Homenaje – La cuentista Esther Arango

La cuentista Esther Arango: Tópicos literarios de la belle époque caleña

La novela y el cuento han tenido pocos cultivadores, desgraciadamente, y todo porque son, como el teatro, manifestaciones de más refinada cultura y obras de mayor aliento.
Gregorio Sánchez Gómez. El Valle Intelectual. Relator, Cali, 19 de mayo de 1927. P 40

A todos aquellos que llevan en los ojos una visión de lejanía y en el alma la huella perfumada de una quimera infinita, dedico este libro y solo anhelo que sus páginas escritas bajo el variable impulso de mi inquieto sentir, pongan en su frente como un broche de luz lo único que disculpa el amargor de nuestro extraño vivir: una ilusión.
Esther Arango. Espumas. Cali, Editorial América. 1930.



Por: Hansel Mera.
Historiador. Mag. En Sociología.
Mag (c) Relaciones Eurolatinoamericanas.




Esther Arango.
Foto: Cortesía Hansel Mera.


Es muy poco lo que los historiadores hemos hecho para reconstruir el entramado discursivo del universo cultural durante las primeras décadas del siglo XX, como también, pocos los esfuerzos por tratar de esbozar el campo intelectual por entonces coexistente. A casi 100 años y desde la comodidad de nuestro horizonte temporal, rara vez auscultamos ese pasado. Nada o muy poco nos dicen los nombres de Andrés J. Lenis, Mario Zamorano, Guillermo Jaramillo, José Ignacio Vernaza, aunque sí se han dado los primeros pasos alrededor de la vida y obra de Gregorio Sánchez Gómez. No es necesario sobre argumentar lo siguiente: sobre las mujeres el silencio es sepulcral.

Curiosamente, en Cali la década de 1920 exhibió una riqueza a no menospreciar; se consuman teatros, cafés y cabarets que hacen de la noche un campo de avanzadas hedonistas. El Teatro Municipal se convierte en un escenario de escenificación social para la elite letrada que aplaude y celebra a compañías extranjeras, imprime programas y consuma un pequeño grupo de fieles mujeres defensoras del arte escénico. El cine y la radio eran sendos cantos de sirena que hechizaban el sensorio colectivo sin cesar. Pequeñas orquestas de Jazz y Fox amenizaban la noche en el café El Globo y el en cabaret Trotori de Marsella. La Biblioteca del Centenario, con tropiezos y aciertos adelantaba su cruzada. Poco a poco se consumó en la prensa un lugar para el crítico literario con las más elogiosas o ponzoñosas palabras. También hubo lugar para que mediante crónicas se denunciara el encanto del sexo y el desencanto de las drogas heroicas; la palabra impresa retomó el espíritu de crítica social del viejo costumbrismo bajo este nuevo molde para atemorizar ante el espectro de la morfina y la cocaína. En la prensa empiezan a ser comunes los anuncios de pequeñas librerías cuasi siempre dispuestas alrededor de la Plaza de Caicedo, y esos anuncios dan cuenta de un mercado de libros en creciente marcha (Librería Granadina, Librería Hermanos Sánchez, Librería Moderna), en el que la imprenta se aventuró hacia nuevas dimensiones del capitalismo editorial, todo ello en parte porque seguramente el tímido tejido de escuelas alguna eficacia estaba teniendo. Leamos un anuncio bastante sugestivo de 1929:

Un libro ha visto la luz pública en esta ciudad. “Sepultada en Vida” se titula la nueva obrita editada en los talleres de RELATOR, y de la que es autora la señorita Esther Arango P. Es un pequeño volumen de buena presentación, nítidamente impreso. Los cuentos que en él aparecen están convenientemente seleccionados. En esta nota breve apenas alcanzamos a felicitar a la señorita Esther Arango P. Por su esfuerzo, que no será estéril, sino al contrario fecundo y bien apreciado por la intelectualidad de esta tierra. “Sepultada en Vida” está de venta desde hoy en la Librería Granadina en la calle 14, entre carreras 4 y 5.




