La carroza de Bolívar una metáfora de la contrahistoria

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La carroza de Bolívar

una metáfora de la contrahistoria

Edgar Collazos

Editor La Palabra

Más allá de los intereses históricos y de los pergaminos que depara la ideología, el novelista colombiano, Evelio José Rosero escribió La carroza de Bolívar con el interés de mostrar una nueva mirada sobre la vida y obra del Libertador Simón Bolívar y sobre los posibles destinos del país. La novela, escrita en el estilo preciso de su prosa, al que por años nos ha acostumbrado Evelio José, compromete la buena imagen del Libertador mediante sus acciones en la bien llamada Campaña del Sur. La novela, junto con Temporal del novelista antioqueño Tomás González y El incendio de abril, del escritor Miguel Torres, concursó y ganó el Premio Nacional de Novela 2014 (Minicultura).

 

La carroza de Bolívar ha sido reseñada y comentada en distintas revistas y en círculos literarios, pero es tal vez en el mundo académico donde ha tenido mejor recepción. En la Maestría de la escuela de Estudios literarios de la Universidad del Valle, hace dos años el profesor Darío Henao dictó un curso sobre Literatura Latinoamericana, donde incluyó la novela de Rosero; de este curso, nacieron: Un ejercicio de contarhistoria en La carroza de Bolívar, escrita por Mauricio Gilberto Velasco, y Ramiro García Medina, dos buenos trabajos de grado de los cuales deseamos hacer algunos comentarios y resaltar aspectos de relevancia crítica       

     

Según Mauricio Velasco, la historia de la postura y visión de la novela de Evelio José Rosero tiene su origen en un texto histórico escrito por el historiador pastuso José Rafael Señudo, quien en sus Estudios sobre la vida de Bolívar, mostró una visión disidente de la imagen del libertador:

 

El historiador pastuso a lo largo de su obra Estudios sobre la vida de Bolívar, hace una presentación de la vida del Libertador desde su niñez hasta sus últimos días en la Quinta de San Pedro Alejandrino. La obra se compone de diez capítulos en los cuales ahonda sobre diversas facetas del héroe venezolano. Para ello se apoya en textos de historiadores contemporáneos como José María Restrepo quien estuvo al lado del Libertador en momentos complicados de su proyecto independentista. El texto está soportado en documentos históricos y en la correspondencia entre líderes del proceso revolucionario.

                                 

A partir de aquí, Mauricio Velasco nos muestra el arte de novelar de Rosero, resalta la escritura histórica en clave de ficción, mezclando verdad y el verismo imaginado en el carnaval popular del sur:


El marco dentro del cual se desenvuelve la novela en los preámbulos de los carnavales de Blancos y Negros del año 1966 cuando el doctor Justo Pastor Proceso López, médico ginecólogo de profesión, quiere hacer desfilar por las calles de la ciudad de Pasto, capital del departamento de Nariño, una carroza que tienen como temática a Simón Bolívar en la cual se dan a conocer unas de las “proezas” del Libertador,  desconocidas por la gran mayoría de los nariñenses y que la historia oficial se ha encargado de soslayar y ocultar, o en el peor de los casos, se miente sobre los hechos cuando éstos dicen todo lo contrario como en la batalla de Bomboná, lo cual genera reacciones encontradas de los estamentos oficiales y no oficiales al interior de la obra.

 

Otro de los elementos a resaltar, constante en la obra de Evelio José Rosero, son la ironía, el erotismo y el humor, temáticas donde el autor colombiano ha desarrollado su maestría que zahiere no sólo la realidad como también la condición humana, mediante ellas el autor se permite ilustrar la realidad por medio de la ficción como lo trata el tema de Velasco:


Así, la lectura que hace Evelio Rosero en la carroza de Bolívar de la historia nacional aclara, cuestiona, contradice y replantea aspectos de la imagen que se ha transmitido de la gesta libertadora de Simón Bolívar hasta nuestros días y en especial lo acontecido en el departamento de Nariño, tierra del escritor. En este orden de ideas, Roger Chartier cuando establece las relaciones entre historia y ficción, expresa que las obras de ficción al menos algunas de ellas, y la memoria , sea colectiva e individual, también dan una presencia al pasado, a veces a menudo más poderosa que las que establecen los libros de historia.      

 

La postura de Rosero dentro del género de la novela es amplia, connota elementos innovadores como el alcance de sus percepciones logrados a través del lenguaje y de las imágenes logradas en la mezcla entre realidad y ficción, donde lo controvertido es lo cotidiano, lo real, logrando aquello que Mauricio Velasco llama un ejercicio de contrahistoria, una nueva mirada sobre nuestro pasado y sobre la realidad:

 

En el sentido más amplio, toda novela es histórica, puesto que en mayor o menor grado, capta el ambiente social de sus personajes, hasta el de los más introspectivos. No obstante, para analizar la creciente proliferación de la novela histórica latinoamericana, hay que reservar la categoría de novela histórica para aquellas novelas cuya acción se ubica total o por lo menos predominantemente en el pasado, es decir, un pasado no experimentado directamente por el autor.

 

La carroza de Bolívar es la gran metáfora de la contradicción, también es amena, divertida, con ella, Rosero reafirma la Novela Histórica como una de las tendencias literarias del país, de la cual forman parte Enrique Serrano y William Ospina

 

 

 

Un público satisfecho por las claras y apropiadas ponencias es el resultado de cuatro jornadas de argumentación y debate. Un importante ejercicio que posibilitó poner a la luz los cuatro siglos de las Novelas Ejemplares, lecturas actualizadas y la mezcla de disciplinas; cruces interesantes para ampliar públicos y la comprensión de un autor con merecido reconocimiento, quien con su obra marcó el 23 de abril como el Día de la Lengua, el día de Cervantes; pero que enfrenta dificultades de comprensión por su lenguaje. Combatir esto es el oficio de estos encuentros.Un universo dialógico

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