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Tikal Producciones Las metáforas de una ciudad retratada por un lente

 

Cultura1

 

Tikal Producciones

Las metáforas de una ciudad retratada por un lente

 

Los rostros, voces, miradas y la cotidianidad son los insumos de Eduardo Montenegro, una narrador de las historias de su gente, quien encontró en la realización audiovisual un vehículo de inclusión con el cual retrata las comunidades de ladera y del Distrito de Aguablanca.  Ellas allí han logrado reconocerse a sí mismas y ser reconocidas a través del lente de la cámara y la exposición en las pantallas.

 

Por: Fredy Prado Gutiérrez

Estudiante de Lic. en Literatura

A Eduardo Montenegro, sin él decirlo, podemos imaginarlo pensando un encuadre a donde quiera que dirija su mirada. Su pasión ha convertido en apasionados a otros que quizá nunca pensaron ver o verse a través del lente de una cámara. Lleva más de quince años uniendo solidaridades, creando puentes entre el olvido y lo posible. Tikal Producciones es ahora su sello, la impronta que ha izado aún más alto su nombre en el campo de las reivindicaciones sociales; todo, desde la narrativa del universo simbólico de los sectores populares donde sus pasos han dejado una huella indeleble, plasmada en fotogramas e instantáneas cargadas de sonidos y colores, historias e identidades.

 

Reconocerse a través del audiovisual

Cali es una ciudad atestada de historias sin voz. Personajes anodinos vienen y van entre sus arterias que se atascan con el tráfico de cada día. Entre desprevenidos o indiferentes muchos hijos del sector de La ladera –el cual suele ser mirado pero no visto– o el Distrito de Aguablanca –que buena parte de los habitantes de esta capital soleada desconoce o quiere ignorar–, salen a hacer ciudad, a laborar por sus familias, a contribuir con la dinámica económica que sostiene su ciudad, la misma que los margina o sataniza a través de las agendas mediáticas de la radio, prensa o televisión.

Tikal Producciones nació hace diez años en el barrio Brisas de Mayo de la Comuna 20. Una Panasonic M9000 formato VHS, un reproductor de VHS –donado por los vecinos del sector– y un pequeño televisor fueron los rudimentarios elementos de la génesis de este talentoso grupo empíricos de productores audiovisuales. El Centro Cultural La Red fue el nicho donde se cultivó la competitividad que hoy los hace referente de ciudad tanto a nivel local como nacional. Como las más grandes ideas, Tikal nació del romanticismo y la creatividad que exige la carencia.

Dos reproductores y un televisor eran las herramientas para la magia y la astucia de la edición en caliente de VHS a VHS. “Nacimos en un ejercicio de exploración de la comunicación alternativa de cara a procesos comunitarios, de la convivencia, de cómo desde la propuesta que teníamos con el Centro Cultural la Red incidíamos en los hechos de violencia de la Comuna, en las desigualdades que se dan dentro de nuestro territorio –recuerda Eduardo mientras se mese en la silla de su estudio rodeado por monitores de diferentes tamaños, potentes computadores para la edición y el brillo de las placas recibidas como reconocimientos por su labor profesional y cultural–. Pero también como necesidad de pronunciarnos ante la inconformidad de cómo estábamos siendo registrados por los medios de comunicación que sólo hablaban de la Comuna para contar que se estrellaba una guala, se deslizaba una casa, los hechos de violencia, los índices de atracos, y muy pocas veces se hablaba de esas otras cosas que son mayoritarias en la comunidad: el día a día de salir a trabajar de la gente, los procesos sociales y culturales y el desarrollo comunitario.

 

Los argumentos a través del visor

Como Documental Comunitario define Eduardo el trabajo que viene realizando desde Tikal. Una experiencia que parte de los procesos de las comunidades de La ladera y el Distrito de Aguablanca en aras de dejar de ser periferias, mediante ejercicios de participación ciudadana, de construcción de políticas públicas y exigibilidad de derechos. Se trata de un trabajo comunitario en relación de la puesta de un escenario visible, donde la participación de la comunidad, la unión y la solidaridad es fundamental.

“Uno de nuestros énfasis es la construcción de Memoria. Nuestra memoria siempre la hemos visto contada desde afuera. La necesidad de contar desde dentro, con la mirada propia y quizá distinta a la contada desde fuera –argumenta Eduardo–. Cuando arrancamos nos metimos a trabajar el artículo 45 de la constitución del 91, con el tema de la participación de las juventudes. Hicimos un ejercicio en el barrio con relación a ese tema: el papel y la participación de los jóvenes en la sociedad, los derechos de los jóvenes pero también los aportes que están haciendo y que han negado la formalidad y el mundo institucional”.

Eso se dio gracias a los eventos que ya se realizaban desde el Centro Cultural La Red, cinco años antes de iniciar Tikal, con los cuales se encontraban formas, desde lo audiovisual, traducidas en ejercicios para reconocer de donde se es. Estas imágenes eran actividades que se hacían en torno a la convivencia, pega de carteles alusivos con mensajes: como “respetémonos la piel”, “Porque la vida es lo primero”, “Ante todo la vida”; pero también se registraban eventos culturales: presentaciones de grupos artísticos del sector, y algunos que se generaban dentro de La Red; sumado a otros procesos amigos que estaban en la ladera en ese momento, y de otros que se fueron encontrando en el camino, provenientes del Distrito de Aguablanca.

