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Buenaventura: Memorias de una resistencia pacífica

 

 

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 Buenaventura

 

Memorias de una resistencia pacífica

 

Yo por lo menos diré,  que todo lo que he vivido

y todo lo que ha pasado de la violencia,

no quisiera que volviera a pasar nunca más,

tengo doce años de estar viviéndolo

 y yo ya no quisiera sufrir más.

 (Luz A. Camacho – Víctima)

 

Por: Fredy Prado Gutiérrez

Estudiante de Lic. en Literatura


De cara a un inmenso mar como mirando a lo lejos un mañana posible, Buenaventura se debate entre la resistencia y la zozobra de su propio drama. Gente cansada del infortunado peso de su historia busca legar un testimonio de lucha sin olvidos, para hacer frente a los flagelos y la sangre que entristecen su pueblo. Sin importar perpetradores o la dimensión de su tragedia, la esperanza de los bonaverenses sobrevive como la luz en el horizonte de su vasto mar; por ello, el pasado 9 de abril el Puerto se congregó en el marco del Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas.


Con su característica sonoridad se encontraron en el Festival Incluyente: Memorias de una Resistencia Pacífica, organizado por el Centro de Memoria Histórica (CMH), la Mesa Departamental de Víctimas, la Pastoral Social de Buenaventura, el Servicio Jesuita de Refugiados y la Pastoral Afrocolombiana; tres días de acercamiento y diálogo en mesas de socialización, prácticas religiosas, folclor, arte, música, actividades de denuncia, exposición de casos y reflexiones en torno a la no repetición de lo padecido.

 

Por qué Buenaventura


En Colombia más de cuatro generaciones han padecido el mismo contexto: vulneración de derechos humanos en un conflicto armado incesante que golpea a la población menos favorecida. Por eso el CMH, institución estatal que tiene como objeto reunir y recuperar el material documental de tales hechos para reconstruirlos desde las víctimas, ha puesto el foco en esta región. La crisis humanitaria de los bonaverenses, su papel entre múltiples pugnas, su estado de indefensión y la pobreza en medio de una opulenta economía no reflejada en sus condiciones de vida, son los desoladores vientos que atizan la exigencia de un compromiso férreo desde las instituciones y la sociedad civil.


“Los registros de violencia documentados son perturbadores” aseguró durante el encuentro Gonzalo Sánchez, Director del CMH. No es para menos, según su informe: entre febrero del 2005 y 2009 fueron perpetuadas 32 masacres; entre 1980 y 2012 se cometieron más de 1.700 asesinatos; el desplazamiento forzado como producto del conflicto armado dejó cerca de 80 mil víctimas entre 1997 y 2010, además de la larga lista de desaparecidos.


Buenaventura se concentró entre el 8 y 10 de abril con la convicción expresa de estar construyendo una senda para la no repetición, denunciando las injusticias y la violencia acaecida, pero sobre todo para romper la indiferencia. La visibilización de su problemática y ser reconocidos en la dimensión de lo que está sucediendo fue su principal exigencia, para así evitar equívocos en el modo de enfrentar las soluciones posibles.

 

Memoria Histórica ¿retórica o proceso?

 

La ley 1448 de 2011 tiene por objeto establecer un conjunto de medidas judiciales, administrativas, sociales y económicas en beneficio de las personas que han sufrido daño  a partir del 10 de enero de 1985 en ocasión del conflicto armado interno. Siendo ésta un marco de justicia para hacer efectivo el goce del derecho a la verdad, justicia y reparación con garantía de no repetición, emana entonces una conceptualización propia de la Memoria Histórica. Teniendo en cuenta su empleo en tal contexto de guerra ¿Qué buscan las víctimas con la reconstrucción de su Memoria Histórica? La Memoria campo de la construcción de la identidad colectiva, es el hilo que vincula presente y futuro con nuestros ancestros, permite decir quiénes somos; pero a la vez –en el contexto de las víctimas– es exposición para que otros sectores se enteren de la sevicia y la crueldad sufrida, y así tocar la indiferencia.


La reconstrucción de la Memoria Histórica de los bonaverenses es la oportunidad de conectar un país con su realidad en ocasiones oculta tras la desinformación y la desidia, es una manera de ganar solidaridades para su causa. “Hacemos Memoria para confrontar otras Memorias”, explicó María Emma Wills, Politóloga asesora de la Dirección del CMH, puntualizando en la necesidad de poner la voz de las víctimas para sí mismas y para otros, para ser escuchadas y validar sus versiones mediante su propio tejido narrativo, “porque si no serán los victimarios quienes cuenten la historia”, aseveró la politóloga.


