Escritor Invitado

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La eterna sonrisa de Óscar Collazos.
Foto: Yomaira Grandett.

 

 

Óscar Collazos

Baúl de mago

 

 

A las 6 de la tarde, cuando la jaula de la democracia no sesiona, las oraciones y las campanas de la catedral cesan, sellos, bultos de papeles contra el suelo en la guarida de la justicia callan, y han recogido las banderas; el gris de plomo viejo del cielo de Bogotá D. C. arropa el ánimo. La plaza de Bolívar cubierta de porquería y plumones de palomas

Por: Roberto Burgos Cantor

Escritor

 

 

En ese espacio desangelado hablábamos con Germán Espinosa de la ida de Óscar Collazos para Cartagena de Indias. Nos confió que requería alejarse de los inacabables almuerzos santafereños y los interminables cocteles. Sus rituales decadentes, con los años, eran insoportables.

Cuando Óscar viajó nos dijo a Eligio García Márquez y a mí, que se adelantaba para cuidarnos el puesto. Y la verdad es que se integró a la vida cartagenera con el entusiasmo de un muchacho. Retornó pronto a la tiranía de escritor; afinó su virtud de polemista; y entre la universidad del Norte y la Tecnológica de Bolívar, descubrieron sus talentos de docente.

Nos encontrábamos en los seminarios internacionales del Caribe. Alfonso Múnera nos invitaba, con Rómulo Bustos, a leer inéditos, la obra en marcha. Así conocimos Rencor y Tierra quemada, dos espléndidas novelas.

 

Invitado TIERRA QUEMADA  Invitado BALLENA VARADA Invitado BATALLAS EN EL MONTE Invitado EL PODER PARA QUIEN Invitado EN LA LAGUNA Invitado LA SOLEDAD Y LA GLORIA

Portadas obras de Óscar Collazos. Fotos: Tomadas de Internet. 

 

Eligio, cada domingo de nuestra amistad me preguntó: ¿cuándo nos vamos para Cartagena de Indias? Y agregaba el ejemplo de Collazos.

Yo hacía trampas, le contestaba que en la cangrejera sobreviven mejor los caracoles ermitaños, los que no nacieron allá. Y me moría de ausencia.

Sin guías, pronto hizo amigos entrañables, Alberto Abello, Pedro Luis Mogollón, Gustavo Tatis, María Elsa Ábaco, el teatrero permanente y barman de ocasión, don Eparquio Vega. Me retaba a descubrir el lugar de la mejor sopa de mondongo. Por supuesto ya la había probado con nuestro goloso ilustrado, Lácides Moreno Blanco. Y mantenía trato con Pedro Medrano, importador de licores y comentarista adivino de las series mundiales de béisbol.

 

 

 

 

 

Se hizo un experto en el noble rincón de mis abuelos y aportó a la vida local el elemento crítico, acompañado de Héctor Hernández Ayazo. Participó en la mayoría de los debates sobre elecciones y alcaldes, obras públicas, la contratación sin objeto distinto al enriquecimiento ilícito.

Cuidaba la relación de los humildes orgullosos con el azar: jugar la lotería. Sin embargo, contrariando las leyes de la suerte, el azar le trajo el amor. En la mejor tradición literaria lo halló en una librería. Al amparo de Jimena Rojas se quedó en la estación Cartagena de Indias, como los cristianos viejos, con amor, amigos, un notario, un médico, un cura. Escribía una novela y unas memorias cuando lo sorprendió el final de partida.

 

 

 

 


 

 

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Durante la presentación en Cartagena de su novela 'Rencor'. Foto: www.eluniversal.com

 

Guía para el buen turista

Rencor de Óscar Collazos

 

La novela de Óscar Collazos es un viaje a la Cartagena profunda, al Nelson Mandela, donde barrios pobres y miserables, son la Ciudad de Dios de la bella, coqueta e histórica ciudad. Pero el poblado de negros de Cartagena que lleva el nombre del líder histórico del continente negro africano, es un Apartheid que provoca la indignación; es un territorio de ignominia, un cercado de negros, un conglomerado para hacinar a los miles de perseguidos y víctimas de las violencias de los paraestados en Sucre, Córdoba, Bolívar, en fin, de distintos confines. Son familias sobrevivientes, amputadas por la muerte del padre o de los hijos, o de algún pariente. Esta es la ciudad del establecimiento político y económico y lugar favorito de los convites señor presidente.