Luego vinieron ejercicios de mayor envergadura con otra gente amiga. En ese camino se encontraron con a Alexander Giraldo –director de El vuelco del cangrejo–. Con él se realizó el documental “Sueños de Colores”, la historia de la estrella de Siloé, de cómo se construyó, pero también de cómo es la navidad en Siloé; otra mirada construida en relación de no solo contar los muertos dejados por la temporada decembrina, sino también de mirar la otra orilla: cómo la navidad en Siloé en torno a las fiestas, de cómo se organiza y disfruta la comunidad.

Después de ese ejercicio vino el que potencio el reconocimiento de su trabajo: “Gualas”. Un retrato de eso que para mucha gente es un transporte no ideal. “Lo que hicimos fue retratar cuáles son los aportes de éste en la ladera de Cali, por qué es importante para la gente. No solamente es un transporte que sube a personas, sino que hay toda una economía que está construida alrededor de él, de todo un ejercicio de diseño y creatividad frente a la modificación de los vehículos; pero también su incidencia cultural y social que imprime en La ladera. Pocas personas desde fuera miran esto de esa manera”.

 

Esa ciudad mostrada en las pantallas

Más de veinte documentales ha dirigido Eduardo Montenegro “Tikal”. En ellas podemos encontrar un amplio amalgama de singularidades y dinámicas propias del lugar desde donde se cuenta la historia; una suerte de estética muy definida en la temática de la construcción de tejido social, sin lugar para la exclusión, que es según Eduardo “lo que aleja el reconocimiento de las posibilidades que tiene el otro, de sus sueños. Nosotros hemos hecho una propuesta desde el barrio y se mantiene en el barrio, en la idea de cómo también la gente apropia estos saberes. Allí entran ejercicios de formación de públicos, de hacer el ejercicio de proyecciones, pero que estas no sean solamente con el cine tradicional que la gente ve, sino que también la gente se pueda acercar a manejar las cámaras, a enfrentarse al proceso de edición, que eso que grabaron en la mañana, que se editó, lo puedan proyectar en la noche, que la gente se pueda reconocer ahí”.

Entre las piezas fílmicas producidas se encuentra “Tambores de Siloé”, “Sin territorio no hay vida”, “SEXUALIDAD entre mitos y brebajes”, “Tejiendo sueños de cultura”, “Mujeres creciendo juntas”, “Yagé urbano, una planta sagrada en el barrio”, y los video clips, entrevistas y reportajes que realizó durante los dos años de emisión del programa de música Hip-hop en Telepacífico Cruzando la calle.

Sus Documentales comunitarios se destacan por su calidad estética y prolífica exposición de identidades anodinas, llenas de significado para sus comunidades como de valores recuperados a través del lente de la cámara de Tikal. “Muy pocas de nuestras producciones tienen una voz en off, quien vive la situación es quien cuenta la historia” explica Eduardo no sin referir la serie de documentales Rostros y Rastros, transmitida y producida por el Canal UVTV , el cual fue una inspiración para él hace ya más de una década.

 

Tikal sigue sus pasos

El trabajo de Eduardo Montenegro “Tikal” Cultura1mediante su trabajo ha logrado generar diversos procesos sociales que le han hecho merecedor de la Mención de Honor del Premio de Periodismo Semana-Petrobras en el 2009, y ganador del primer puesto en la versión 2011 del mismo premio. Sus producciones han sido seleccionadas para festivales de cine en Colombia y lo más importante para él, sobre cualquier reconocimiento, ha sido la identidad que le ha dado a su gente y el aval de la misma, a quienes siempre antes de presentar al público su trabajo, se los proyecta para recibir de ellos la aprobación para el tan obligada.

“Tikal” es un hombre que camina por las calles del barrio, quien dobla las esquinas para encontrar ese universo narrativo que lo alimenta y alienta a seguir. Con su equipo de trabajos entre quienes se encuentran Juan Manuel Tenorio, cámara, Andrés Gómez en la  fotografía, María del Carmen Muñoz como investigadora, personajes constantes en el acompañamiento. Pero su equipo real es más basto: toda una comunidad construyendo sentido, participando y recreando sus propias historias, desde la señora que hace las crispetas para acompañar las proyecciones en el parque hasta quienes se sientan en la sala de edición y los distintos colectivos culturales que se unen dependiendo cual sea el proyecto a realizar.

 

 

Un público satisfecho por las claras y apropiadas ponencias es el resultado de cuatro jornadas de argumentación y debate. Un importante ejercicio que posibilitó poner a la luz los cuatro siglos de las Novelas Ejemplares, lecturas actualizadas y la mezcla de disciplinas; cruces interesantes para ampliar públicos y la comprensión de un autor con merecido reconocimiento, quien con su obra marcó el 23 de abril como el Día de la Lengua, el día de Cervantes; pero que enfrenta dificultades de comprensión por su lenguaje. Combatir esto es el oficio de estos encuentros.Un universo dialógico

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