Este Festival Incluyente fue escenario para pedir dignidad para las víctimas, quienes sentenciaron que la Memoria Histórica no se puede quedar en simple discurso, en retórica vacía o proceso sin trato digno. Por eso usaron este encuentro de resistencias para exigir al Estado protección como garante de sus Derechos Humanos, a la vez advirtieron estar en un estado social de derecho que en la realidad le está dando prioridad al capital y no a los flagelos de su gente.

 


 

 

Quién responde y por qué situaciones responde


El calor, como un abrazo de realidad, aprieta el cuerpo de quien recorre en la noche los victimizados barrios bonaverenses. Adentrarse en ellos es ir al encuentro del testimonio dibujado en la mirada de sus residentes; otear cómo se desconfía en los pasos del extraño; toparse jóvenes estacionados en las esquinas, persuadidos a negativas prácticas; evitar rostros fruncidos –tal vez rencores o tristezas latentes–; enmudecer ante sus casas, mezcla entre lo autóctono y la carencia; metaforizar sus enérgicos niños correteando con la demanda de un mejor mañana agitada desde su inocencia; ritmarse con su música gritada por mayúsculos parlantes; es descifrar en el tableteo de su dominó el repetido congregar mientras el cambio parece inmóvil.


En el conflicto los habitantes de estos barrios han perdido sus propias calles
, muchos –de baja mar– son un camino estratégico utilizado por el narcotráfico para sacar su mercancía al océano. Esto se ha traducido en desapariciones, niños y jóvenes reclutados, oscuros lugares para descuartizamiento; conflictos que se entrecruzan, luchas por territorios en barrios tomados por organizaciones armadas; y disputas por recursos estatales que se mueven en el puerto debido a los procesos de libre comercio. Por ello Buenaventura es un territorio codiciado, en disputa y violentado por muchos actores.


Para sus víctimas su situación no es sólo sumar cifras a las estadísticas de guerra de nuestro país, es hacer parte de un conflicto aportando los muertos, es haber pasado de hijo a huérfano, de esposa a viuda, de comunidad a destierro, de ciudadano a blanco militar; una dinámica en medio de su alta tasa de pobreza (60%) desempleo (80%). Por eso, aferrados a la esperanza
un tanto desconfiados en la intervención estatal en su proceso de reconstrucción de Memoria, buscan cambiar el curso de la historia que les ha tocado vivir. Piden al Gobierno, no sólo reconocer sus errores, sino también un actuar diligente y digno para con ellos; mediante 36 organizaciones asociadas como Mesa Departamental de Víctimas ejercen presión para recuperar sus espacios arrebatados por grupos armados; y hacen visible su historia en procura de la no repetición de los actos que generan su constante duelo.

 

En el marco del evento, las víctimas salieron a sus calles para marchar con velas para recuperar la noche, rememorar a sus muertos y manifestarse ante los toques de queda impuestos por sus agentes de violencia; frente al mar, en un ejercicio cultural (música, danza, declamación, oralidad y teatro) presentaron sus experiencias y propuestas, sus ejercicios de Memoria, pero ante todo su valor, elemento vital de su resistencia. En los conversatorios se dejó clara la posición desde las víctimas: prohibido olvidar, para así lograr verdaderos procesos de reparación, los cuales deben empezar por reconocer a las víctimas como sujetos de derecho, no sólo desde el discurso, sino desde la práctica, en su cotidianidad; de lo contrario la historia continuará inmutable y la revictimización será el capítulo siguiente de su pueblo. Por eso como una dinámica de dignificación Buenaventura le apuesta a la reconstrucción de su Memoria, consciente de su momento histórico se dice a sí misma, como lo señaló una de las víctimas recordando a Benedetti y su Hombre preso que mira a su hijo, “Llorá, pero no olvides”.

 

 

 

 


 

 

 

 

Un público satisfecho por las claras y apropiadas ponencias es el resultado de cuatro jornadas de argumentación y debate. Un importante ejercicio que posibilitó poner a la luz los cuatro siglos de las Novelas Ejemplares, lecturas actualizadas y la mezcla de disciplinas; cruces interesantes para ampliar públicos y la comprensión de un autor con merecido reconocimiento, quien con su obra marcó el 23 de abril como el Día de la Lengua, el día de Cervantes; pero que enfrenta dificultades de comprensión por su lenguaje. Combatir esto es el oficio de estos encuentros.Un universo dialógico

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