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Perfil 1

 

 Fernando Calero de la Pava:

 El Griot de la Diosa Muerte

 

 

 Un día despertarás/ y te dirán que he muerto/ perdulario y siniestro / Soy un cóndor perdido/ con alas anhelantes /en medio de la tormenta/ que mira abismos insondables / o vuela al infinito/ a la cima del resplandor.

 

Fernando Calero de la Pava

 

Por: Jenny Alzate

Estudiante de Lic. en Literatura

 

El narrador de la muerte vive en San Antonio, su casa tiene doscientos años, y su soledad está irresuelta; con él conviven los espíritus de los personajes de su literatura, los entes que vigilan desde los cuadros colgantes el largo corredor, y los múltiples Fernandos que lo habitan a él mismo. Todos emergen, regresan, protagonizan y escriben sus relatos y poemas utilizando como hilo conductor  su vida delirante, explosiva, surreal.

 

Cuenta la cronista de esta historia que una de tantas noches, cuando la pupila de la bruja Luna se asomó en el firmamento, Fernando Calero de la Pava salió al andén y danzó con movimientos de Guerrero gótico apuntando con una daga hacia el cielo. Las personas que pasaban por la acera de en frente, se asustaban al ver los movimientos de este habitante de la noche que con su traje negro de tirantas vino tinto y gafas rayban, parecía invocar el poder de Selene para recordar sus vivencias, recargar su pluma, y hacer cortes incisivos en su cerebro para extraer los recuerdos y narrar las historias de la muerte por la que un día, años atrás, se hizo ciudadano del mundo para observarla de cerca con sus ojos avizores que no miran sino que acechan.

 

“El Ángel Terrestre que siempre me acompaña”

 

A Fernando Julián Calero de la Pava la muerte lo escogió desde niño. A los tres años le quitó el freno de mano al auto de su padre que se había bajado minutos antes para hacer una diligencia; el carro arrancó en reversa y cayó en un caño, Fernando se catapultó hacia el asiento de atrás; excepto un leve golpe en la cabeza, el niño salió ileso. Lo narra uno de sus cuentos; fue la primera vez que sintió de cerca al “Ángel terrestre” que lo acompaña, y que en adelante lo llevó por las esferas extremas de una vida llena de aventuras, que inició cuando libraba grandes batallas con los animales de su casa, y siguió por los caminos de la ciudad tropical donde se volvió un personaje de leyenda al que  le decían “El Loco”, pues la severidad que recibió en el colegio de jesuitas donde estudió, en contradicción con el amor desbordado que le brindaban en casa y la conciencia de una sociedad injusta, lo llevaron a ser un rebelde cuyos actos desestructuraban la moral impuesta en su esfera social: “Me di cuenta cuando leí a Sartre, que éramos sujetos sujetados.Yo era un hombre casto que soñaba casarme con una mujer virgen, pero todos los instintos reprimidos al servicio del placer, regresan a manera de síntomas neuróticos. Era un niño burgués pero en una sociedad desesperanzada. Todos mis amigos se murieron por las drogas, y eso hizo que la religión no me  diera una respuesta válida. El único escape fue la rebeldía…”

 

A los 17 años las pulsiones de aventura empujaron al escritor a subirse en un crucero rumbo a Europa para estudiar medicina; la esfera del mundo se amplió ante sus ojos, conoció a la Baronesa Cristina Fongrisen, y viajó con ella alrededor del mundo como el Barón Consorte.

 

“Me fui a Europa buscando un país que me mostrara un poco la justicia social que los jesuitas me habían enseñado pero que no encontraba aquí. Siempre quise ser viajero, escritor, y estar en una rama de la medicina mental”.

 

Mientras su cabellera rebelde sentía los vientos de muchas partes del mundo, estudió medicina y un diplomado superior en Criminología en la Universidad Central  de Barcelona, y en su Instituto de Criminología de la facultad de derecho, también una maestría en Psicología y dos doctorados en University of Psychology, y en el Centro Internacional de Psicodiágnóstico y Psicoterapia: “Yo estudié criminología para saber por qué el hombre delinquía, por qué tenía una pulsión al servicio del placer hasta llegar a la muerte, y de su peligrosidad en una estructura social que lo condiciona”.

 

Hoy basta leer sus relatos para enterarse de sus andanzas con mujeres diversas a las que amó en los desiertos, en las playas y en las ciudades de los países europeos, o de las  escenas de coraje  del Fernando ficcional que construye en sus historias para darle la voz a los marginados física y moralmente; aquel  que fue trasladado en una jaula de vidrio por las calles de España saltando como un simio, o salvó  hombres y mujeres en Tailandia de las fauces de las “chinas” y los “dragones” (pases de heroína), o tiró dinero en los barrios de los gitanos por las ventanillas de un carro a toda velocidad con “el grupo Guai” mientras gritaban: “¡Yo odio la Monarquía!”, y los gitanos exclamaban: “¡Llegaron! ¡Llegaron!

