Para que los seguidores de su majestad el Rock, tengan La Palabra

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Foto Editorial (FILEminimizer)

 

 

Para que los seguidores de su majestad el Rock, tengan La Palabra

 

 

 

 “Sólo déjame escuchar algo de ese Rock and Roll

                                             tan viejo como lo elijas

                                      tiene un ritmo que no podrás perder

                                         cuando quieras que lo elija

                                             va a ser un rock and roll

                                                 si tú bailas conmigo

                                                 si tú bailas conmigo
John Lenon.


La época de la Charanga y la Pachanga se sintió unánime en Nueva York y en el orbe de los países antillanos. También en Cali, ciudad acostumbrada a la baldosa, al paso y al caderaje, se gozó como una ganga en las décadas del cincuenta y del sesenta; la bailaron los gringos que quedaban en Cali, pertenecientes a la Colombian Holding Corporation, gringos contratados para edificar el barrio y el Club San Fernando, quienes en las tardes de nostalgia se reunían a bailar Fost en el Hotel Alférez Real  y a escuchar a Nat King Cole; la bailaron con pasos de Twist en las salas de las casas del barrio norte y del oeste (Granada y el Peñón); casas con patio interior, fuente árabe y puerta cancel, donde vivían los muchachos que iban y venían de Nueva York a Cali; la bailaron mejor en San Nicolás y en El Obrero, porque allá había más mulataje y sabor, donde, como aconsejó Joe Quijano, no las confundieron con otros ritmos.

A esa música y a ese estilo le hiso contradanza el furor de otra voz, otro ritmo, robustecido por una intensa lírica nacida del descontento universal; la pasión del Rock and Roll. Por esa época, luciendo el short, las botas altas y el peinado gatica a lo Jacqueline Kennedy, irrumpieron en la escena social desobedientes muchachas, salieron a bailar torciendo el torso (twists quiere decir torcido) con gran pasión los acordes de una danza desafiante. Bailaron Rock around the clock y Hasta luego cocodrilo, de Bill Haley y sus cometas, sobre todo después de la película Al compás del reloj, estrenada en el teatro San Fernando, donde las pandillas del sur conformadas por jóvenes parecidos a Jean Dean se enfrentaron y sabotearon el estreno.

Desde esos días llegó el Rock a Cali y llegó para quedarse. Quizás porque el rock era la expresión estética de un movimiento de contracultura universal, de rebeldía, gestado después del gran ennui, ese aburrimiento y el pesimismo que sentían los europeos después de la segunda gran guerra y que generó la reacción de los jóvenes hacia el estado bélico y los rezagos del mundo victoriano contra el que había luchado Oscar Wilde, que el rock pudo lo que no pudo la música antillana, producir el movimiento de rebeldía, reaccionar contra el mundo conservador de las costumbres, interrogar el amor, el arte, y despojarse de la antigua vestimenta del siglo XIX que lucían los jóvenes.

Muy pronto el movimiento del rock lanzó raíces entre nosotros, empezaron a desfilar por la Avenida Sexta jóvenes con blue jeans y camisetas, sandalias. La música estridente sonaba en los bares y cafés que se fueron abriendo por distintos lugares de la ciudad. Los primeros grupos de rock conformados por jóvenes caleños del norte hicieron su irrupción y fueron rechazados por los padres de familia; al final una nueva estética tuvo recepción en esa generación inconforme y logró imponerse en los artistas y seguidores de todo arte y de toda filosofía de moda; la lucían los estudiantes universitarios, los profesores, los salseros, los rockeros, las madres jóvenes, los deportistas y junto a esa moda hubo la aceptación de muchos cambios en las costumbres.

Hoy el rock ha evolucionado, vive en todo Cali, son miles de jóvenes quienes disfrutan de esa propuesta estética, por eso nuestro periódico quiso cerrar el año con una última edición dedicada al movimiento del rock en nuestra región, para que los seguidores de su majestad el Rock, tengan La Palabra.

 

 

Un público satisfecho por las claras y apropiadas ponencias es el resultado de cuatro jornadas de argumentación y debate. Un importante ejercicio que posibilitó poner a la luz los cuatro siglos de las Novelas Ejemplares, lecturas actualizadas y la mezcla de disciplinas; cruces interesantes para ampliar públicos y la comprensión de un autor con merecido reconocimiento, quien con su obra marcó el 23 de abril como el Día de la Lengua, el día de Cervantes; pero que enfrenta dificultades de comprensión por su lenguaje. Combatir esto es el oficio de estos encuentros.Un universo dialógico

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