Plaza de Caicedo, Cali Viejo.
Foto: http://caminandosobrelatierra.blogspot.com/2012/07/fotos-cali-viejo.html


Por 1929 Sepultada en Vida, el pequeño libro de cuentos de Esther Arango salió a la luz, parido por la imprenta del quizá más importante e influyente periódico de esos años: Relator. Y no fueron pocos los saludos y aplausos, una situación que, al parecer, respondió menos a la complacencia facilista de momento y más a la buena impresión que dejaba cada una de sus páginas. Se trataba de un paso en firme de esta mujer en el mundo de las letras, y si se quiere, en el estrecho espacio social del arte coetáneo. Un anónimo decía por entonces:

Hemos leído con especial complacencia la colección de cuentos que con este mote ha publicado recientemente en la ciudad la señorita Esther Arango P. dama iniciada felizmente en las justas literarias, con cuya primera obra plantea una gran promesa a las letras patrias. A pesar de su juventud, de su adolescencia casi, la señorita Arango P. perfila en sus páginas un fino espíritu de observación, un acertado criterio analizador de la vida y de las cosas. Los cuadros que toma de la diaria experiencia resultan de un realismo inexplicable en una inteligencia tan juvenil que aún no debiera conocer del mundo sino el cariz amable, lo que emociona fugazmente y no lo que se enreda en el secreto profundo de las grandes complicaciones sociológicas o psicológicas. Posee la señorita Arango P. magnificas cualidades estilísticas, que dan a su obra literaria una sugestión magnífica: pureza y ductilidad en la frase, fina adjetivación y colorido variado y amplio. Conoce el secreto difícil de seleccionar los vocablos para acomodarlos de manera oportuna y precisa a las exigencias del momento emocional que aborda y sabe sostener el interés en todos los momentos dramáticos. Sin tiempo para intentar un análisis concienzudo de esta bella colección de cuentos, nos concretamos a felicitar, en este apunte fugaz a la gentil señorita Arango y a hacer votos porque su carrera literaria, tan bellamente iniciada, alcance todos los triunfos a que le dan derecho su juventud y su inteligencia.


Ahora bien, quién era Esther Arango. Solo una buena y venidera indagación podrá decirlo plenamente. Lo cierto es que muy pronto se avecinó su segundo libro de cuentos, una señal de que el torbellino de los inicios no se la llevó a la falsa paz del desprestigio. Impreso el 16 de diciembre de 1930 por la Editorial América, de Cali, e ilustrado en su portada por Ismael Bernal, Espumas fue su siguiente entrega. Después de ello, fue constante su presencia en prensa local, regional, nacional, en revistas literarias y hasta en pequeños contrapunteos a manera de entrevistas, como una de 1932 en que desnudaba parte de sus gustos ante la pregunta por el mejor libro que había leído:

The Man Nobody Knows (el hombre que nadie conoce), por Bruce Barton. Interesantísimo libro que estudia a Jesucristo bajo el punto comercilla, colocando su personalidad al nivel de la de todos los hombres y que analiza y define sin trabas el por qué, y el cómo de muchas de sus actuaciones. La humanidad sería menos majadera si quisiera un uno por ciento de ella leyera con cuidado este libro.


No podemos decir si la humanidad sería mejor o no con la lectura de cierto libro, pues a esta altura de la historia la búsqueda de un santo grial de ese estilo nada bueno ha legado, aunque sí creemos que retomar la vida y obra de Esther Arango sea provechoso para comprender de mejor manera nuestra propia historia cultural, urbana e intelectual. Y mientras ello es así, por ahora podemos enfrentarnos a uno de sus cuentos. Ya habrá tiempo para una versión en conjunto de sus piezas, siempre y cuando una adecuada edición haga de las suyas. Es todo.




Pequeñas orquestas de Jazz y Fox amenizaban la noche en el famoso café El Globo.
Foto: https://i.pinimg.com/originals/2c/40/38/2c4038e7c460c31b8104d36059b56560.jpg

Suscribirse

* indicates required
/ / ( dd / mm / yyyy )