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“Para que el festival Rock Al Parque tenga sentido, tiene que estar orientado a las bandas nuevas que salen todo el tiempo”

(Fernando del Castillo – Vocalista 1.280 Almas)

 

Por: Alirio Delirio

 

Cae y se desliza la serpentina suavemente entre el humo artificial, mientras la banda chilena Keko Yoma, iluminada por las luces rojas, verdes y amarillas desde el fondo de la tarima, anuncia uno de los mejores cierres que ha tenido el Festival Unirock Alternativo, creado y organizado por el colectivo artístico musical Ra La Culebra, cuyo único género es ser “des-generado”.

Y ahí estuvo la última banda, Keko Yoma, que con un sonido similar pero no igual al de Ra La Culebra (anfitriones), se tomó el privilegio de cerrar esta quinta versión celebrada el 21 y 22 de marzo entre disfraces y cortas parodias de Guns N’ Roses, Michael Jackson y Metallica. Lo que se pensó tan sólo como una buena presentación más, terminó siendo fiesta entre banda y asistentes, entregando sagradamente a su vocalista como un sacrificio para todo el público. Entre el sudor de la gente que bailaba al son de silbatos, flautas melódicas y el estridente sonido de un bajo “Rickenbacker” efectuado con wah, se cantaba a todo pulmón “Bienvenidos al sur” con percusión de comparsa en el fondo.

La sorpresa nacional fue 8BM (jueves) y Acid Yesit, pues deslumbraron al público con presentaciones y sonidos a los cuales la escena local está poco acostumbrada. Esta última banda canjeada desde el Galeras Rock (Pasto), sin pretensiones de ser la mejor, sacó lo más hondo del sonido metalero progresivo de las guitarras, saxofones Jazz agudísimos y algo denominado por ellos mismos “Sanjuanito” que no tenía nada que ver con su tierra, propio del género “Free Style”; sonaron su primera nota diciendo “Nos cansamos que suene bonito y por eso hacemos esto”.

 

Para resaltar, la entrega al público de todas las bandas, dedicación y esfuerzo por hacer valer su presencia en el lugar. Pero, ¿qué sería de un festival como el Unirock sin crítica, donde los argumentos de la conglomeración son precisamente juzgar la rosca política, la ineptitud de algunos sectores del estado y luchar contra la represión?

 
Para iniciar una de las mejores historias que ha tenido en los últimos años la escena alternativa univalluna, debimos comenzar desde atrás, pues como toda historia de final feliz, su comienzo fue tortuoso para algunos de sus personajes. No es para menos. De las 130 bandas locales que se inscribieron y concursaron este año, escogieron veinte para el cartel oficial, de las cuales quince han tocado alguna vez en anteriores versiones del mismo. De forma penosa, y antes de sacar cualquier conclusión sobre el proceso de selección realizado, recordemos que éste es un festival internacional del cual saldrán muchas bandas; ese es el propósito, “dar a conocer el talento nacional y local”. Pero, ¿de qué sirve dar a “conocer” bandas que ya son reconocidas y re-contra-reconocidas? Tristemente el público caleño no se cansó, peor aún, cayó en la sumisión y terminó por acostumbrarse a ver el mismo cartel que suena hace más de cinco años en los festivales locales, algunos ya desaparecidos por esta misma razón. Nos convertimos en el círculo vicioso, desde organizadores hasta público, que busca vender y llenar plaza sólo para desfogar energías juveniles más que por apreciar un buen resultado musical. Como bandas, buscamos ser vistos, más no escuchados. Como público nos dejamos tratar de “madrazos” con tal que suene una distorsión. Como organizadores, no abrimos un verdadero espacio para bandas realmente NUEVAS.

 

Un festival de renombre como el Unirock, que con mucho entusiasmo y necesidad promueve una ley de Amor y felicidad, presencia una descarga de odio desde algunas bandas, no sólo con su objetivo (tema recurrente y gastado, el Estado) sino también contra su mismo público. Un festival que con gran esfuerzo y mérito ha logrado traer nuevas y excelentes propuestas haciendo intercambios de bandas con festivales nacionales e internacionales, se raja y pierde el partido de local al escoger sus propias bandas. Un espacio como éste debería tener un porcentaje (así sea mínimo), de su convocatoria para bandas que, sin bajar el nivel musical, representen la nueva movida, aunque apenas estén surgiendo, a diferencia de las ya veteranas (por no decir gastadas) que siempre hemos escuchado en la ciudad.

 

En el año 2012, la banda bogotana 1280 Almas se despidió de su presentación en Rock Al Parque pidiendo a las directivas que no los invitaran más: “Predicando con el ejemplo, queremos hacernos a un lado, pues nosotros ya no somos una banda nueva. Lo importante es darse a conocer. Y nos vamos muy felices. No dejamos de tocar y ustedes lo saben”. En cambio, pareciera que la escena caleña no avanzara. Si lo que se pretende es invitar bandas con recorrido y de talla internacional no deben entrar en competencia contra las locales, más digno es para todos mencionarlos como invitados, pero aparte. Este es un ejemplo del que, tanto bandas como organizadores y hasta el mismo público debería aprender.

 

Sin embargo, y como hecho meritorio de todos los halagos, el Unirock se consolidó una vez más como uno de los festivales más importantes, no sólo en la ciudad, pues incluyó entre sus asistentes personas de Pereira, Medellín, Popayán, Pasto, Bogotá, e incluso uno que otro extranjero que llegó solamente para ver los conciertos. A pesar de los inconvenientes climáticos del primer día, hubo abundante público y cada banda que avanzaba llenó más la plaza. Como actividad de comercio, el Unirock colabora a los estudiantes vendedores de comidas y variedades. Para celebrar, acto poco visto en fiestas locales y que debe resaltarse en su máxima expresión, en conmemoración del Día del Agua se regalaron botellas entre los espectadores, aunque la próxima vez, y como última recomendación, deberían ponerse puntos de reciclaje. Con broche de oro por buen comportamiento, se cerró una versión más del Unirock Alternativo en este 2013.

 

 

 

 

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