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Mi barrio 1 (FILEminimizer)

 

 

Montebello:

 Monte de fantasía, belleza real.

 

 

Un camino sinuoso. El pasado ancestral lleno de cultura Calima. El ahínco siempre presente. La juventud ávida.

 

 

Por: Óscar Villegas

Estudiante de Lic. en Literatura

El 16 de agosto de 1957, un hombre alto que caminaba siempre rápido, publicó en el diario El País: “Lotes desde $1.000. Especiales para familias pobres. Cuotas iniciales desde $100 y abonos mensuales desde $230. Teléfono 91395”. Edificadas había sólo diez casas y lotes medidos eran pocos. Estaban a tres horas de lo urbanizado, en las laderas del cerro de Las Tres Cruces. Cali era apenas una infante que disfrutaba, sin dar poco más que una sonrisa, de la llegada de caravanas errantes que le acariciaban la silueta para quedarse. Don Rogelio Valencia fue uno de los que empezó a hacer dinero con la montaña donde se encontraron vestigios del tesoro Calima, ese que resistió el asedio cultural y por siglos evitó caer en blancas manos. Diez “guacas” le dieron nombre al sector donde fueron halladas, y varios pesos al afortunado más oportuno.

 

Las tres horas se acortaron. Salir del bullicio frenético que abraza a un pueblo grande con pretensiones de ciudad, y llegar a este monte sin duda bello, ahora solo necesita de treinta minutos. Como siempre lo fue, hoy el paisaje es de ensueño; el valle que se desparrama imponente, dos faldas como paredes que parecen encerrar el caserío, un río que desfila a su costado, techos que se confunden con el cielo y varias especies de aves legitiman la belleza de este corregimiento. Será por todo esto que la gente es bonachona y regala una sonrisa antes de los buenos días. Y es que al caminar estas lomas y respirar sus aires frescos, el espíritu se inunda de la plácida añoranza de un habitar campestre. Dan ganas de trastear los corotos.

 

Surgido como vereda adscrita a Golondrinas, se hizo corregimiento gracias al brío de sus gentes. Cuentan los ancianos que, la vereda del nombre de ave, empezó por ambición de un señor delgado, con bigotes de brocha y un balón por barriga, que halló una veta de carbón donde anidaban grades bandadas. Hizo algunas casas para los mineros que, desde el suroccidente del país, llegaban huyendo de una violencia promiscua y de la miseria puta. Bajo el compromiso de trabajar y cuidar el terreno, se quedaban con la vivienda. Gracias a Santos Barberena, el primer propietario de los terrenos, se inició la población en este rincón de los farallones.

 

En los 60´s un deportista incansable subió en su bicicleta a conocer los lotes. Paisa, manizalita recursivo y emprendedor, líder de la insipiente población. Vicente Zapata. Un día, con láminas y aparatos de segunda mano, Vicente hizo la primera planta eléctrica de Montebello, en el sitio que se bautizó el Alto de los Paisas. Desde allí, con un megáfono, se produjo el primer noticiero que, todos los días a las siete de la mañana informaba los acontecimientos del sector y de Cali. En otra ocasión, se presentó ante los directivos del municipio para reclamar electricidad; para ganarse este servicio, un mínimo de 200 hogares deberían estar en pie. Él dijo que ahí convivían 250 familias cuando en realidad había solo treinta. Mandaron a instalar la energía. Cuando llegó el primer recibo, citaron a Vicente. La electricidad estaba puesta, y ante el reclamo él argumentó que algún día, esas 220 familias faltantes, iban a estar para dar uso al servicio. Este visionario personaje ayudó bastante, y la gente recuerda con risas su picardía.

 

Este es el corregimiento de Cali más joven, más pequeño y curiosamente el más poblado a pesar que, como dice Alberto Leal, presidente de la Junta Administrativa, “desde que Montebello era vereda de Golondrinas, siempre ha sido una lucha para conseguir las cosas, sobre todo los servicios básicos”. Las necesidades propias de un asentamiento en proceso funcionaron como la benigna amalgama para vallunos, caucanos, nariñenses y paisas que, una vez en Cali, en busca de nuevos cimientos, buscaron un suelo similar al que dejaron en sus tierras natales. Con el arribo de estos primeros pobladores, un sentimiento de propiedad se instaló en estas lomas. Desde el principio, los habitantes se organizaron para solucionar las dificultades del terreno que, aunque hermoso, no ocultaba su hostilidad.