 

Por todos estos caminos, el escritor-personaje se salva de morir como un protegido de la misma parca: “La diosa muerte es esquiva pero me ha acompañado y me quiere tener un rato gozándome. Me he lanzado desde un tercer piso. Me han tirado con una daga en Marruecos y me he quitado en el momento preciso”.

 

 

Si quisieras ahora venir, y acabar de una vez con mi vida, yo te lo pido, blanca mujer, que me lleves a tu eterna guarida …

 

“Blanca Mujer”. Roby Draco Rosa.

 

El primer poema que leyó Fernando Calero fue “Garrid”, y la primera novela “la Metamorfosis” de Franz Kafka. El retrato literario de estos dos personajes presas de una sociedad que los oprime con la fama y con el arquetipo de un individuo socialmente correcto, parecen haberle suscitado una profunda indignación social, por eso varios de sus relatos los narra un hombre que vio niños y mujeres muertos después de ser utilizados  para llevar drogas en su estómago, que consumió heroína cuatro años, se despersonalizó entre sus brazos casi a punto de perderse en ellos sin haberlo hecho, y cuenta con agresividad el clamor de los oprimidos, de los que roban o se prostituyen para comer, son víctimas de la violencia en Colombia, o consumen heroína, diosa temeraria de las drogas que junto con las armas, el sexo y el dinero es un tema fundamental de las historias, y la causante de la muerte o el extravío de los personajes:

 

Cada penetración de la aguja en las venas ávidas trae venenosos delirios y orgasmos bajo la piel, y el goce… el goce del juego con el émbolo en el torrente sanguíneo”.

 

Relato XLI “Compra un Caballo en Estambul”.

 

La literatura nos salva. Lo saben aquellos que vinieron al mundo a transformar la realidad tejiéndola con sus pasos embebidos por las calles del mundo. Los poemas de Fernando Calero metaforizan la soledad de los presos asfixiados en las bóvedas de las cárceles, y la crudeza de una Colombia irredenta atrapada entre hilos sangrientos a la que llama en uno de ellos “…este país de sangre y poesía…”,  donde existen plantas ancestrales como el Yahé e infecciones humanas como los políticos, protagonistas de su ensayo “De la luz y de las sombras” escrito en compañía con el arquitecto Pedro Gómez Arango.

 

Además de las voces ficcionales de las historias y poemas de Blanca Oscuridad, Herederos de la noche, Compra un caballo en Estambul, Estigmas, o El precio del placer, el discurso literario y político de este escritor Rocker del Trópiko, plantea la literatura como un acto de liberación del pasado, representación del presente y construcción del porvenir, y la realidad de Colombia como una construcción corrupta de quienes la dirigen: “En este mundo vinimos a perderlo todo; la inocencia, los seres queridos, y hasta lo que nos pertenece, el amor.  La literatura es un lugar de búsqueda, un acto de conocimiento. Tengo para escribir mientras tenga vida, y puedo narrar muy rápido porque todo lo he vivido”.

 

“Los políticos delinquen alto”.  “Los amos en las sombras son los que nos manejan, ellos se apropian de nuestras riquezas”.  “En Colombia vivimos de las remesas, la redistribución del narcotráfico y la corrupción política…”.

 

Fernando Calero de la Pava, el hermano maloso con el que Andrés Caicedo veía películas tres noches seguidas, se escandalizaba ante la salida del “vampiro” Sol, y aprendió a defenderse de los bandidos, camina hoy por las calles de Cali como un extranjero en su propia tierra, y entre las consultas psiquiátricas y la escritura espera a que al fin La Diosa Muerte, como premio por haber ofrendado sus días a conocerla y a contarla, entre por la puerta de adelante con toda su cohorte y lo bese en la boca para llevárselo a vivir con ella.

 

 

Un público satisfecho por las claras y apropiadas ponencias es el resultado de cuatro jornadas de argumentación y debate. Un importante ejercicio que posibilitó poner a la luz los cuatro siglos de las Novelas Ejemplares, lecturas actualizadas y la mezcla de disciplinas; cruces interesantes para ampliar públicos y la comprensión de un autor con merecido reconocimiento, quien con su obra marcó el 23 de abril como el Día de la Lengua, el día de Cervantes; pero que enfrenta dificultades de comprensión por su lenguaje. Combatir esto es el oficio de estos encuentros.Un universo dialógico

Congreso Internacional Cervantes

Escenarios y fronteras de la ficción