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Un Perfil de Tomás Quintero: La brevedad de la línea de tu mano

 

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  Un Perfil de Tomás Quintero:

 La brevedad de la línea de tu mano

 


“Tomás era un tipo distante, tenía cara de griego

 y mirada de acróbata” Gustavo  Álvarez Gardeazábal.

 

 

Por: Jimena M

Estudiante de Lic. En Literatura.

 

Muere el  domingo  3 de Junio del año 1978, a causa de un infarto, o quizá por asfixia; su muerte ha sido un misterio doloroso,  trajo consigo el pudor de recordar. No hace falta precisar lo que algunos han borrado como olvido. Y pasó una negrita con otros como en una caravana de negritos, y una de ella se detuvo y le dijo que no se bañara porque se iba a morir, y él como que se  rió, dice Fernando Cruz Kronfly, eso cuentan quienes estaban con él allí, bebiendo a la orilla del río, como bañándose.

 

Tomás: La brevedad de la línea de tu mano/ Te condena a una vida corta.

 

Y la verdad nos dejó pasmados, la pérdida de un gran amigo y ser humano en el mejor momento de su vida, pienso yo. Estaba produciendo, escribiendo mucho, y precisamente en ese momento se nos va, dice Marino Cañizales, amigo de los Setenta, compañero de bandera, y cuando estaba en Buga, la noche de los comicios, día en que Turbay Ayala gana las elecciones Presidenciales, escuché a la madrugada de ese lunes la noticia de su muerte en circunstancias muy penosas para todos.

 

Su voz leve. Acomoda el pelo raso, bebe un poco: era como un golpe a la generación, murió muy pronto, cuando ya había muerto Julio Arenas. De Julio recuerdo que tenía una salud muy frágil, fue cercano por muy corto tiempo. Me regaló en alguna oportunidad un libro de viñetas, era muy brillante y realmente lo que escribía era bastante bueno. Yo creo que Julio hubiera podido hacer una carrera de escritor muy significativa, dice Fernando Cruz Kronfly,  escritor, abogado y actual profesor en la Facultad de Administración de la Universidad del Valle.

 

Dice Tomás, mientras mira pasar un viento frío desde la banca olvidada de algún parque: Si decís/ si me hablás de  aquellas noches del vino y la / (palabra/ y de la risa con que disfrazabas/ Tanto dolor, tanta nostalgia/ si decís/ Si llamás desde tu muerte joven/ Desde tu muerte llena de poemas/ Desde ese sufrimiento que subió por tu huesos/ (dando gritos (…) , y recuerda: Hasta el Socialismo siempre, camarada.

 

Militaron en la Federación de Estudiantes Universitarios, ciertas ideas trotskistas sobre el arte los unían, la efervescencia intelectual insistía en la idea, ahora común y polémica, del Arte como un instrumento de servicio a las ideas políticas; lo que no era arte político era arte burgués, arte desdeñable, influencia deformadora de una coyuntura que delimitó a la generación de los años sesenta y setenta.

 

Egresado en Letras de la Universidad del Valle; primera promoción, año 1970. Profesor temporal del INEM. Pasado el tiempo ingresó al Departamento de Literatura de la Universidad Santiago de Cali, cuando el Vicerrector era Estanislao Zuleta. Como profesor de Literatura Impartió la catedra de Balzac. Después pasó a formar parte del grupo Docente  de la Universidad del valle, destacándose por sus clases del Quijote y del Siglo de oro español. Creo haber hecho tres cursos con Tomás en los primero dos años de mi carrera; Teoría del cuento, El Quijote , a él le gustaba mucho la literatura del siglo de oro español , y el curso de Cervantes, dice Darío Henao,  estudiante de Tomás, Licenciado en Letras de la Universidad del Valle.

 

A Dagoberto le pesan las palabras, el tiempo entre cada idea es una cavila lenta, morosa. El temple tenaz dice: “Tomás ahora debería de tener, tal vez, unos 65 años.”

 

Juntaba una cosa que es muy difícil  de comprender cuando uno está muchacho; la severidad con libertad. Permitía en las clases mucha libertad para que los estudiantes opinaran, pero también actuaba con mucha severidad cuando descubría que no estábamos leyendo, que andábamos de caña en la clase; era un hombre muy severo y exigente con las lecturas. Él tenía una mirada que calcula, que mide, que  pesa el peligro, que lo detecta, recuerda Julián Jiménez  Pimentel, estudiante de Tomás, Licenciado en Literatura y actual director de la Escuela de Estudios Literarios, Universidad del Valle.

