Hacienda el Paraíso

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Hacienda el Paraíso 

Un lugar donde el pasado y la ficción se mezclan con la actualidad para recrear una historia mágica.

 

Daniel Zapata Villa

Estudiante de licenciatura en Literatura

Ubicada a una hora y media de Cali, esta hacienda es reconocida por ser el segundo lugar más visitado en el valle del Cauca, después de la basílica de Buga. Esto se debe en gran medida a que en ella se desarrolló la reconocida novela cumbre del romanticismo latinoamericano “María”, del escritor Jorge Isaacs.

 

Para quien no logre dimensionar la magnitud de este escritor vallecaucano, es el hombre cuyo rostro se encuentra plasmado en el billete de cincuenta mil pesos, además cabe resaltar que la hacienda El Paraíso, también aparece en dicho billete.

 

La hacienda fue construida en 1815 con paredes altas y gruesas diseñadas para mantener climatizado todo el interior de la casa, muy propio del estilo colonial. La propiedad pertenecía al bugueño Víctor Cabal, quien para ese entonces era ex-alcalde de la ciudad de Cali.

 

Treinta y nueve años más tarde Cabal toma la decisión de venderla al padre de Jorge Isaacs, Don Jorge Enrique Isaacs, quien estableció la propiedad como su hogar durante los siguientes ocho años. Durante este periodo de tiempo, se encuentra ficcionalizada la novela María, y el mismo Jorge Isaac vivió en la hacienda El Paraíso gran parte de este tiempo. En aquella época era conocida como La Casa de la Sierra, debido a su cercanía con la cordillera central. Más tarde en 1864, debido a los problemas económicos del padre de Jorge Isaacs, dada su debilidad frente al alcohol y el juego, la propiedad pasa a manos de la familia Gutiérrez Arango, muy reconocida en la ciudad de Manizales, quienes la poseyeron hasta el año de 1953.

 

En el cincuenta y tres Matilde Jaramillo de Gutiérrez decidió venderle a la Gobernación la hacienda por doscientos veinte mil pesos, con la condición de que se le hiciese otra hacienda privada en los alrededores. El estado accede y unos cuantos metros más abajo construyen la hacienda La María, la cual actualmente se mantiene en el mismo lugar y su acceso es restringido. Desde entonces la hacienda El Paraíso pertenece a la Gobernación del valle del Cauca.  Hoy en día es uno de los lugares turísticos que se encuentran administrados por el INCIVA. Poco a poco durante los años póstumos a la adquisición de la propiedad por parte del estado, familiares de los Isaacs donaron elementos pertenecientes a la casa durante el siglo XIX, es debido a esto que hoy en día es posible ver algunos elementos que parecen sacados del libro, pero que en realidad fueron los que sirvieron de inspiración a la hora de escribir la novela.

 

La hacienda cuenta con alrededor de ciento setenta hectáreas, entre las que se encuentra un hotel, un espacio de juegos y la Casa de la Sierra como tal. En la entrada de la casa podemos ver los rosales que tan mencionados son. Rosas blancas, rojas y las muy escasas amarillas se encuentran a lo largo de todo el frente, junto con un viejo árbol cuyas raíces se escabullen por encima de la tierra, al mismo tiempo que ponen en evidencia sus más de ciento cincuenta años. Más adelante Una pequeña tienda de recuerdos interrumpe nuestro ingreso a la casa, sin embargo, al observar de forma detallada esta tienda, nos es brindada una pequeña imagen de la vida para los esclavos durante el siglo XIX en Colombia. Debido a que este pequeño local solía ser una de las dos alcobas de la servidumbre, la otra habitación está ubicada junto al lava vajilla.

 

Ya en el interior de la casa nos encontramos con el cuarto de Efraín donde podemos apreciar la foto original de Jorge Isaacs, que fue utilizada para el billete de cincuenta mil. Vale la pena aclarar que toda la casa se encuentra restaurada y con letreros alusivos a la novela, no a los personajes reales de la familia Isaacs. Al frente se encuentra el cuarto de estudio, donde podían estar las personas que quisiesen sentarse o acostarse durante el día, ya que en aquella época era prohibido estar en la cama durante la jornada diurna, a menos que se encontrase enfermo.

