Homenaje – Mis recuerdos de Edgar Vázquez Benítez

Mis recuerdos de Edgar Vázquez Benítez



Por: Diego Roldan Luna
Profesor jubilado de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales




Edgar Vázquez en una entrevista para la Universidad del Valle, 2020.
Foto: Universidad del Valle.


Conocí a Edgar en el año 1972, cuando hicimos parte del grupo de los profesores expulsados de la Universidad del Valle, a raíz de los aciagos acontecimientos que siguieron al estallido del conflicto estudiantil de Febrero del 71. Fue ese un corto acercamiento, desafortunadamente permeado por la angustia y desazón que nos produjo a todos esa circunstancia.

Reintegrados a la Facultad en los años ochenta gracias a la justeza de nuestros reclamos y demandas ante el Consejo de Estado, fuimos compañeros de trabajo y contertulios ocasionales alrededor de nuestras inquietudes intelectuales y de amantes de la música de nuestros tiempos de juventud. No fui parte del círculo de sus amigos cercanos, seguramente porque su condición de hombre tímido y reservado no nos llevó a compartir más asiduamente encuentros cotidianos.

Hizo de la historia colombiana y regional aliadas inseparables de su pensamiento profundo sobre Teoría Económica y la Economía Política, y fue crítico implacable y comprometido con el desarrollo del país, acompañando siempre con envidiable lucidez el análisis de los innumerables problemas inherentes a una sociedad inequitativa, provista de incertidumbres y desesperanzas.

Por considerarlas de alto contenido epistemológico, quiero transcribir sus palabras en la entrevista que me concedió para el libro de la Historia de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de Univalle, sobre la importancia de la historia como eje analítico:

…lo que quiero plantear es que las teorías –entre ellas la económica–
las técnicas y los comportamientos humanos, son históricamente
determinados y van cambiando de acuerdo con los cambios vividos
en las relaciones sociales…. Ahora, con respecto a la historia, habría que
hacer énfasis en que esa disciplina no consiste en pensar el pasado,
sino pensar el presente, porque en el presente hay siempre elementos
del pasado. Freud decía que en el presente siempre hay pasado y
mientras dure el pasado instalado en el superyó del individuo o de
la sociedad ese pasado seguirá ejerciendo un poder.


Profundo conocedor de los clásicos, tuvo, a mi juicio, dos pilares fundamentales de su rigor científico: Marx y sus inagotables aportes a la Economía Política, y Freud en el campo del comportamiento y conducta humanos, legado que bebió rigurosamente en los caminos del psicoanálisis.
Gran bailarín y melómano consumado, formó una dupla amorosa con Beatriz Barrera, su inseparable compañera de caminos, unión de la cual nacieron sus dos hijos: el gordo y la negrita, como afectuosamente se referían a sus hijos. Cómo olvidar ese silbido afinado y melodioso en los corredores de la Facultad, cuando pausadamente caminaba hacia su oficina, seguramente recordando boleros de Rafael Hernández y Agustín Lara o evocando las inolvidables melodías de Ives Montand y Charles Trenet, sus dos preferidos de la época de oro musical de Francia.

Su gran inteligencia no fue ajena a un gran sentido del humor, que enriqueció siempre con su sabio gracejo, su risa burlona y contagiosa y su gran capacidad de ironizar, ocupándose jocosamente en ese campo de algunos eventos y enfrentamiento de egos, que solían acaecer en la cotidianidad de la vida académica en nuestra Facultad de Ciencias Sociales y Económicas, de los cuales hacía mofa con impecable altura intelectual.

Fuimos beneficiarios, así como los estudiosos de la historia vallecaucana, de dos de sus escritos más relevantes: Historia de Cali en el siglo 20: sociedad, economía, cultura y espacio y la Historia del Desarrollo Económico y Urbano de Cali.

Hasta siempre, amigo Edgar, te vamos a extrañar y gracias de corazón por todas tus enseñanzas.

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