 

Tomás: Has comenzado en la palabra / Terminaras en ella

 

 

Profesor de Física en el Politécnico, integrante de la Barra Marquetalia,  nombre en honor a la región que en ese entonces dirigía Tiro Fijo, pasajero de los barrios ásperos, gloriosos; muchacho de chaqueta  y  blue jean americano, traje de extranjero. Y entonces se formaban las peleas: “que hay un tipo que se llama balacera por el parque del águila, medítele vos;  me le mido hp.” “que hay un tipo llamado el oso que vive por el hospital departamental; me le mido, me le mido”. Y todo eso, así visitábamos al oso, a muñequita, a franklin. Recuerdo que Tomás iba a la barra, y  todo el mundo: “Quibo viejo Tomás”; nos trabábamos y se iba, él era de pocas palabras con nosotros, dice Dagoberto, con un saludo que ahora tiene por nombre: Monpirri.

 

Lázaro Osorio, amigo de barriada

 con el duro San Nicolás de los 60

 y que murió en lo suyo.

 

Pocos en verdad lo conocieron/ Pocos tal vez podrán contar su historia/ Joven y hermoso era. /Bacán de la Milonga y las Esquinas. /El barrio y el cuchillo hicieron su leyenda. /Terco y audaz, fue siempre con la muerte. /Una noche encontraron/ Y los dos se sonrieron.

 

Conocí a Lázaro; era un muchacho muy pintoso, muy tenaz, muy metido en una soledad que lo iba a llevar a actos fuertes. Vi una noche cuando él le metió un cuchillo en el estómago a un tipo, un bravero. Es un personaje literario compartido que conocimos por caminos diferentes. A Tomás y a mí nos unían ese tipo de cosas, dice Umberto Valverde, escritor y periodista.

 

 

 

Participó en varios grupos de estudios, junto a Fernando Cruz Kronfly, Julio Arenas,  Eduardo Serrano; dirigidos por ellos y conformados por estudiantes de la Universidad Santiago de Cali. Persistía  la idea de ser unos intelectuales fuertes, futuros pensadores al servicio del país; leían hasta al amanecer, como parte de una responsabilidad generacional. Después venían los tragos, las charlas que hacen amigos, el encuentro; la Casa Vieja, lugar antiguo cerca de la Universidad, que antes era lo que hoy es Proartes,  les servía de recinto. Así conocí yo a Tomás y nos fuimos volviendo más amigos junto a Julio Arenas, dice Fernando Cruz.

 

A Tomás le encantaba el ron con Coca-Cola, limón y hielo, ese era el trago de Tomás, dice Hernán Toro, Licenciado en Letras de la Universidad del Valle y amigo cercano de Tomás, con una sonrisa intermitente: William anunciaba: “Ahora vamos llegando al aeropuerto de la habana, y nos bajamos para hablar con…” Se escuchaba música Antillana espectacular; La Sonora Matancera, Cortijo, Daniel Santos. Nosotros,  todos le decíamos el bar de William, pero que se llamara así, no sé. Cuando se pasó  a la novena con 74 se llamaba La Habana o El habanero, que lo frecuentábamos mucho, pero también estaba otro, Metropol que era un huequito al frente de club Noel.

 

Una mañana, el bohemio que escribía poemas en el bar, tomó una botella y enloquecido, en dirección a su oponente,  apuntó el pico filudo.  Tomás era callado pero recuerdo una pelea un día a las 6:00 de la mañana, estaba enloquecido, dice Umberto.

 

Tranquilo pero tenaz el hombre. Y Todos confluían.

 

-Una de las cosas que me gustaba y admiraba de Tomás era que él en medio de éstas rumbas escribía su poesía, claro,  después las pulía, dice Fernando Cruz, y completa Hernán con un movimiento lento a  través de su mano herida: él escribía en sitios inverosímiles, en soportes inseguros; no le importaba, tenía una relación con la poesía algo curiosa, lo que él buscaba era escribir, después de escribir ya estaba satisfecho.

 

Un pájaro busca la última campana/ tal vez la de mi barrio

 

Su lentitud le otorga un cierto histrionismo: era menudo  y  tenía verracamente vitalidad para los golpes. Yo tengo una anécdota;  a mí me estaban dando dos tipos, y en esas Tomás pasaba, y al ver que le estaban pegando dos tipos a uno,  sacó la correa y comenzó a brincar; ya éramos dos. La pela la ganamos. Era muy ágil, muy enérgico, muy vital. Esa fue la única vez que yo me sentí bien con Tomás; él era solitario, era un tipo solitario, dice Dagoberto.

