Homenaje – Morir a los 70 años

Morir a los 70 años
“Mis obsesiones son la memoria y la muerte”
Luis Ospina

El 27 de septiembre murió el cineasta caleño Luis Ospina, dejándonos un importante legado en cine documental que habla de Cali, la ciudad donde germinó lo que sería el Nuevo Hollywood de los años setenta junto con gigantes como Carlos Mayolo, Andrés Caicedo, Ramiro Arbeláez y Pascual Guerrero. Hay seres humanos, escribió el ensayista escocés Thomas Carlyle, cuya biografía comprende también la biografía de un pueblo, de una ciudad.


Por: Óscar Hembert Moreno
Licenciado en Historia




Luis Ospina (1949 – 2019).
Óscar Hembert Moreno.


La última frase que publicó en Facebook el cineasta caleño fue casi una premonición: “Este remake de Todo comenzó por el fin que estoy viviendo no se lo recomiendo a nadie. Nunca segundas partes fueron mejores”. Varios medios radiales confirmaron la noticia del fallecimiento del director, guionista y productor vallecaucano, quien nos dejó una importante obra para seguir disfrutando. Luis Ospina, ferviente usuario de las redes sociales, nos daba atisbos de su precaria salud y de su visión del cine y de la muerte. El mismo Luis le hizo un pequeño homenaje en redes a quien fuera su gran amigo en la sucursal del cielo, Guillermo Lemos, quien murió pocas semanas atrás, uniéndose al cielo de los artistas locales, junto con Mayolo y Caicedo.

Era un hombre alto, tímido y de paso lento. Este cronista audiovisual tenía como base para su arte narrar la ciudad, escudriñar la memoria, oír a los artistas, y por supuesto, esperar la muerte. En una entrevista dijo: Los documentalistas siempre estamos filmando las cosas que están en tránsito de desaparecer. Siempre uno está trabajando la memoria. Yo he tomado muy en serio esa frase de Cocteau: “el cine es filmar la muerte haciendo su trabajo”. Y para mí la ausencia de memoria es la muerte.

El 7 de agosto de 1956 estallaron en Cali aquellos camiones de dinamita que solo los más viejos recuerdan, y donde solo hoy queda una cruz que no dice mucho. Fue ahí en medio de la desgracia que Ospina conoció a Mayolo. Ese ruido aturdió el corazón de muchos jóvenes que al verse en cambios hasta llegados los años 70, pedían más para una ciudad que no pedía nada. Cali comenzó a ser narrada con estos jóvenes cuando vieron en el eco de la explosión, la llegada de los Juegos Panamericanos, donde primaba la segregación y el abandono. Guardadas las proporciones con la Nouvelle Vague, ellos llegaron a hacer casi las mismas cosas: una revista, un cineclub, una amistad, y narraron una Cali que genera nostalgia para una generación.


Luis Ospina y Carlos Mayolo.
Foto: https://www.elmundo.es/cultura/2016/04/18/571492a1468aeb30248b4629.html


Según contaba Luis Ospina, Cali en los años 70 era muy politizada, era muy popular el trotskismo. Andrés Caicedo, por ejemplo, perteneció al Teatro Experimental de Cali (TEC), que era un cuadro del Partido Comunista; el maoísmo era menos popular por ser un fenómeno más de la Universidad de Los Andes, de niños ricos. Pero Ospina no se consideraba dentro de estas corrientes y de ninguna en particular, solo quería hacer un cine con una ética de filmar al otro. Para Ospina, Cali solía tener espacios de encuentro donde él sintetizó en una imagen esta ciudad que ya no existe: en Cali hubo un sitio donde coincidíamos los artistas y los políticos de todas las líneas, que era el Café de los Turcos. En una mesa estaban los socialistas; en otra, los maoístas; en otra, los mamertos; en otra estaban los del teatro de Enrique Buenaventura; en otra estábamos los del cine. A veces se odiaban entre ellos, pero estaban bajo el mismo techo. Además, allá iban los judíos y los árabes. Fue un sitio muy importante. Por eso comienzo la película (Todo comenzó por el fin) con la demolición del Café de los Turcos.

