Homenaje – Versos navegantes desde Guapi

Versos navegantes desde Guapi

Homenaje a Helcías Martán Góngora



Por: Ana Tulcán
Trabajadora social




Helcías Martán Góngora (1920 – 1984), poeta colombiano.
Foto: https://www.caroycuervo.gov.co/catedraherenciaafricana/helcias-martan-gongora/


Todavía lanzo mi red
entre el pregón de las palabras
y el silencio nocturno de la sed,
en busca de la perla del poema
que oculta yace en otro ser,
por la gracia inefable del agua
y el ministerio azul del pez.
Helcías Martán Góngora


Se ha dicho que el agua salada es un elemento curativo en todas sus formas: océano, llanto y sudor. Luego de seis meses sin vacacionar en las orillas de la infinidad, muchas personas coinciden con la incesante necesidad de visitar el mar. Esta vez buceamos con las palabras escritas por el Poeta de la sed, Helcías Martán Góngora, quien nació en el municipio de Guapi en 1920 y dejó registro de su vida como abogado, escritor y funcionario público hasta el año 1984. Se puede sentir el oleaje con el espíritu del guapireño en una amplia variedad de poesía, cuentos, ensayos y novelas de Literatura Afrocolombiana. Entre los títulos que sobresalen están: Balada de Esclavo (1937); Humano litoral (1954); En Exilio (1967); Breviario Negro (1978); y su obra más reconocida, Socavón (1966).

El mar. Quién durante la cuarentena deseó muchas veces tenderse en la arena, escuchar la sinfonía de las olas y dirigir la mirada hacia la línea divisoria donde todos los días se pone el sol. Después de cuarentena, una voz africana, reveladora y voraz nos invita a la revolución, a la libertad y al amor por medio de la poesía. En Música de Percusión (1974) Martán Góngora tiene preparado un coctel de letras con sabor a camarón, acompañado del ritmo del litoral que expande la imaginación y a la vez recrea la escena de nuestro reencuentro con la infinidad. Podemos realizar un breve recorrido con el autor de este libro y disfrutar de los poemas contenidos en cuatro parajes: Pregones de Mar, Pliego Sellado, cuaderno Apócrifo y Música de percusión. En ellos encontramos un relato autobiográfico, un homenaje a los lugares donde perteneció, preciosas odas de erotismo y algunos conjuros en clave de mar.

Según la astrología, Helcías es un Signo de Pez y bajo este título escribió:

El sueño de mi infancia tuvo nombre de río.
Mi adolescencia hunde su raíz en el mar.
No llevo sobre el tórax tatuaje de marino
Más fluye en mis arterias la savia del coral.


El escritor nos familiariza con las aguas arenosas desde las orillas hasta las profundidades donde acontece la realidad marítima como cualquier otra, peces emigrados de la sangre; peces enanos que comparten el cautiverio con las tortugas gigantes; peces voladores y peces prisioneros que reciben la visita de los amigos de la infancia. Dicha extensión de agua en su ondulado movimiento es inspiración y curación, es el hogar permanente donde Helcías reúne al pescador, al hermano mayor y al viajero y juntos dialogan con el Creador de noche o de día.

Como poeta creyó que la historia del pez ángel había reencarnado en él, por eso del mar se sentía esclavo y dueño. Entre gaviotas, caracoles y estrellas creció como hijo del agua y aunque trabajara como funcionario público por varios años, Martán Góngora nunca abandonó la pluma para dedicar un poema a las aguas grises que están al otro lado de los Farallones, vengo de la ciudad a lavarme los ojos en el aire del mar, expresaba, cada vez que se entregaba a las olas en alma y cuerpo.

En esta obra el autor también hace referencia a personajes importantes. A Delia Zapata, bailarina y folclorista del país, le declamó:

¡Delia de ojos pretéritos,
sacerdotisa negra!
Delia, cuerpo de música,
Dédalo de tambores, laberinto
incendiado en el límite
de la oscura floresta.


A Pablo Neruda, poeta chileno quien también expresó que necesitaba del mar por todo lo que le enseñaba el viento, la arena y el agua, lo bautizó en otro poema:

Pablo de los adioses,
Pablo de los regresos.
Cazador de galaxias,
sembrador de verdades,
Cid Campeador del Verso.
Pablo de carne y hueso,
Pablo-pueblo,
Pablo-padre,
Pablo-hijo
y hermano mayor nuestro.


La cima de esta Música de Percusión escrita bajo el alfabeto de los peces, está en aquellas páginas dedicadas a la mujer y al amor. El Poeta de Mar elevó una oración a Dios en Escrito sobre el viento, aseguró que el amor es un libro en blanco que principia en las miradas y lo precisó como un bien sagrado, como una lección que nunca acaba y una ardiente espada en el combate de las emociones: si el hombre es el verbo que la mujer conjuga en secreto, el amor es la magia que envuelve a los dos en este misterio. Helcías se revela en cada sinfonía apasionada y exalta el cuerpo de una mujer mediante el deseo:

Palomas o magnolias,
pomas, colmadas copas,
los senos, dos campanas despiertan
si los tocas;
si los besos, aroman;
con su licor te embriagan.


Todos estos versos que nacieron a orilla de un mar de aguas tranquilas, siguen buscando quien los declame. Helcías Martán Góngora, el hombre-bahía, mar y puerto, revive con palabras hechas de agua, la añoranza de sentir la brisa cálida y salada en el rostro. Al mismo tiempo nos demuestra que, en la fusión de almas y cuerpos es donde se toca la raíz del misterio y que el amor no es solamente el rito de las sombras perdidas que se hallan sino también la batalla interior que el hombre libra a cada instante a través a la poesía.

Suscribirse

* indicates required
/ / ( dd / mm / yyyy )