 

Cuando el siglo moría de cansancio entre la/ (guerra/ Llegaron los abuelos./ Bajaron cabalgando en mulas jóvenes/ Por la calle Real del sol y piedra./ Cargaban con baúles y negras milenarias/ -que no esclavas sino parte de su propia historia-/ Mi abuelo, su guitarra y su bigote/Blanco, como ala de paloma, durmiéndose en el/ (labio…

 

Vivió en un barrio matriarcal; compartía los bares, la música, la prostitución como ritual de iniciación para los jóvenes precoces. Calle 18 entre la 6ta y 7ma, San Nicolás que en el comienzo de su distancia histórica fue El Bayano, casa próxima de la Sede del Sindicato Obrero de Cali. Continuó en ese lugar hasta casarse con Domínguez, Mujer con quien tuvo dos hijas y de quien no se recuerda el nombre; delgada, casi rubia, de imagen firme. Un día/ mi barrio fue todo eso/ un día , dice Tomás, que estás la barba en la mano meditabundo, la  mirada humedecida, un poco de ron, un poco de ron.

 

- Tenía una biblioteca muy buena para su condición de estudiante y de habitante del barrio San Nicolás, es decir, sin mucha plata, tenía una buena biblioteca, era un mueblecito en madera con unas puertas en vidrio lo cual permitía que sus libros permanecieran siempre en buen estado, contrariamente a  los  libros de otras personas, como yo, dice Hernán, expuestos al polvo, a todo.

 

En el amanecer de un Diciembre del año 74, dice Tomás: Los libros, un sillón, /Algo de licor, / La Música, / Corredores umbríos,/ Los helechos…

 

-¿Me entiendes? No es fácil, dice Umberto en la mitad de la sala, desarmado, con el polvo residual de una coraza, con los pies juntos en la guardia de su pudor. La vida pasa furtiva y nadie tiene tiempo para el pasado.  Si aún los conocidos se olvidan de los conocidos ¿Por qué no olvidarse de los menos conocidos? Cuando vi la fecha de la muerte me pareció tan lejana, tan distante…

 

Tomás,  solo nos quedan tres cosas: /  El llanto/ el silencio / y el recuerdo.

 

Hombre de expresión precisa, de apego descuidado por las letras; las palabras pequeñas ausencias que no satisfacen, soledad placentera, medio limitado.  

 

-Nuestras luchas eran luchas abiertamente de izquierda, orientadas por un sentimiento de defensa de los recursos propios, en contra de la voluntad expansiva, creciente e invasiva del gobierno Norteamericano, de sus políticas de gobierno, en defensa al campesinado, en defensa de una autonomía. Nosotros estábamos organizados alrededor de la FEU, de la cual él y yo fuimos miembros, dice Hernán Toro, mientras  Julián Pimentel recuerda: cuando yo estaba muy muchacho, en las luchas estudiantiles de 1971, yo era un estudiante de bachillerato, nos movilizábamos en secundaria,  y nos dirigíamos siempre hacia la Universidad del Valle, que en  ese entonces era en San Fernando. Una de las cosas que me sorprendió mucho, fue encontrar en las paredes unos fragmentos del poema que Tomás escribió a Tuto Gonzales: perdona, yo sé que lo sabías/ Que aquí es costumbre antigua/ Fusilar primaveras y asesinar gorriones/ Que no quieren jaulas. /II /Caíste en el silencio/ Con las a las plegadas/ Y claveles violentos floreciendo en tus hombros.

 

 

Tomás: la bandera roja ha comenzado a crecer de tus entrañas.

 

 

Eran dos los personajes; El Tuto Gonzales y La Vietnamita. La segunda,  quien por la guerra que en ese entonces vivía Vietnam y sus rasgos orientales, fue designada como un personaje más de los que aparecían en la prensa. Su nombre real es Victoria Donneys, o como dice Hernán, Vicky. Líderes socialistas. Estuvo presa, fue quizás, la mujer más  inteligente que yo he visto en toda mi vida, dice Umberto. Hernán comenta: Vicky extraordinaria, era una dirigente muy lúcida, muy provocadora, muy consecuente con lo que decía y hacía, muy cercana a todos nosotros. Y recuerda: -“Qiubo Tuto”, y él: “Qiubo hermano” Era un muchacho estudiante de Popayán, dirigente del movimiento Socialista, que lo mataron en una manifestación a comienzos de los 70, hermano de un compañero nuestro del Universidad de  luchas política que se llama Camilo Gonzales, que fue presidente la FEU.

 

 “El amor es muy valioso, Mercedes,

Debemos cuidarlo”.

 

Has entendido que la lucha de los cuerpos/Amándose/ No es ajena/ A la lucha de los hombres/ Pero, entendámonos: /A la lucha que implica/ La muerte de los hombres/ Que quieren que otros vivan./ Quiero tu mano.

 

- Lo puedo decir con tranquilidad, él tenía realmente un romance muy fuerte con otra muchacha, y él tenía para esa relación un garaje por Granada, dice Umberto, creo que eso mismo puede mostrar lo que era Tomás,  él era un hombre conservador en ese sentido, nunca quiso romper su relación familiar,  por sus hijos y toda esa cosa, pero tenía esa libertad de tener relaciones por fuera.