Memoria y muerte. Los artistas de la generación de Ospina están condenados, como nosotros lo estaremos, a ser parte de un olvido inevitable. Artistas como Ever Astudillo, Óscar Muñoz y Fernell Franco; los nadaístas como Jotamario, Elmo Valencia y “El Indígena”, ya no generan admiración. Los nombres como, Germán Colmenares y Estanislao Zuleta se acumulan, época de oro de una inteligencia caleña que no volverá. Ospina cuenta cómo en la Universidad del Valle, en una reunión entre él y Andrés Caicedo con Jesús Martín Barbero, les dijeron: Queremos hacer una escuela de comunicación social. ¿Por qué ustedes no proponen un pensum de cine? Y así surgió la primera escuela de cine (o comunicación social), y fue Luis el primer profesor de cine de Univalle en el año de 1979, un paso inédito que se puede resumir en una frase del mismo Ospina: Mis alumnos después se incorporaron al cine. Esos alumnos míos a su vez se volvieron profesores. La continuidad de la Universidad del Valle ha sido mérito de Ramiro Arbeláez, que era del Cine Club de Cali y de la revista Ojo al Cine, y Óscar Campo. Ellos todavía están ahí y les han enseñado a no sé cuántas generaciones.


Foto: https://www.shock.co/opinion/con-los-ojos-cuadrados/articulos/todo-comenzo-por-el-fin-el-film-mas-honesto-de-luis-ospina


Los 70 eran como dijo el actor norteamericano Al Pacino, una década donde todos teníamos la actitud de jugadores. Apostábamos a hacer cosas que podían parecer diferentes. Había una energía en el ambiente compartida. Un ambiente que poco a poco se fue deteriorando con una serie de hechos nacionales que se consolidaron con el triunfo del narcotráfico. El cambio físico de la ciudad, las actividades culturales iban en picada, patrimonio arquitectónico destruido, la muerte de FOCINE, y claro, la diáspora de los artistas que comenzaron a emigrar, de huir de la narco cultura buscando en otras latitudes desarrollar esas historias que los hicieron grandes. Para el cineasta, “Cali fue desapareciendo para peor”. Él fue de los últimos del Grupo de Cali en quedarse, abandonó la ciudad a mediados de los 90, una ciudad desfigurada, una urbe irreconocible.

Aquel autor del manifiesto del cine miserabilista o pornomiseria, inspirado en la pornochanchada del cine brasileño, como Glauber Rocha, se fue dejando un filme emblema que cumplió más de cuarenta años de haberse estrenado en Paris. Agarrando pueblo es quizá la obra más conocida y controversial del llamado Grupo de Cali y es probablemente la que mejor ha reflejado un estado permanente de la ciudad. Mayolo y Ospina, alejados deliberadamente del izquierdismo militante de denuncia, fueron una respuesta a aquel cine que explotaba (aún continúa haciendo) la miseria como mercancía. Es quizá el primer falso documental latinoamericano, donde hicieron una sátira mordaz tematizando la pobreza de América Latina y criticando la violenta postura oportunista y la sumisión de algunos artistas en cuanto a su relación con el público europeo y frente al mismo público latino.

Al final de la proyección de Un tigre de papel, decía en los créditos que todo se trataba de un personaje de ficción. El público no supo reaccionar. Hubo unos satisfechos, pero otros decidieron creer que Manrique Figueroa era real. Muchos aseguran que lo conocieron, así como otros tantos decimos conocer a Ospina, él mismo decía: Tengo un poco de Pedro Manrique Figueroa. Muchos colombianos se sintieron y aún se sienten como él (…). Todos vivimos bajo una espada de Damocles, todos tenemos la muerte aquí, en cualquier momento se puede manifestar. Yo me pregunto, ¿Qué tanto le falta al arte contar de esta ciudad? ¿Qué tanto vamos a contar de Cali?




Luis Ospina y Carlos Mayolo en el rodaje de Agarrando pueblo, junto con Luis Alfonso, uno de los protagonistas.
Foto: https://www.elpais.com.co/entretenimiento/cultura/restauran-el-documental-agarrando-pueblo-para-presentarlo-en-el-festival-de-cine-de-cartagena.html




Luis Ospina en la inauguración del Festival Internacional de Cine de Cli (FICCALI).
Foto: http://vicebienestar.univalle.edu.co/component/k2/item/171-el-cine-esta-aqui-una-perspectiva-del-festival-internacional-de-cine-de-cali

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