 

Contar con un acueducto que responda a las necesidades ha sido casi una utopía. Los recién llegados, con mangueras y haciendo canales, se las arreglaron para desviar el rio y los nacimientos de agua que regalaba la generosa montaña. Después, pensando en el aumento de la población, se logró fabricar un tanque donde hoy queda el sector La Y, para suplir la creciente necesidad. Esta determinación colectiva terminaría en la empresa Serviaguas, que hoy surte más del 90% de la comunidad. En años pasados el agua llegaba durante dos horas cada cinco días para, más que depurar la necesidad, alterar el pueblo. A finales de los 90´s, la olvidada responsabilidad que se adjudicó el Concejo Municipal, al nombrar a Montebello como corregimiento adscrito a la comuna 64 del sector rural, suscito las tutelas y la participación conjunta de la población en el reclamo de un acueducto con una planta de tratamiento de aguas residuales. A pesar de esto, las falencias aún existen y siguen creando discordia entre los habitantes. Hace sólo cinco años, las riñas por obtener el líquido cobraron una vida.

 

Los declives y ascensos en donde se han levantado las casas, dan forma de gota al asentamiento. Parece que se desliza prudente hacia el valle conforme pasa el tiempo. El rastro que deja no miente. El pasado se muestra descarado y hace constar las palabras de don Alberto cuando nos cuenta “todo fue muy luchado”: el alcantarillado al igual que la carretera, existe, gracias a la mano en el drill de los habitantes. El municipio siempre dijo que no tenía con qué, prestó los equipos y la población asumió el pago de los obreros. En mayor o menor medida, el compromiso de los residentes estuvo presente. Algunos colaboraban en las noches después de cumplir su jornada laboral, otros se desprendieron de sus bienes, como el señor Florentino Aragón, que vendió su carrito e hipotecó su casa para ayudar a pagar las cuotas. Este es un corregimiento que ha sido levantado con mera fuerza y gestión popular. De esto nos damos cuenta, entre otras cosas, cuando conocemos su alcantarillado carente de petar, y sabemos que los desechos de cada casa caen al río El Chocho, bajan un escalón al Aguacatal, y otro más para llegar al río Cali. No podremos ver las jornadas de limpieza a este último sin pensar en el absurdo.

 

A finales de los 90´s, el mineral que encontró Barberena abandonó casi por completo la montaña, y ésta no se dejó manosear más. El comercio allí es poco. Tiendas, graneros y fritangas, no mucho más. Entonces, la gente que trabajaba en la minería, al lado de las comadrejas, conejos, gurres y aves, se vio obligada a bajar de su paraíso y buscar empleo en Cali. El corregimiento fue tomando carácter de dormitorio. Transporte otorgado por la ciudad, hubo por muy poco tiempo y deficiente. Así que aparecieron las Gualas, que trasportan grupos aproximadamente de veinte personas pero sólo hasta las nueve de la noche. Y con esto surge otra problemática, pues no puede surgir ninguna emergencia después de esta hora, además, el único puesto de salud que hay para los cerca de 9.000 habitantes, funciona sólo hasta las cuatro de la tarde, de lunes a viernes.

 

Aunque existen contrariedades que se podrían convertir en un atolladero de voluntades, las personas apropiadas de este corregimiento han hecho cuanto está a su alcance por él. Se muestran creativos, ambiciosos y con sed de progreso. Las generaciones jóvenes son la bonanza para el crecimiento. Así, en el 99 nace la biblioteca, que ostenta el nombre de un chico asesinado, mientras desfrutaba del río, en un enfrentamiento militar y después aparecería con un fusil y dos granadas en una mochila; Rumenige Perea Padilla. Con la necesidad de fortalecer los procesos que ésta encabezaría, conjuntamente se crea FUCOM (Fundación Comunitaria de Montebello). Entidad no gubernamental en la que trabajan cerca de treinta líderes comunitarios. Hay más de 200 personas vinculadas a procesos culturales activos en esta malograda montaña. Desde los adultos mayores que danzan o hacen manualidades, pasando por el cine club que proyecta sin falta cada jueves, hasta los grupos teatrales Luna Llena y Claro Oscuro que introducen jóvenes adolescentes en un mundo donde las cosas más grandes son detalles.

 

Así fue el progreso de este pueblo y así se lo piensan los jóvenes ahora. Sin duda siempre mira para el frente, sin importar que las entidades municipales y gubernamentales sólo miren cada dos años hacía la montaña.

satisfecho por las claras y apropiadas ponencias es el resultado de cuatro jornadas de argumentación y debate. Un importante ejercicio que posibilitó poner a la luz los cuatro siglos de las Novelas Ejemplares, lecturas actualizadas y la mezcla de disciplinas; cruces interesantes para ampliar públicos y la comprensión de un autor con merecido reconocimiento, quien con su obra marcó el 23 de abril como el Día de la Lengua, el día de Cervantes; pero que enfrenta dificultades de comprensión por su lenguaje. Combatir esto es el oficio de estos encuentros.Un universo dialógico

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