 

Por: Ricardo Sánchez Ángel

Doctor en Historia. Profesor Universidad Nacional de Colombia

 

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Portada novela Rencor de Óscar collazos Foto: http://nebraska.mercadoshops.com

 

Es un lugar de llegada de la diáspora interna, del éxodo, pero sin un Moisés y sin ser pueblo elegido, más bien despreciado por los poderes. Son trabajadores, campesinos, indios, mestizos y negros. En las distintas ciudades que es Cartagena, el Nelson Mandela se erige como una vergüenza para el país. Un conglomerado del cual se habla en informes oficiales, en notas de periódico; una bruma que no se despeja para asumirla. Lo que hace de la Cartagena turística una ciudad maquillada frívolamente.

En Rencor se novela la miseria a través de la saga de Keyla y su familia que toman existencia real, individualizada. Keyla, creación del escritor, es una muchacha común en el Nelson Mandela, bella, espigada, generosa y solidaria con los suyos, sobre la que se descarga el acoso y la violación del padre, en una secuencia de dolor y asco, de alcoholismo y droga. La frase con que comienza la novela señala el sentimiento que mueve a Keyla en relación a su papá: “QUERÍA matarlo, siempre pensé que quería matarlo.”

El mundo de los negros, niños, jóvenes, en curso de delincuentes, de madres titánicas y de padres desmoralizados, apabullados por el desempleo, la muerte que los ronda, adquiere vida cuotidiana en una lograda complejidad de situaciones, diálogos, descripciones, haciendo uso de un rico lenguaje popular.

Me parece que esta novela va más allá de narrar la pobreza y la miseria, la humillación y la ofensa, el Apartheid, para encontrar y recuperar lo popular, y con ello, lo solidario, lo alegre, la presencia en dura resistencia de la dignidad de estas condenadas de la tierra. Sus valores y tradiciones no logran ser destruidos, se debilitan e invisibilizan para tomar nuevas decisiones de vida.

Keyla, que se autoapellida Rencor, concentra toda la fortaleza, las ganas de soñar, de mantener la esperanza, en una situación de desespero, miedo y drama familiar. La intensidad dramática de la ‘novela familiar’ que entrelaza la existencia de Keyla se resuelve con fineza poética, con el sentimiento de una literatura moral que combate del lado de los humillados y ofendidos.

Óscar Collazos es un creador de caracteres humanos y de ello da muestra en su ya prolija obra literaria, pero ninguno es más logrado, por exquisito en lo triste y bello en lo humano, que Keyla Rencor, la protagonista. Nuestras infantas negras, pobres, berracas, tienen vida literaria digna, irrumpen con biografía propia en esta novela.

Llevada a la prostitución callejera, a ser tomada como querida (una institución de compra de mujeres por los ricos de la ciudad), Keyla escoge la aventura del amor, de uno de los suyos: Fercho, convertido en delincuente. Prostitución y delincuencia las opciones ofrecidas a la juventud en el Nelson Mandela.

Una tan delicada obra como esta requiere talento literario y habilidad narrativa, además de mirada de sociólogo y antropólogo, trabajo de etnografía, con permanencia en el escenario de la novela.

El mundo de la violación y la prostitución es despiadado y transgresor de la dignidad y la sexualidad. Es lo sagrado de la reproducción y el placer lo que es abusado en los rituales de la depravación. Mercado del cuerpo, tráfico sexual, mercancía de los afectos; Óscar Collazos no moraliza, narra la belleza del cuerpo y de los juegos eróticos sin vulgaridad y con el encanto que mueve la belleza de Keyla.

Novela de mujeres, con Keyla en el centro de los personajes, ofrece al rencor no la alternativa de la venganza sino de la resignación.

El final cinematográfico, a lo Bonnie and Clyde, gradúa a la protagonista de delincuente, encarcelada por disparar en defensa de su amado Fercho, en una situación que recreada por ella, resulta divertido.

La ciudad que históricamente ha ido tejiendo progreso y abandono, tradición libertaria y estulticia de sus estamentos directivos parásitos, se erige de una manera realista y magnífica en Rencor. Es el imaginario del mayor orgullo urbano, que Óscar Collazos ubica en espacios claves de calles, plazas, muelles, cafés, avenidas, del cual forma parte nuestra más secreta vergüenza, los barrios del olvido donde se aposenta el desprecio racial.

La ciudad, ha sugerido Walter Benjamin, es el lugar donde podemos leer como los desheredados son excluidos en forma permanente hacia la marginalidad. Rencor es ese libro de ciudad.