 

Lo siguiente es la sala principal de la casa, en ella se encuentran unos muebles antiguos, un reloj con calendario, el cual permanece marcando las cinco de la tarde, hora en que María muere. Además, podemos ver el espejo tallado en cristal de roca y el joyero hecho en madera que pareciese como si estuviera forjado en bronce, pero en realidad es un tipo de madera Jamaiquina. Estos dos objetos, se supone que serían la herencia de María, ella podría adquirirlos a la edad de veintiún años, sin embargo, nunca puede tomar esta herencia ya que fallece a los dieciocho. También más adelante encontramos el cuarto del padre de Efraín, en cuyo interior vemos la habitación de las dos hermanas menores Emma y Eloísa, al parecer en aquella época las hijas dormían frente al padre, es posible que fuese para evitar raptos o incursiones nocturnas.

 

Al otro extremos de la casa se encuentra el dormitorio de la madre junto a la cuna de los dos hijos menores Juan y Felipe. Esto se debe a que era costumbre, los padres por respeto a los hijos decidían dormir en cuartos separados y así evitar dar un mal ejemplo a su descendencia. Sin embargo, esto era igual para los esclavos, en este caso los padres dormían juntos en un cuarto, los hijos descansaban en uno diferente ubicado al otro extremo de la casa. Esto se debe a que entre más hijos tuviese la servidumbre, existía más mano de obra para los hacendados. Por ende, ellos se esforzaban para que los esclavos adultos tuvieran toda la privacidad necesaria para sostener sus relaciones.

 

Finalmente encontramos el comedor, el cuarto de la múcura y el estudio del padre de Efraín, que se encuentra en el punto más alto de la casa, para que él pudiese observar todo el movimiento en su hogar desde la ventana de su estudio, al mismo tiempo que realizaba sus labores diarias de trabajo.

 

Gracias a todos estos lugares y a la exacta explicación del guía, podemos notar lo bien ambientada que se encuentra la hacienda de acuerdo a la época en la que transcurre “María”, incluso al hallarse en dicho lugar, es posible imaginarse cada pasaje de la novela dentro de los muros de la propiedad, salvo una vieja máquina de escribir Remington, la cual no pertenecía a la casa, ni a la época, puesto que todavía no existían ese tipo de máquinas o por lo menos no habían llegado al Valle del Cauca, por ende, durante estos años los contratos solían realizarse con pluma. Sin embargo, dicha maquina logra darle un toque intelectual al estudio del padre de Efraín.

 

Cada rincón de la casa se encuentra lleno de fantasía, tanto en lo ficcional como en la realidad de la elite caleña de dicha época. Es posible fantasear cuantas cosas sucedieron dentro de esos corredores, como en esos cuartos Jorge Isaacs imagino a María o como en ese mismo lugar su padre perdió casi toda su fortuna que era de 12.500 hectáreas, lo cual representa cerca de la mitad del Valle del Cauca, 127 hectáreas es todo lo que le queda después de perder el resto en el juego y el alcohol.

 

La casa es casi perfecta, solo hacen falta las trenzas que finalizando la obra María decide cortarse para que Emma se las entregue a Efraín junto con una carta, a la hora de su llegada desde Londres. En algún momento estas trenzas hicieron parte de la exhibición. Sin embargo, hace quince años fueron robadas. Aunque la gobernación realizó una investigación las trenzas nunca aparecieron. El robo de estas trenzas o el hecho de que la hacienda se encuentre a punto de cerrar debido a la crisis cultural que actualmente atraviesa el valle del cauca, no logran opacar la belleza de este sitio, el cual se conserva igual a como lo describió Efraín en la novela de Jorge Isaacs. “sombreada por sauces añosos, engalanada con rosales, iluminada por los rayos del sol al nacer”.

 

Estos rosales aún se encuentran y podemos imaginar que son los mismos rosales a los que se refería María cuando le escribía las cartas a Efraín y las finalizaba diciéndole “… el rosal no ha dejado de florecer, eso quiere decir que tú no me has dejado de querer”. Hoy, en pleno siglo XXI estos rosales aún no han dejado de florecer, podría suponerse que Efraín, hasta la fecha, no ha dejado de querer a María.

  

Un público satisfecho por las claras y apropiadas ponencias es el resultado de cuatro jornadas de argumentación y debate. Un importante ejercicio que posibilitó poner a la luz los cuatro siglos de las Novelas Ejemplares, lecturas actualizadas y la mezcla de disciplinas; cruces interesantes para ampliar públicos y la comprensión de un autor con merecido reconocimiento, quien con su obra marcó el 23 de abril como el Día de la Lengua, el día de Cervantes; pero que enfrenta dificultades de comprensión por su lenguaje. Combatir esto es el oficio de estos encuentros.Un universo dialógico

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