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Jairo Varela, desde el Atrato para el mundo La semilla salsera de la madre patria

 

homenaje

   

Jairo Varela, desde el Atrato para el mundo

La semilla salsera de la madre patria

 

Jorge Isaac Rodríguez Martínez, artesano de hombres dignos de Dios  con armonías salseras a través de la música hecha sueños, la  música es mi vida y mi vida es la música.


Rene Alejandro Salazar Jiménez

Estudiante de Licenciatura en Literatura


Hablar de Jairo Varela es nombrar a uno de los más grandes íconos de la tradición salsera de Colombia y del mundo entero. En este caso la referencia del maestro Varela, gestor del Grupo Niche estará vinculada con la vida del joven clérigo oriundo de Santalla del Bierzo, población al norte de España, Jorge Isaac Rodríguez Martínez. Este clérigo llegó a la ciudad de Quibdó, en el departamento de Chocó, a prolongar la labor de su antecesor Antonio Maria Claret, quien había logrado a través de la instrucción musical transformar la representación de la vida de cientos de jóvenes cuyo futuro era más que fortuito debido a los entornos difíciles que forjan la miseria y la discriminación.


El sacerdote Rodríguez Martínez, extraño para muchos en Colombia y sus periferias  enseñó música en la catedral de la capital chocoana, particularmente  religiosa, entre otros, los cantos gregorianos. Él les brindó los pilares de la creación musical a pequeños descendientes de esclavos negros de África, traídos a América hacía el año 1.600 desde los territorios poblados de tribus de la costa occidental de aquel continente. No hay colombiano que no se halla deleitado con las obras musicales de aquellos que fueron sus discípulos.


Rodríguez era un misionero de la “Congregación de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María”, o claretianos cuyo lema era hablar menos y hacer más. Este lema lo supo transmitir a quienes instruía y les llamaba sus “hijos”. En repetidas ocasiones  sintieron el carácter fuerte, reglazo en mano del sacerdote cuando les daba por hacer menos o más de lo que él demandaba. Según lo declarado por Jairo Varela, quizás el más prominente de todos,  eso los formó: “el curita ese si se emberracaba cuando nos daba por embarrarla”.


Este hecho era recordado con mucho cariño por Alexis Lozano y Jairo Varela, quienes fueron alumnos suyos y lo hacían como una anécdota más de aquella época con el curita “cascarrabias”, solo palabras de agradecimiento tenían para con él por lo que consiguió transmitirles, dejando a un lado la idea de la vida desordenada que puede llevar un músico, lo más notable fue que este les trazó el camino revelándoles un norte. Con sus férreas maneras el sacerdote Isaac les brindó a su estilo la posibilidad de un futuro promisorio a aquellos descendientes de los primeros esclavos que llegaban a Colombia por Cartagena de Indias en naves de diferentes dimensiones llamadas peyorativamente “negreras” atestadas de nativos de etnias africanas.


En el álbum “A prueba de fuego” de 1997, Jairo Varela hace un homenaje a sus raíces negras con la canción titulada “Cimarrón”, en ella se cuenta la historia de Benkos Biohó, también conocido como Domingo Biohó, quien fue un líder de esclavos cimarrones en Colombia durante el siglo XVII. Biohó fue quien en 1599 se internó en los terrenos cenagosos al suroriente de Cartagena y desde allí dirigió el ejército que logró controlar los Montes de María. De igual manera conformó una red de inteligencia que le daba información sobre los sucesos que acontecían en la ciudad y coordinaba las fugas de más esclavos cimarrones hacia el territorio liberado, palenque o quilombo. Era llamado rey de Arcabuco.

En pleno siglo XX, el joven Isaac Rodríguez logró sembrar la semilla de la música salsa hecha en el Choco casi sin pretenderlo. Él se dio a la tarea de enseñarles a un grupo de infantes las raices de la música: lectura y escritura musical, ejecución de instrumentos, composición musical y otras temas teóricos y prácticos que él, a su vez, había aprendido en el Conservatorio Musical de Madrid. Muchos de los que fueron sus alumnos en aquellos tiempos lograron proseguir su formación en conservatorios musicales en España, así como viajar al exterior para profesionalizarse o enseñar.

Entre los “hijos” del sacerdote español se encontraban: Neivo de Jesús Moreno Becerra,  músico profesional, dirigió la orquesta nacional de Colombia “Batuta. Alexis Lozano Murillo, músico, arreglista musical, ex director e integrante del Grupo Niche, y fundador de la orquesta Guayacán Orquesta. Jairo Varela Martínez, guitarrista, compositor, arreglista destacado y músico de profesión. Gestor del Grupo Niche. Cecilio Lozano Murillo, músico experto en la ejecución del bombardino, trombón, guitarra, tiple y bajo. Fundador de bandas de Chirimía y director de su grupo “El Negro y su Élite”. Saturnino “Nino” Caicedo, ingeniero metalúrgico, compositor de importantes obras y arreglista estrella de la música salsa en Colombia.

Jairo Varela recuerda que era un niño enclenque y que en repetidas ocasiones su madre no le admitía salir a juguetear con otros niños ni mucho menos presenciar las clases de canto con el cura Rodríguez en la coral de la Iglesia de Quibdó. Varela tenía un lugar privilegiado en su casa, desde el balconcillo atendía los cantos gregorianos que entonaban en la misa, justo atrás pasaba al Río Atrato, el cual con suave rumor cortejaba la chirimía de los campesinos negros. Fue así que el maestro se topó cara a cara con su destino, construyo una propuesta musical desde sus raíces a ritmo de currulaos e influenciada por las polcas de la Bohemia, las jotas españolas, las mazurcas polacas y todo ese folclor afro del Pacífico.

  

Un público satisfecho por las claras y apropiadas ponencias es el resultado de cuatro jornadas de argumentación y debate. Un importante ejercicio que posibilitó poner a la luz los cuatro siglos de las Novelas Ejemplares, lecturas actualizadas y la mezcla de disciplinas; cruces interesantes para ampliar públicos y la comprensión de un autor con merecido reconocimiento, quien con su obra marcó el 23 de abril como el Día de la Lengua, el día de Cervantes; pero que enfrenta dificultades de comprensión por su lenguaje. Combatir esto es el oficio de estos encuentros.Un universo dialógico

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