Homenaje – Manu Dibango, maestro africano del ritmo

Manu Dibango, maestro africano del ritmo

Los continentes sonoros de África, América y Europa han perdido a uno de sus referentes musicales: Manu Dibango. El saxofonista, compositor, arreglista, y multi instrumentista camerunés falleció el pasado 24 de marzo en París, a los 86 años, por complicaciones derivadas del Covid 19. Homenaje a un león de Wakafrica, un músico de sonrisa permanente cuya vida y obra artística fue un cálido planeta sonoro de la narrativa oceánica y vitalista de la música.



Por: Maelkum Marley
Selektar del Satélite Sursystem



Manu Dibango (1933 – 2020), músico camerunés.
Foto: http://www.afribuku.com/manu-dibango-5-albumes-imprescindibles/


Advertencia


“La música es un magma, al que hay que darle forma. En la música no existe el pasado ni el futuro, solo el presente. Yo tengo que componer la música de mi tiempo” – Manu Dibango.


Cofradía satelital en Afrérika/ Améfrika Sound system


De todas las artes, aquella que viaja más rápido en el tiempo es la música, porque es impulsada por el viento, y como bien explica la filósofa Diana Uribe: “El pueblo africano siempre ha viajado con su estirpe cantando su historia, pues la música es su manera de habitar el mundo, está codificado musicalmente. Toda su relación con el cosmos, la vida, el mundo, la existencia, la muerte, el amor, con todo, es musical. Cuando ellos son llevados en situación de esclavitud, les quitan hasta sus nombres, pero lo único que no les pueden quitar es la música”.

Desde hace más de 15 años estoy explorando el amplio tema del mestizaje sonoro, como una experiencia de resistencia cultural expresada en la música, como un lenguaje plural y múltiple que conecta la vibración universal de la reggae music con tambores africanos a ritmo de bullerengue en Palenque, y con una audición del trópico salsero, donde la gente tira paso con un elepé de Fania All- Stars con Manu Dibango cantando: “Mama ko mama sa maka makossa mama ko mama sa maka makossa/Mama ko mama sa maka makossa“, y desatando la locura en un incendiario concierto en el antiguo Zaire, donde también estuvieron James Brown, B.B King y Miriam Makeba.


Colores y mantras sonoros en el árbol brujo de la libertad musical


Escuchar las canciones de Emmanuel N’Djoké Dibango, significa activar un volcán de emociones por ese festejo infinito de la existencia que habita en el pentagrama de su saxofón con los laberintos sensoriales de su África primigenia. Nativo de Camerún, tierra de los leones indomables, Manu contrajo el virus mágico de la música, jugando con su madre a componer canciones a través de la escucha receptiva de un gramófono, pues ella dirigía el coro femenino de un templo protestante en Duala. En la infancia es seducido por los instrumentos de cuerda como la guitarra y su padre le regala una armónica.

Recorrer la discografía de Papa Manu es una invitación a degustar los variados movimientos de sus raíces afro diaspóricas en más de 80 discos, que habitan distintos ecosistemas culturales como París, donde se fue a estudiar a los 15 años iniciando con el piano por vocación, y luego descubriendo el saxofón, y a sus primeros héroes, Louis Armstrong y Duke Ellington, además el carácter aurático del jazz que es la improvisación, una de las partes más difíciles y antiguas en la música, que es una reunión cósmica de ideas y conceptos.

Según José Arteaga, periodista especializado en latín jazz, los comienzos en la música de Manu Dibango fueron “… en la banda de Grand Kallé, con la que no sólo tocó y grabó en Kinshasa y Bruselas, sino en París. Estando allá durante una larga temporada en 1970, los dos artistas se encontraron con el genial Gonzalo Fernández, uno de los grandes flautistas que haya dado nunca la salsa y quien estaba radicado en “La Ciudad Luz”. Grand Kallé le pidió algunos arreglos para su siguiente álbum, pero le gustaron tanto que decidió invitarlo y organizar una banda especial para la ocasión, L’African-Team, donde él ponía el acento congoleño, Fernández el tono salsero y Dibango el beat soul. Dos años después se independizó de Grand Kallé y grabó el Afrobeat Soul Makossa para el sello Fiesta. El disco tardaría en darse a conocer en los ambientes afroamericanos de Nueva York, pero cuando lo hizo se sintió tan fuerte, que fue presentado en Estados Unidos por Atlantic y trepó al puesto 14 del Hit Parade de Billboard ”.

Papa Manu fue reconocido como uno de los pioneros de la fusión del jazz con el rhythm and blues, el gospel y el funk, y con los más variados géneros africanos, desde la rumba congoleña hasta el embrujador afrobeat, grabando junto a su gran amigo el nigeriano Fella Kuti, héroe libertario de la comuna cultural de Kalakuta. También apreciaba profundamente la música de las Antillas caribeñas, grabando el álbum CubAfrica (1998) con Eliades Ochoa, líder del Cuarteto Patria.

Otra impactante gema sonora es el trabajo Wakafrica (1994), en colaboración con Salif Keita, Papa Wemba, King Sunny Adé,Youssou N’ Dour y Angélique Kidjo, un recorrido espiritual por las geografías sonoras donde habitan las voces minerales y elementales de la filosofía del Muntu, siempre presente en ese territorio inmenso y diverso, repleto de etnias, lenguas y cosmovisiones que nos trascienden con cada una de sus palabras, con la magia y secretos de sus ritualidades, de tiempos sin tiempos, con los sonidos libertarios de músicas ancestrales y sus milenarias historias de linajes cósmicos que habitan en la sabiduría de los griots.

Buen viaje al mundo ancestral, maestro de maestros. Africa United. Makossa Forever. Bless by cosmic music.

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