Rolezinhos Sin derecho a consumir

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Rolezinhos

Sin derecho a consumir

 

Seducidos por paradigmas de consumo que no pueden satisfacer, los jóvenes de las favelas desafían a la sociedad hegemónica brasileña en una aventura que ha desembocado en un movimiento social de grandes alcances.

 

Por: Ricardo Bolaños

Estudiantes de Lic. en Literatura

El 11 de enero de 2014 los pasillos del Shopping Metrô Itaquera de Sao Paulo se estremecieron ante la estampida que huía de los gases pimienta y las balas de goma lanzados por la Policía Militar. Cientos, quizá miles de jóvenes que unos minutos antes se apiñaban extasiados ante las grandes marcas que centelleaban al otro lado de los escaparates, sin reparar en los mohines de aversión de los vendedores y clientes habituales. Negros y mulatos danzando al son procaz de un estridente funk ostentaçao, ataviados con bermudas y gorras de beisbol que destacaban, o habría que decir desentonaban, entre el fasto blanco y el glamour del centro comercial paulista. Tamaña profanación a este altar del lujo no podía pasarse por alto, y los guardas jurados, alertados por rumores de robos, también intentaron a empellones alejar de las tiendas a estos exóticos visitantes.

 

Son los Rolezinhos (en español, “paseítos”), un fenómeno que desde finales del 2013 convulsiona a Brasil, suscitando un caldeado debate nacional, y que se suma a la tensión social provocada por la realización de la Copa del Mundo en el último cuatrienio. Todavía no hay consenso acerca de una definición clara o apropiada para ellos. Bastaría con decir que en principio se trata de masivas concentraciones en centros comerciales de grandes superficies de adolescentes que proceden de las periferias metropolitanas, concertadas siempre por las redes sociales; una suerte de flashmobs caóticos amenizados por el funk y el alcohol que incomodan a los clientes habituales de los establecimientos.

 

Aunque no generan destrozos materiales, son percibidos como invasiones que alteran el normal funcionamiento del comercio. ¿Su razón de ser? Búsqueda de esparcimiento; o esa, al menos, es la consigna que exponen sus participantes, quienes acusan la ausencia de espacios de recreo en las favelas distintos a las canchas de fútbol. Las líricas funkeras no proclaman ideales más elevados que conseguir dinero a raudales, ropa de marca, carros lujosos y mujeres despampanantes. Al respecto, la periodista y escritora Eliane Brum afirma que los participantes de los rolezinhos: “exaltan el consumo, sólo quieren pasear en un lugar que consideran bello (…) la mayoría de ellos vive en suburbios, en casas hacinadas y barrios con poco o ningún espacio para el ocio”, por lo cual, disiente de quienes ven en estas movilizaciones una cruzada contra el materialismo y el sistema capitalista.

 

No obstante, el fenómeno experimenta una evolución significativa: si el objetivo de tales correrías en sus inicios no trascendía la reivindicación del hedonismo barriobajero, no tardaron en adquirir las dimensiones de una revolución pródiga en adeptos, que ostenta el mérito de centrar los ojos del mundo en una problemática social ignorada a fuerza de promociones turísticas cosméticas. Terrazas de comidas, galerías, escaleras eléctricas y locales son engullidos implacablemente por una marea viviente de andrajos y chancletas. Es la miseria de la favela rompiendo los diques de la indiferencia estatal. Los integrantes de los paseos se precipitan de los morros como peregrinos arrojados a la veneración del lujo, que como todo misterio arcano les es esquivo y vedado.

 

La respuesta de la sociedad brasileña a los rolezinhos ha sido variada: por un lado está la criminalización por parte de las fuerzas policivas y la justicia del Estado brasileño las cuales, abrumadas por una coyuntura de tal magnitud, optaron por plegarse a las demandas de los propietarios de los shoppings a fin de contener tales irrupciones, a las que no dudan en dar calificativo de vandalismo, pese al carácter pacífico de las mismas.

 

Todo esto, más la proximidad del Mundial de fútbol, ha urgido al despliegue de un arsenal de medidas de carácter represivo, como el arresto el 7 de diciembre de 23 personas en el rolezinho realizado en el Shopping Metro Itaquera, la violenta intervención de la policía militar el 11 de enero en el mismo centro de compras, la multa de 10 mil reales determinada por la justicia carioca a todo manifestante identificado, cierres preventivos de los centros comerciales y la autorización a los guardias a no admitir el ingreso de personas que no encajen en el “perfil de comprador”.

 

Pag 12 2Por otro lado, esta hostilidad del stablishment sólo ha conseguido despertar la solidaridad de amplios sectores de la sociedad brasileña hacia los rolezinhos. Intelectuales, académicos y organizaciones sociales de diversa índole han asumido la represión a las concentraciones como un llamado humanitario y una oportunidad de denunciar lo que llaman “apartheid racial y de clase”. Una ola de protestas, mítines y bloqueos en apoyo a los rolezinhos ahora cerca los centros comerciales, los cuales se articulan con las manifestaciones contra la Copa Mundo. Incluso la propia presidenta de Brasil, Dilma Rousseff ha criticado los excesos policiales y el prejuicio contra los jóvenes pobres. Todos coinciden además en que lo que está ocurriendo es apenas el esperado estallido de la gran caldera de desigualdad y exclusión que siempre ha hervido en bajo en el país suramericano. En aras de reafirmar su carácter contestatario, el investigador de redes Fabio Mallini, se aventura a comparar a los rolezinhos con los ataques DDos en internet, los cuales provocan el colapso de las páginas web por exceso de visitas: "Sin saberlo, los jóvenes descubrieron una nueva táctica política: el ataque DDos en los shoppings. Mucho acceso hace que el sistema (comercio) caiga. Señores, sean bienvenidos al ataque de negación de servicio en el mundo real. Sin vídrio roto. Pero con el comercio suspendido".

  

 

    

 

Un público satisfecho por las claras y apropiadas ponencias es el resultado de cuatro jornadas de argumentación y debate. Un importante ejercicio que posibilitó poner a la luz los cuatro siglos de las Novelas Ejemplares, lecturas actualizadas y la mezcla de disciplinas; cruces interesantes para ampliar públicos y la comprensión de un autor con merecido reconocimiento, quien con su obra marcó el 23 de abril como el Día de la Lengua, el día de Cervantes; pero que enfrenta dificultades de comprensión por su lenguaje. Combatir esto es el oficio de estos encuentros.Un universo dialógico

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