Revistas culturales de la Cali de los setenta

 

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 Revistas culturales de la Cali de los setenta

 

En Cali los años setenta suelen ser recordados como una época de gran producción intelectual y artística. Esto se debe en gran parte al legado de Carlos Mayolo y Luis Ospina en la renombrada Caliwood, junto a la obra dramatúrgica de Enrique Buenaventura, la gustosa literatura de Andrés Caicedo y las reflexiones de Estanislao Zuleta. Sin embargo, esta época también suele recordarse por el gran número de revistas culturales producidas en la ciudad por intelectuales de todas las clases sociales.


Por: Daniel Zapata Villa

Estudiante de Lic. en Literatura


La revista “universidad del valle”, al igual que “Lenguaje” y “Poligramas”, nacieron durante la década del setenta en el seno de la Universidad del valle. Lo mismo que en la Universidad Santiago de Cali surgieron reconocidos seriados como “Grafos” e “Historia y espacio”. Sin embargo, las revistas claves de los setentas no surgieron a manos de profesores universitarios. Más bien, fueron originadas por estudiantes y grupos independientes.

 

Tal fue el caso de la recordada “Ojo al cine” cuyos orígenes se remontan al segundo año de dicha década en El Cine Club de Cali. Se fundó bajo la dirección de Andrés Caicedo, Luis Ospina y Ramiro Arbeláez. El objetivo de esta revista era compilar y publicar reflexiones, disertaciones y crítica cinematográfica, en especial del cine norteamericano.

 

También podemos destacar a “Ekuóreo”, revista que se especializó en el género literario del mini cuento, junto a ella se ubican “Aquelarre” y “Altazar”, las cuales optaron por la poesía.  En el campo de las artes gráficas hayamos la serie “Balita, la bala perdida” creada por José y Oscar Campo, León Octavio Osorio y Ricardo Potes. Tercer milenio, Click, Gazapaera, Mala compañía y El Banco de Villamaga, también fueron revistas publicadas que gozaron de un renombre en dicho campo.

 

“Vivencias” y “Cuéntame tu vida” fueron creadas por grupos feministas, en sus páginas encontrábamos artículos que abordaban este tipo de teorías y la cuestiones de género. Incluso poseían un apoyo internacional ya que tenían contactos en México y España, con quienes intercambiaban las revistas y cualquier otro tipo de material bibliográfico referente al feminismo.

 

Son innumerables las revistas que circulaban en la década de los setenta. Eran vendidas, regaladas y trucadas en los Cafés, las bibliotecas y todos los círculos sociales e intelectuales de la ciudad. Pero el alcance de estas no se limitaba solo a Cali, muchos ejemplares eran enviados a ciudades como Medellín, Bucaramanga, Barranquilla y Bogotá. Incluso en los Llanos se podían encontrar ejemplares, enviados desde Cali por los editores y escritores para que fuesen repartidos, en muchos casos de forma gratuita.

 

Sin embargo, la distribución de dichas revistas no fue solo nacional, también era posible encontrar diez o veinte números repartidos por toda ciudad de México, Rio de Janeiro, Barcelona, entre otras ciudades. Esto nos brinda una imagen del gran alcance cultural de Cali en el mundo.

 

Muchas de Estas revistas surgieron por los intereses comunes de académicos, estudiantes, artistas e intelectuales, quienes en la mayoría de los casos pertenecían a corrientes ideológicas de izquierda. Hallaban en este medio de comunicación una forma de expresar sus ideas, pensamientos y reflexiones acerca de diversos temas de interés general, como el arte y la política.

 

El mayor problema de estas revistas eran los costos de producción. Por ende, era muy común que el comité editorial, quienes aportaban tanto el material intelectual como el soporte económico a la revista, se vieran obligados realizar funciones de diagramación y diseño. Por tanto, los comités editoriales no solo giraban en torno a discusiones referentes a la política y el arte. El eje de Los grandes debates era qué tipo de papel se usaría, el tamaño de las páginas y la calidad de la impresión.

 

En el segundo tomo del libro titulado Historia de Cali en el siglo XX, Adrián Alzate García y Nancy Otero Buitrago se refieren a dicho fenómeno: “Dos factores representaron el principal peligro para la supervivencia de una empresa como ésta, las dificultades financieras y las disputas internas. La primera amenaza fue quizá la más común. Dada la dificultad de muchos gestores para solventar la continuidad de sus publicaciones, así como para acceder a patrocinadores externos, gran parte de las revistas aquí consideradas vio llegar su fin bastante pronto. Algunos títulos sólo alcanzaron a salir una vez, mientras otras pudieron sostenerse por dos o tres números”.

 

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El ejemplo más claro de lo que Alzate y Otero dicen puede ser la revista Caligari, la cual solo tuvo una edición. Ni siquiera Ojo al cine se salva, aunque tuvo una vida larga debido a que se financiaba por medio del cine club, no pudo ver la luz de un sexto número.

El mismo Ramiro Arbeláez sostiene lo antes dicho en una entrevista concedida a Yamid Galindo Cardona: “La ayuda se complementaba con las suscripciones a la revista, con su cuenta que llegaba a cuentagotas, aunque se vendía bien, recuperar el dinero por distribución era muy difícil. Aunque la publicidad nos ayudó en algo, aunque se convirtió en algo difícil de conseguir, en las primeras ediciones hay un entusiasmo especial. Luego la gente que te ayuda se va agotando, y ya no te ayudan tres, dos veces, sino una”.

 

De este fragmento de la entrevista podemos concluir que la ciudad no correspondió o supo apoyar las revistas culturales en Cali. Pues las suscripciones eran muy pocas, al igual que los patrocinadores. De todas estas revistas, unas cuantas lograron llegar a la década de los ochenta y ninguna continua en la actualidad.

 

 

Un público satisfecho por las claras y apropiadas ponencias es el resultado de cuatro jornadas de argumentación y debate. Un importante ejercicio que posibilitó poner a la luz los cuatro siglos de las Novelas Ejemplares, lecturas actualizadas y la mezcla de disciplinas; cruces interesantes para ampliar públicos y la comprensión de un autor con merecido reconocimiento, quien con su obra marcó el 23 de abril como el Día de la Lengua, el día de Cervantes; pero que enfrenta dificultades de comprensión por su lenguaje. Combatir esto es el oficio de estos encuentros.Un universo dialógico

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