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Fernell Franco, entre la realidad y la memoria Retratando el abismo de lo humano

 

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Fernell Franco, entre la realidad y la memoria

Retratando el abismo de lo humano

 

En “Las babas del diablo”, Julio Cortázar muestra cómo el arte de la captura de imágenes moldea al ser humano en pro de desarrollar en él habilidades que dejaran en su vida una huella imborrable: “Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías, actividad que debería enseñarse tempranamente a los niños pues exige disciplina, educación estética, buen ojo y dedos seguros”.


Alejandro Salazar Jiménez

Estudiante Lic. en Literatura

 

Fernell Franco Nació en Versalles, municipio al norte del departamento del Valle del Cauca un 20 de junio de 1942, fue el cuarto hijo de una familia de siete. Con tan solo ocho años de edad Franco vio cómo su familia fue objeto de constantes amenazas a causa la filiación liberal de su padre, Carlos Franco, eran los tiempos de la violencia bipartidista y debieron huir hacia Cali. Este hecho marcó hondamente la vida de Fernell y le dejaría enseñanzas que le posibilitaron entenderse con otras realidades y desde allí dominar mejor la propia.


De aquella época de la violencia vivida en Colombia, se sabe que la disputa bipartidista era sádica y sangrienta. Si una persona vestía prendas con los colores representativos de los partidos Liberal o Conservador, se desencadenaba de ipso facto el motivo para juzgarle y asesinarle públicamente. Fernell era apenas un niño cuando conoció el desplazamiento y la imposibilidad de culminar sus estudios.


La fotógrafa norteamericana Berenice Abbott decía: “La fotografía (si es honrada y directa) tendría que estar relacionada con la vida contemporánea, con el pulso de hoy día”.  Es válido reconocer que la vida del fotógrafo vallecaucano Fernell Franco estuvo marcada por el pulso firme de una  existencia que jamás se doblegó pese a las vicisitudes que le tocó vivir durante su periplo por el mundo.


Corría la década del 60 cuando Franco empezó a laborar como mensajero y ayudante para el fotógrafo social italiano Otelo Sudarovich. Con esa primera experiencia se enamoró de la fotografía. Este hecho presuntamente tuvo más que ver con el apuro económico que con una finalidad estética; el primer contacto de Fernell con la fotografía fue retratando a los transeúntes en el Puente Ortiz o tomando fotos para la cédula en la registraduría. En cierta ocasión dijo al respecto: “No sabía hacer nada y no había ninguna orientación posible para mí, nuevamente me acercaba a la fotografía con poco conocimiento, pero aquí aparece la pasión”.


Fernell Franco en sus inicios fue reportero gráfico para el Diario Occidente y el periódico El País de Cali; desde aquella época sus colegas le reconocían su talento y su estilo novedoso. Esa escuela iniciada en el periodismo fue impulsora de su traslado a la publicidad en la agencia de Hernán Nicholls, junto a Carlos Duque. Franco le brindó a la agencia el desarrollo de una publicidad de vanguardia donde su ojo le halló lógica a la utilización de la luz artificial. Fernell conoce allí a quien sería su primera esposa, Patricia Muñoz, modelo publicitaria. De esa unión nacen Vanessa y Sabrina Franco, sus dos únicas hijas.


Con el paso del tiempo Franco se interesó por las nuevas tendencias en la fotografía, para tal fin observó en revistas internacionales como “Vogue” lo que sucedía en ellas en cuanto al manejo de la imagen. Esta revista contaba con la colaboración de reconocidos fotógrafos internacionales como Helmut Newton, Iving Penn, Cecil Beaton, Jean Loup Sieff, Terry Richardson, Steven Meisel y Edward Steichen. Fernell logró desarrollar una contemplación estética de la moda, de la publicidad y un elevado progreso en las técnicas, se hizo evidente entonces la influencia que ellos ejercieron en su trabajo.


Franco también se interesó por realizar propuestas más enfocadas en la humanidad y el mundo como lo era la revista “Life”, buscaba algo más cercano a su propia vida. Pensó entonces que sería interesante cubrir la guerra de Vietnam, cambió de idea cuando se desplazó a Bogotá para trabajar en la revista “Cromos”. Laborando allí logró integrar la moda con las realidades sociales, propuesta muy contemporánea para su época y que muy pocos comprendían cuando la presentó. Comenzó a ganarse un lugar privilegiado en el ámbito fotográfico publicitario mientras desarrollaba sus series personales, la inicial de ellas fue“Prostitutas”, su primera exposición en Ciudad Solar en 1972.


