalmente de barrios como las Orquídeas, el Poblado, Petecuy, El Retiro, El Vallado, entre otros, eran del oriente de la ciudad y del distrito de Aguablanca. Obreros, secretarias, policías, conductores del transporte público, empleados de almacenes, entre muchos otros, veían materializados sus sueños de tener vivienda propia.

 

La consolidación del barrio fue difícil, al igual que la de muchos sectores en crecimiento de la ciudad, el obtener los recursos básicos necesarios para la subsistencia fue una lucha constante, en los inicios se bebía agua de pozos subterráneos, la energía sufría cortes frecuentes, las vías no eran las mejores y las empresas del transporte público de ese entonces se batían por transportar a los habitantes del sector con la oferta de múltiples rutas como la Decepaz 3 o 4, la Azul Plateada 1 o 2, la Alfonso López 3, 5 0 6, la Gris San Fernando 7, entre otras.

 

Para entrar a Desepaz hace unos años atrás se cruzaba Andrés Sanín debía de pasar por una estrecha vía sin pavimentar, la cual se tornaba extremadamente horrible en horas pico, decenas de buses y colectivos del servicio público compitiendo en las grandes avenidas de la ciudad para transportar a las personas, conductores en franca lucha por ganarse algunos centavos de más, ingresar en aquel angosto camino para entrar al barrio.

 

Lo primero que se veía al entrar al barrio hace unos 9 o 10 años atrás era el colegio Compartir, las enormes torres de energía de la subestación eléctrica, un par de giros e ingresabas al barrio, las canchas de tejo, las casas de la Urbanización Compartir y el barrio, hacia un costado el eterno Jarillón del Rio Cauca y una calle después de este las casas, que poco a poco iban pasando de la madera y los tejados de Eternit al ladrillo y el concreto.

 

El barrio se ha caracterizado por ser agitado, movido, inquieto, el día a día entre los buses, el ruido de la gente, los almacenes y supermercados de los cuales se puede conseguir mucho por bajos precios, desde negocios en los cuales se puede comprar con solo quinientos o mil pesos en adelante hasta ropa de marcas y precios variados, alimentos, bebidas, e inclusive las famosas “compraventas”, las cuales funcionan las 24 horas del día, solucionando problemas financieros en cualquier momento.

 

Decenas de Jeep Willis se toman las calles a diario, jóvenes y adultos transportando personas hacia la Avenida Ciudad de Cali, o hacia sectores como los Mangos, la Casona, Cuatro Esquinas, la Carrera Octava, entre otros. Viajar en un “jeep”, “guala”, como son conocidos popularmente es para algunos una viable solo en caso de urgencia o por la ultima necesidad, para otros es la única forma de desplazarse hacia sus sitios de trabajo, ocupándose en oficios diarios como el de vendedor ambulante, albañil, ayudante de construcción, o cualquier forma que ayude hacia la subsistencia diaria.

 

El viaje en estos puede ser no muy placentero cuando te toca de pie en la parte trasera del jeep y más si esta se encuentra colmada de personas que intentan sostenerse de donde puedan para poder transportarse.

 

Al barrio se le han adjudicado adjetivos y categorías como las de inseguro, peligroso y “caliente”, transitar por ciertos sectores es riesgoso, los robos son constantes y los muertos frecuentes. La vida en Desepaz no ha sido fácil, han habido momentos donde la violencia y la delincuencia se toman las calles y la existencia de una estación de policía a tan solo un par de cuadras no es suficiente en muchos casos para mitigar el crimen, pero esta situación no única en este sector, la diferencia con otros barrios es que Desepaz ha logrado sortear sus fenómenos negativos.

 

Pese a que aún hoy las ideas las ideas negativas en torno a él barrio existan, se han presentado cambios positivos gracias a la existencia y el trabajo de jóvenes como los de la orquesta sinfónica de la Escuela de Música Desepaz Comuna 21 o el talento de personajes como Big Popa, músico, un caleño “gordo y de mucho sabor” que se convirtió en ídolo del barrio al participar en el reality show de RCN “Colombia Tiene Talento”, Big Popa, representante del genero urbano se puso de moda hacia mediados del 2012 con su tema: “Toy Gordo”.

 

Al menos una generación ha crecido en el barrio desde sus primeros años, jóvenes hijos de familias migrantes los cuales han sorteado las dificultades y han logrado salir adelante gracias al apoyo de sus familias, han podido ingresar a universidades, institutos técnicos y conseguir buenos puestos de trabajo, no son la mayoría, pero esto destaca un cambio notorio en el barrio, también es de destacar la cifra de hombres y mujeres obreros de las múltiples empresas de la ciudad y sus alrededores, los cuales día tras día dependiendo del turno asignado en su lugar de trabajo, salen al amanecer o al anochecer a esperar la ruta que los lleva hacia el sitio de trabajo.

 

La sonoridad está siempre presente en el barrio, géneros que varían entre las salsas de los clásicos soneros de los años 70s, los románticos de los 90s y el urbano conocido como “Salsa Choke”, este último popularizado de tal manera que se ha convertido en el ritmo del diario vivir entre jóvenes y adultos donde cada fin de semana se convierte en una verdadera rumba, un movimiento de cadera constante que va desde medianoche hasta altas horas de la madrugada o sino hasta el día siguiente.

 

Además de las rumbas de cada ocho días de jóvenes y pelados adictos a la salsa urbana, no faltan los vecinos con sus enormes parlantes y equipos de sonido escuchando música a altos volúmenes, verbenas, juegos y animadas charlas entre vecinos y amigos tomándose unas cuantas cervezas. Un fin de semana en el barrio es animado, vistoso, los vecinos salen a intercambiar algún diálogo junto a una Poker helada, a verse el partido del fin de semana, las señoras entre chisme y rumor sobre el acontecimiento de moda del barrio, el juego de futbol los domingos y la rumba en la casa de algún amigo o vecino, o simplemente en la calle, no hay policía u órgano de control que se encargue de regular los altos niveles de ruido o el consumo de alcohol, por ende no faltan los pleitos entre vecinos

 

El barrio ha cambiado, aunque las dinámicas entre las personas y las rumbas de cada fin de semana pervivan, ha experimentado un proceso de renovación, beneficiando a algunos y afectando a la mayoría, la salida de la mayoría de rutas del sistema de transporte tradicional y la sustitución por las rutas del MIO, cambios en la administración, la pervivencia de la delincuencia y las dinámicas de violencia, a pesar de ello, presenta cambios positivos, se han solucionado necesidades básicas de extrema urgencia y a pasos lentos se piensa hacia futuro, las personas, a pesar de todo han logrado plantearse sus propias dinámicas y adaptarse a las imposiciones de la administración local, y en ese proceso de resistencia y adaptación han logrado aprender a vivir y convivir.