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Iglesia y ciencia, una relación antigua y difícil

Por: Orlando Grijalva*  

 

Sediento de saber lo que Dios sabe, Judá León se dio a permutaciones.De letras y a complejas variaciones y al fin pronunció el Nombre que es la Clave

J. L. Borges, El Golem

Y es que con el devenir histórico, para la religión católica, la ciencia se convirtió en un método racional para explicar el mundo.

En la actualidad, concluye el profesor Giraldo Gensini, el acercamiento a la obra de Dios continúa de la mano de los avances científicos, del develamiento de las leyes que rigen el universo natural.

Desde la antigüedad, la relación entre la Iglesia y la ciencia, no tuvo un buen comienzo. En Cosmos, Carl Sagan narra que en el 450 dC fue asesinada Hipatia por una turba alentada por el arzobispo Cirilo. Ella fue el último científico que albergó la Biblioteca de Alejandría, el proyecto ilustrado más universal y ambicioso de todos los tiempos. El motivo de este magnicidio: esta mujer era un símbolo de la cultura y de la ciencia que la primitiva Iglesia identificaba con el paganismo.

En el siglo IX, Carlomagno había establecido un vasto imperio en el que la ciencia y el saber ilustrado eran factores dominantes. En su corte se congregaron eruditos como Alcuino de York, profesor y eclesiástico inglés, responsable, en parte, de la actual escritura occidental, basada en la escritura denominada carolina o carolingia. En palabras del profesor Manuel Giraldo Gensini, en la corte de Carlomagno coexistían el poder romano y el poder de la Iglesia. En la navidad del año 800, él fue invitado por el papa León III y al arrodillarse a rezar, éste, en una maniobra confusa, le impuso la corona de emperador, acto que al parecer tomó por sorpresa al monarca. Lo discutible de esta coronación radicó en el hecho de que aunque que Carlomagno, por la extensión de sus dominios, era ya un emperador, fue la Iglesia, el Ministerio de Dios en la Tierra, quien le confirió el título. Probablemente se tenga una luz para este incidente confuso, si se considera que al nombrar a su sucesor, Luis I, El Piadoso, Carlomagno lo coronó personalmente, prescindiendo de la bendición del Papa.

Con la vinculación de la Iglesia al estado, una pugna se hizo evidente entre los obispados y las abadías o monasterios. Los primeros habían emprendido un camino de fortalecimiento económico y político; los segundos, propendían por una iglesia mística, filosófica y religiosa, con un carácter mendicante. La pugna se resolvió a favor de la Iglesia de la ciudad, poseedora del poder económico y militar, que persiguió y casi exterminó a la otra. No obstante, algunas congregaciones religiosas se adaptaron a la vida de las ciudades y en una inteligente maniobra se vincularon a los procesos educativos en forma de colegios y universidades. La influencia de estas congregaciones ha sido determinante en el avance de la ciencia. En América, una vez que la Conquista desencadenó su papel de sometimiento, fueron las diferentes congregaciones religiosas las que, a la par que cumplieron un papel evangelizador, abrieron las puertas a la ciencia de Occidente, que en Colombia tuvo su inicio formal con La Expedición Botánica, a cargo de un sacerdote, José Celestino Mutis.

Y es que con el devenir histórico, para la religión católica, la ciencia se convirtió en un método racional para explicar el mundo. Pero la influencia del proceso naturalista, explica Peter J. Bouler en su Historia Fontana de las Ciencias Naturales, trajo consigo una serie de consecuencias sobre el papel de Dios en el mundo material que, hasta la Edad Media, estaba determinada por Platón y Aristóteles. Del Génesis se desprende que Dios creó el universo pero no vive en el, él es distinto de su creación y de la naturaleza. El Naturalismo, explica el profesor Giraldo Gensini, llevó a ver el mundo como una máquina que opera gracias a unas leyes y principios creados por la Divinidad y que son comprensibles para el hombre, sólo mediante la razón, otorgada, por supuesto, por Dios. Esto fue una forma de aportar elementos de juicio a una disputa histórica entre ciencia y religión, debido a que tal como lo advierte Bertrand Russell en Religión y Ciencia, “El credo religioso difiere de la teoría científica porque pretende encarnar una verdad eterna y absolutamente cierta, mientras que la ciencia es siempre provisional...”. Ahora bien, la interpretación naturalista, explica Bowler, trae implícita cierta concesión: si Dios otorgó la razón sólo a la humanidad, también le cedió un derecho de explotación sobre la Tierra, hoy ampliado gracias a la tecnología, a los astros vecinos. Al parecer, esta interpretación no incluye una cláusula que prevenga los excesos que deterioran irreversiblemente los ecosistemas naturales. El mismo Bowler discute una interpretación alterna; Dios creó la tierra y le confió su cuidado al hombre lo cual, claramente, implica un uso responsable de ese recurso ajeno, so pena de incurrir en el abuso de confianza, aunque esta actitud imperó sólo hasta el inicio de la revolución industrial.

En la actualidad, concluye el profesor Giraldo Gensini, el acercamiento a la obra de Dios continúa de la mano de los avances científicos, del develamiento de las leyes que rigen el universo natural. A este respecto, vale la pena recordar las afirmaciones que tras la muerte del Papa Juan Pablo II, hiciera el físico Stephen Hawking, a propósito de una supuesta reunión que sostuvieron y en la que el difunto Papa le habría dicho: “Está bien estudiar el Universo y dónde se originó. Pero no se debería profundizar en el origen en sí mismo, puesto que se trata del momento de la Creación y de la intervención de Dios”.

Agradecimientos al profesor del Departamento de Biología de la Universidad del Valle, Manuel Giraldo Gensini.


Fuentes:

Bertrand Russell, Religión y ciencia, Fondo de cultura económica, México, 1973

Carl Sagan, Cosmos, Macdonald Futura Publishers, London,  1980

Peter J. Bouler, Historia fontana de las ciencias, Fondo de cultura económica, México, 1998.

*Maestría en Ciencias-Biología,orlando.grijalva@gmail.com