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Dios grande del cielo y la tierra

cultura



Rioso ngande ri nsulu e ri tiela:

 

Dios grande del cielo y la tierra

 

 

 

Desde el África vinieron y entre nosotros quedaron,

 

todos aquellos guerreros que a mi cultura pasaron.

 

(Adalberto Álvarez)

 

 

 

Por: Malicia Enjundia

 

Estudiante Licenciatura en Literatura

 

En Latinoamérica decir Dios es decir Rioso  y decir Sol; hombre blanco, hombre negro, hombre indígena. Fuerzas informes y personales, conjuradores e invocadores, magos y sacerdotes, conviven en ese latino mestizaje espiritual evidenciado en las prácticas magicoreligiosas de comunidades afrodescendientes e indígenas, que en el caso de la santería Cubana y el particular “catolicismo” de San Basilio de Palenque, son la muestra de una fuerza espiritual que los guía, llama, protege e impulsa para mantener viva su identidad.

 

Cuando los conquistadores llegaron a América no lo entendieron; a aquella fuerza que ellos llamaban Yavé o Jehová, otros le decían “Oloddumare”, y otros “Sol”. Estas diversas maneras de nombrar lo mismo no fueron aceptadas por el conquistador, quien impuso su sistema de pensamiento a comunidades indígenas y afros para castrar su forma de entender, relacionarse y representar el universo; sin embargo, muchas de  estas comunidades resistieron; al fin sabias y protegidas por las fuerzas naturales, maquillaron las maneras de comunicarse con sus deidades.

 

Cuando los habitantes del pueblo de Ife en el África fueron traídos en condición de esclavos a América, el régimen esclavista determinó que el bautizo era requisito principal para legalizar su entrada a las Indias, así como la posterior evangelización y la prohibición  de sus prácticas religiosas Yorubas. Fue entonces cuando los hijos de “Oloddumare” esparcidos por las plantaciones azucareras de países como Cuba y Brasil, empezaron a adorar a los santos católicos para engañar al yugo, en tanto que invocaban a sus propios dioses a su manera. Los santos adorados con toque de tambor eran el resguardo de otros nombres y otros rostros divinos y ocultos, ahí nació la Santería, producto del sincretismo entre la religión Yoruba y la Católica. 
 

 

La religión Católica cree y adora a una fuerza central llamada Dios, de él provienen todas las cosas y a él vuelven, los Santos en tanto son seres tocados por la divinidad que fueron y están más cerca de los humanos, como intermediarios entre éstos y el gran Dios. A ellos se dirigen los mortales para hacer peticiones, sacrificios, ofrendas y agradecimientos. En la religión Yoruba, esa fuerza es “Oloddumare” u “Orula”;  los sagrados Orishas, humanos que fueron reyes del reino de Ife, y representan fuerzas de la naturaleza, se conciben como extensiones del mismo.  A ellos, Orula les entregó poder en estado de energía pura llamado Ashé.  Con el proceso de esclavización, los nombres de estos Orishas fueron vertidos en los nombres y los rostros de los santos católicos, y en personajes como “San Lázaro” se asentó “Babalù Ayè”,  y al  “Santo Niño de Atocha”, la “Virgen de las mercedes” y “Santa Barbará” los habitaron “Elegguá”, “Obatalá”  y “Changó”; y  en “Nuestra Señora de la Regla” mutó “Yemayá”.  Ahí nació la Santería y la certeza de que los dioses africanos resguardan a sus hijos en lugares remotos donde el África está viva, es por eso que en los ritos de muerte y nacimiento, así como en las fiestas patronales de las comunidades negras, unas de origen Yoruba, otras de origen Bantú, los santos también bailan.

 La familia lingüística africana Bantú obedece a prácticas más mágicas que religiosas, en tanto que se invocan y manipulan fuerzas informes más que personales para obtener beneficios comunitarios e individuales. Los habitantes de San Basilio de Palenque proceden de los Bantú, allí,  Dios se dice “Rioso”, muestra de la fusión entre el español y los vocablos africanos que constituye la lengua palenquera. Tal como en otras regiones, allí conviven en pacífica fusión costumbres religiosas africanas y católicas. Quien muere es ayudado por los vivos mediante los tambores y el canto a través del melancólico ritual del “Lumbalú”, para abrirle los caminos hacia el mundo de los ancestros. Quien entra al pueblo es recibido desde las puertas del panteón de cruces católicas por  los espíritus de los mismos que custodian a la comunidad que les rinde culto. Por su parte, las fiestas patronales son  la congregación de un pueblo que se viste y viste de gala, luz, música y Ñeke al  patrono San Basilio, a quien se le adjudican milagros como el de la fertilidad, beneficios económicos, espirituales y físicos.  


Cada 14 de junio, el santo patrón baila por las calles en compañía de la Virgen María. A las seis de la tarde, raizales y visitantes se congregan en la capilla, y trajes de lentejuelas brillan sobre los cuerpos de las mujeres mayores; todo es como un arcoíris antropomorfo que rodea a los Santos; hombres y mujeres se apostan a los lados esperando el turno de cargarlos para pedirles un deseo, en tanto,  toman Ñeke, alumbran con velas y se desplazan bailando al son de la música de la banda, y San Basilio y la virgen de labios negrísimos se tambalean como si en ellos, precedidos por un grupo de ángeles negros de alas blanquísimas y vestidos de colores, se asentaran esas fuerzas informes que en la Santería, ya personalizadas, se llaman Orishas; Orishas que se manifiestan mediante el florecimiento de los vientres, el amor, la protección  a los pobres y los guerreros, la custodia de los muertos, el resguardo de las cabezas y la conjuración de los poderes naturales de la tierra,  para abrirles los caminos a las gentes que vinieron del África y supieron que en el latino mestizaje espiritual, Santos europeos y Orishas africanos son los brazos protectores de  Dios y Rioso que son el mismo.


 

 

 

Un público satisfecho por las claras y apropiadas ponencias es el resultado de cuatro jornadas de argumentación y debate. Un importante ejercicio que posibilitó poner a la luz los cuatro siglos de las Novelas Ejemplares, lecturas actualizadas y la mezcla de disciplinas; cruces interesantes para ampliar públicos y la comprensión de un autor con merecido reconocimiento, quien con su obra marcó el 23 de abril como el Día de la Lengua, el día de Cervantes; pero que enfrenta dificultades de comprensión por su lenguaje. Combatir esto es el oficio de estos encuentros.Un universo dialógico

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