Ciudad Solar fue un espacio de encuentro y discusión que surgió en Cali de manera espontánea en la década de los años setenta en la casona de Hernando Guerrero. Jóvenes artistas como Andrés Caicedo, Carlos Mayolo, Pakiko Ordóñez, Ramiro Arbeláez, Luis Ospina, Óscar Muñoz, Enrique Buenaventura y, Ever Astudillo, entre otros, se reunían allí. El trabajo de Franco y sus amigos en Ciudad Solar mostró una generación tremendamente influenciada por el cine y los cambios de la ciudad.

 

"La fotografía no puede cambiar la realidad pero si puede mostrarla" eso decía Fred Mc Cullin, a su manera de ella Milan Kundera decía, "La memoria no guarda películas, guarda fotografías". Inicialmente Fernell no logró ejercer su pasión cinematográfica, mas supo mostrar en sus imágenes su talento. Sus series fotográficas “Prostitutas” y “Galladas” son historias narradas exposición tras exposición. Fernell enseñó las experiencias de vida de aquellos grupos marginados, situaciones que por ser cotidianas pasan con frecuencia inadvertidas en los barrios populares de Cali, series como “Interiores”, “Bicicletas” y “Billares”, fueron ejemplo de sus búsquedas constantes por lograr plasmar en su trabajo personal esa “relación con la vida contemporánea” a la que se refiere Berenice Abbott.


Fernell logró hacer realidad su sueño de vincularse al cine gracias a Carlos Mayolo, compañero suyo en Ciudad Solar, quien le invitó a hacerse cargo de la foto fija en Carne de tu carne (1983) y posteriormente en La mansión de Araucaima (1986). En aquella época Franco ya se había separado de su primera esposa, Patricia Muñoz  y empezaba a convivir con la que sería su compañera hasta el día de su deceso, Martha Izquierdo y con su hija política María Cardona.

Fernell Franco desarrolló sus proyectos de fotografía creativos, no pensó nunca en la comercialización de estos, los llamo“Álbumes de Ciudad” y fueron su manera de plasmar lo bello de Cali. Él deseaba que la gente de la Sultana del Valle tuviese una de sus fotos de la ciudad junto a obras de arte en sus hogares. Él como un enamorado de las imágenes rurales desarrolló de igual manera un hermoso trabajo en“Las Haciendas del Alto Cauca”.

 

Fernell Franco luego de sufrir su primer infarto cardiaco, regresó al oficio con su ojo fotográfico más consolidado y reflexivo, en su serie “Demoliciones” es posible reconocer un lenguaje abstracto, más sombrío e inclinado a mostrar el alma de ciudad atribulada por el flagelo de la destrucción debido a los conflictos entre los carteles de la droga, los cuales borraban la memoria de la ciudad transformando el paisaje urbano en una pila de escombros.


Las series finales de Fernell Franco están cargadas de emocionalidad y significación, la serie “Amarrados”, vista de los puestos de mercado de Cali a comienzos de los setenta, expresa la penosa y desamparada realidad de América Latina, “Retratos de Ciudad” recrea las imágenes comunes y determinantes en los sucesos que moldearon nuestro continente. "Hoy me queda claro, viendo el trabajo que he hecho, que mucho es sobre la destrucción y sobre la incapacidad de conservar la memoria, que es algo que va tan ligado a los problemas de Colombia y de América Latina. Los latinoamericanos hemos vivido una violencia contra la ciudad igual a la que hemos vivido contra los hombres”.  El 2 de enero de 2006, a los 63 años, Fernell murió de un paro cardiaco, justo cuando su arte empezaba a recibir reconocimiento internacional.


En el número 117 del año 2011
la revista El Malpensante en un artículo titulado “Francotirador, disparos sobre el fotógrafo Fernell Franco” Sandro Romero Rey dice: “Él fue un hombre que descubrió en la fotografía una manera de mantenerse vivo y feliz sobre la tierra, porque nunca nadie vio a Franco quejarse o lanzar escupitajos al Destino. Su voz no tenía afanes. Era reposado, como un santo oriental o como un filósofo del silencio. Poco a poco todos lo empezamos a respetar, porque en sus imágenes aleteaba el viento”.


Cuando le despojaron de la posibilidad de quedarse en el paisaje de los campos colombianos, se instaló con su familia en el alma de la barriada de la sultana del Valle. Aquel niño retraído y soñador que fue, siempre creyó que la violencia era una condición innata de la existencia, para él el mundo que conocía solo podía ser  mísero, irrazonable e inhumano. Gracias a la fotografía halló inspiración en medio de la miseria, logró sobreponerse a la inequidad y percibir belleza en medio de la crueldad. Su ojo avizor creó un nuevo paisaje, a través de una lente con sus fotografías desconcertantes supo “inventarse un mundo”, parafraseando al que ha sido su curador, José Luis Falconi.

 

 

 

 

 

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