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Durante la presentación en Cartagena de su novela 'Rencor'. Foto: www.eluniversal.com

 

Guía para el buen turista

Rencor de Óscar Collazos

 

La novela de Óscar Collazos es un viaje a la Cartagena profunda, al Nelson Mandela, donde barrios pobres y miserables, son la Ciudad de Dios de la bella, coqueta e histórica ciudad. Pero el poblado de negros de Cartagena que lleva el nombre del líder histórico del continente negro africano, es un Apartheid que provoca la indignación; es un territorio de ignominia, un cercado de negros, un conglomerado para hacinar a los miles de perseguidos y víctimas de las violencias de los paraestados en Sucre, Córdoba, Bolívar, en fin, de distintos confines. Son familias sobrevivientes, amputadas por la muerte del padre o de los hijos, o de algún pariente. Esta es la ciudad del establecimiento político y económico y lugar favorito de los convites señor presidente.

 

Por: Ricardo Sánchez Ángel

Doctor en Historia. Profesor Universidad Nacional de Colombia

 

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Portada novela Rencor de Óscar collazos Foto: http://nebraska.mercadoshops.com

 

Es un lugar de llegada de la diáspora interna, del éxodo, pero sin un Moisés y sin ser pueblo elegido, más bien despreciado por los poderes. Son trabajadores, campesinos, indios, mestizos y negros. En las distintas ciudades que es Cartagena, el Nelson Mandela se erige como una vergüenza para el país. Un conglomerado del cual se habla en informes oficiales, en notas de periódico; una bruma que no se despeja para asumirla. Lo que hace de la Cartagena turística una ciudad maquillada frívolamente.

En Rencor se novela la miseria a través de la saga de Keyla y su familia que toman existencia real, individualizada. Keyla, creación del escritor, es una muchacha común en el Nelson Mandela, bella, espigada, generosa y solidaria con los suyos, sobre la que se descarga el acoso y la violación del padre, en una secuencia de dolor y asco, de alcoholismo y droga. La frase con que comienza la novela señala el sentimiento que mueve a Keyla en relación a su papá: “QUERÍA matarlo, siempre pensé que quería matarlo.”

El mundo de los negros, niños, jóvenes, en curso de delincuentes, de madres titánicas y de padres desmoralizados, apabullados por el desempleo, la muerte que los ronda, adquiere vida cuotidiana en una lograda complejidad de situaciones, diálogos, descripciones, haciendo uso de un rico lenguaje popular.

Me parece que esta novela va más allá de narrar la pobreza y la miseria, la humillación y la ofensa, el Apartheid, para encontrar y recuperar lo popular, y con ello, lo solidario, lo alegre, la presencia en dura resistencia de la dignidad de estas condenadas de la tierra. Sus valores y tradiciones no logran ser destruidos, se debilitan e invisibilizan para tomar nuevas decisiones de vida.

Keyla, que se autoapellida Rencor, concentra toda la fortaleza, las ganas de soñar, de mantener la esperanza, en una situación de desespero, miedo y drama familiar. La intensidad dramática de la ‘novela familiar’ que entrelaza la existencia de Keyla se resuelve con fineza poética, con el sentimiento de una literatura moral que combate del lado de los humillados y ofendidos.

Óscar Collazos es un creador de caracteres humanos y de ello da muestra en su ya prolija obra literaria, pero ninguno es más logrado, por exquisito en lo triste y bello en lo humano, que Keyla Rencor, la protagonista. Nuestras infantas negras, pobres, berracas, tienen vida literaria digna, irrumpen con biografía propia en esta novela.

Llevada a la prostitución callejera, a ser tomada como querida (una institución de compra de mujeres por los ricos de la ciudad), Keyla escoge la aventura del amor, de uno de los suyos: Fercho, convertido en delincuente. Prostitución y delincuencia las opciones ofrecidas a la juventud en el Nelson Mandela.

Una tan delicada obra como esta requiere talento literario y habilidad narrativa, además de mirada de sociólogo y antropólogo, trabajo de etnografía, con permanencia en el escenario de la novela.

El mundo de la violación y la prostitución es despiadado y transgresor de la dignidad y la sexualidad. Es lo sagrado de la reproducción y el placer lo que es abusado en los rituales de la depravación. Mercado del cuerpo, tráfico sexual, mercancía de los afectos; Óscar Collazos no moraliza, narra la belleza del cuerpo y de los juegos eróticos sin vulgaridad y con el encanto que mueve la belleza de Keyla.

Novela de mujeres, con Keyla en el centro de los personajes, ofrece al rencor no la alternativa de la venganza sino de la resignación.

El final cinematográfico, a lo Bonnie and Clyde, gradúa a la protagonista de delincuente, encarcelada por disparar en defensa de su amado Fercho, en una situación que recreada por ella, resulta divertido.

La ciudad que históricamente ha ido tejiendo progreso y abandono, tradición libertaria y estulticia de sus estamentos directivos parásitos, se erige de una manera realista y magnífica en Rencor. Es el imaginario del mayor orgullo urbano, que Óscar Collazos ubica en espacios claves de calles, plazas, muelles, cafés, avenidas, del cual forma parte nuestra más secreta vergüenza, los barrios del olvido donde se aposenta el desprecio racial.

La ciudad, ha sugerido Walter Benjamin, es el lugar donde podemos leer como los desheredados son excluidos en forma permanente hacia la marginalidad. Rencor es ese libro de ciudad.

 

 

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