 

La relación con Mercedes se hizo muy evidente, Tomás se divorcia y durante 8 meses se hospeda en la casa de Hernán Toro.

 

Amiga te digo/  En mi casa solo está/ El libro de Homero

 

Desde el punto de vista teórico le gustaba mucho los estructuralistas, y ya de poesía, le gustaba mucho García Lorca, Mayakovski, Hernández, Machado, Borges, que era un ídolo generacional nuestro, Neruda, Vicente Huidobro le encantaba, Nicanor parra, la prosa de Juan Rulfo, y los poetas comprometidos políticamente; Ernesto Cardenal, Cesar Vallejo , también le gustaba Walt Whitman, claro, en su traducción, y bueno, la literatura española.

 

En  septiembre de 1978 Carlos Vásquez Zawadzki publica el libro  “Venid a Buscar Conmigo La Muerte o La Libertad”, polémico y cuestionado, que recopila poemas “ligeros” escritos por Tomás Quintero junto a “LOS POEMAS DE LA AUSENCIA”, que con anterioridad habían sido publicados por él.

 

- Creo que a Tomás le faltó tiempo para que su obra madurara, para hacer un libro que le hubiera dado un lugar en la poesía caleña y colombiana .Yo creo que  le ha faltado una nueva edición, que ameritaría hacer una recopilación justa de sus poemas, dice Umberto. Fernando Cruz continúa: La impresión que siempre tuve en su momento es que Tomás era buen poeta y que no todo valía. Carlos lo que hizo cuando publicó el libro, fue recoger todo lo que había sobre Tomás y publicarlo tal cual, cosa pues, si se le hubiera hecho una edición crítica y se hubiera separado en el libro lo que eran improvisaciones con los poemas más trabajados, creo que se hubiera dado una idea más completa de Tomás. Reunir todo sin esa advertencia de editorial no fue lo más certero.

 

Julián Jiménez comenta: y tiene muchos problemas porque recogieron cuanta tontería escribía Tomás en las fiestas; Tomás tenía el vicio de dejar  escritos, papelitos en las bebas, en todas partes dejaba cosa escritas, pero eso no se salva, se salva lo que él elaboró, lo que él tuvo que construir.

 

Tomás: Y en las tardes / Cuando escuches sirenas anunciando/ Los eternos retornos,/ Los regresos/ Tendrás que acordarte entonces de los otros,/ De los que quedaron/ En un pedazo del mundo/ Levantando las hogueras.

 

Hernán recuerda lo que Tomás alguna vez le dijo: Caminaré contigo por Europa / sin moverme de mi barrio triste/ de mi bar sembrado de botellas/ de mi música vieja y mis tambores. (…) Caminaré / Hacia el Arc du Carroussel o Tuilleries/ Hacia los canales de Amsterdam / Hacia algún atardecer brumoso en Liverpool/ Caminaré contigo/ y todos los días será más honda la tristeza/ más agrio el vino/ más duro el pan entre los dientes/ Pero/ Caminaremos juntos por Europa/ -Objeto amado- / Aunque sea largo el tiempo de estar muertos/ Aunque en mi barrio pobre/ el absurdo lo arruine todo/ lentamente…

 

Y dice: Era un poco el imaginario que tenía Tomás de lo que debía ser parís, y parís no es lo que Tomás creía en ese poema. Él era casi como una planta, muy metida aquí.

 

Tomás: El nombre de la historia sobre tu nombre; eres sobre el nombre de unos cuantos hombros. Hoy los helechos crecen, el ala de bigote se ha hecho tierra, los nombres acrecientan y el barrio marchita. La distancia te ha organizado; repisa oculta, envuelto de polvo, intercalado por dos personas que todavía divisan tu entrada, la pérdida, la distancia que no es excusa. Los lectores prematuros no recordamos ni siquiera por Carrera. El nombre de un recién nacido, dicen algunos. 

 

-Dice Tomás: Algún día sabrás que hasta el recuerdo muere.

 

 

- Sentí que aquel otoño se alejaba lento. Le dije adiós. No contestó.

 


Un público satisfecho por las claras y apropiadas ponencias es el resultado de cuatro jornadas de argumentación y debate. Un importante ejercicio que posibilitó poner a la luz los cuatro siglos de las Novelas Ejemplares, lecturas actualizadas y la mezcla de disciplinas; cruces interesantes para ampliar públicos y la comprensión de un autor con merecido reconocimiento, quien con su obra marcó el 23 de abril como el Día de la Lengua, el día de Cervantes; pero que enfrenta dificultades de comprensión por su lenguaje. Combatir esto es el oficio de estos encuentros.Un universo dialógico

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