Homenaje – Delia Zapata Olivella: Esculpo cuando danzo

Delia Zapata Olivella: Esculpo cuando danzo


Por: Manuel Zapata Olivella




Delia Zapata Olivella y Manuel Zapata Olivella.


Cualesquiera que sean los títulos endilgados a Delia – escultora, bailarina, coreógrafa, folclorista, profesora – su verdadero y bien ganado galardón a lo largo de su vida es el de precursora en el empeño de rescatar, afirmar y difundir los bailes colombianos preservando su autenticidad tradicional.

El reclamo por reconocer a Delia como precursora en la investigación de nuestros bailes tradicionales, va dirigido a su ejemplo cuando asume como propia la identidad nacional y no tan sólo una vertiente particular de sus orígenes. Ella ha reconocido en su formación los influjos de otros. Su novedad fue identificarse con la totalidad de la tradición indígena, africana y europea, como legado común donde no cabe la separación o supervaloración de los aportes de un ancestro sobre otros. El gran mestizaje de las sangres y culturas, tal cual acaba de reconocerse con generalidades ambiguas en el artículo 7º de la nueva Constitución Nacional.

Desde los primeros gritos por la Independencia y durante la República se han adelantado decisivos movimientos tendientes a conocer y exaltar el acervo espiritual y material de nuestra nacionalidad. Sería grave olvido desconocer como pioneros en la investigación de la identidad nacional a José Celestino Mutis y sus eminentes colaboradores en la Expedición Botánica para inventariar nuestra flora, fauna, y ámbito natural. Igualmente Agustín Codazzi y demás exploradores de la Comisión Corográfica, entre los cuales Jorge Isaacs, sin duda los primeros en adelantar un diagnóstico de nuestros territorio y de los hombres que lo habitan. Son muchos más personales los trabajos iniciados por Delia, pero no por ello menos importantes en la toma de conciencia de los valores tradicionales aportados por los alfabetos, empíricos y semiletrados de las etnias indígena, afrocolombiana y mestiza: más del 80% de nuestra población tradicionalmente menospreciada como creadores de los valores fundamentales de la cultura nacional. Cuando Delia inicia su búsqueda ansiosa de encontrar los rasgos que caracterizan su condición de mujer mestiza, suma de tres confluentes sanguíneos y culturales, nadie antes había asumido este enfoque antropológico para realizar una investigación en toda la geografía humana del país.

Otra iniciativa premonitoria de lo que serían método investigativos ulteriores, fue convertirse en una alumna atenta, repetidora como otros magnetófono, de cuanto veía y escuchaba de sus maestras ancianas. La descalza académica repetía los pasos descalzos de la abuela campesina. Mucho le ayudaron entonces sus estudios de pintura para copiar con huellas indelebles en el papel la posición de los movimientos de los pies, piernas, muslos, caderas, tórax, brazos, antebrazos, manos, dedos, hombros, cuello, cabeza, ojos y voz. La anatomía aprendida en su formación como escultora en la Universidad Nacional, en cadáveres y reproducciones de estatuas griegas y romanas, captada a lo vivo por el lápiz a mano alzada. Pies indígenas y afrocolombianos, gruesos, callosos, firmes por la esclavitud de quinientos años, pero contradictoriamente ligeros, saltadores, cadenciosos, expresivos, libérrimos, obedientes al ritmo de tambores y melodías de flautas, rondadores y clarinetes. (…)

Delia abrió el camino a la difusión del folclor desconocido, trasegando a la capital los primeros conjuntos de acordeón, caja y guacharaca, 1952, presentando a Fermín Pitres como principal intérprete. Además del cajero y guacharaquero, figuraba Antonio Morales, improvisador de décimas, un arte que infortunadamente ha sido opacado por el trío musical. En 1953 trae a Bogotá a Toño Fernández y sus Gaiteros de San Jacinto, integrado por los hermanos José y Juan Lara. Venciendo todos los miedos y rebeldías ancestrales, en 1954, consigue que Batata, heredero de una centenaria tradición de tamboreros sagrados del Palenque de San Basilio, acompañe a los cantadores y cantadoras de lumbalúes funerarios. Los bogotanos hasta entonces ignoraban la existencia en Colombia de un culto religioso africano.



Familia Zapata Olivella.


A partir de esos pasos, estrategia calculada, en 1954, decide conformar su primer conjunto visitando y seleccionando a los mejores intérpretes de los ríos y litorales Atlántico y Pacífico. Lo que hasta entonces era un folclor recóndito mostró a Colombia una de sus más fuertes y auténticas raíces. Luego en 1957, el gran salto a la conquista del mundo: crea el “Conjunto de Danzas Folclóricas Colombianas de Delia Zapata Olivella” que sorprende a Europa, Asia y América. Pudo reunir a los intérpretes más talentosos de nuestro folclor en danza, canto y música – Madolia de Diego, Leonor González Mina, Julio Rentería, Lorenzo Miranda, Erasmo Arrieta, Clara Vargas, Teresa Díaz, Toño Fernández, José Lara, Juan Lara y otros -, cuyos nombres aún resuenan en la memoria de los colombianos como los mejores difusores en el exterior que haya tenido Colombia de sus tradiciones africanas, indígenas y españolas de nuestro mestizaje. ¡Aires de la Costa Atlántica, Pacífico, Chocó, altiplanos y llanuras. En aquellos momentos nadie estimaba la rica veta de nuestra tradición, tan inexplorada en todos los ámbitos de la creatividad nacional. La mayoría de las coreografías por los miles de grupos folclóricos del país repiten las presentadas por Delia. ¡Más de 66! Y ojalá que así sea en el futuro porque responden a la más auténtica tradición.

En lo cierto estuvo Delia cuando dijo a un periodista que era escultora de la danza. Agreguemos que también supo moldear en su hija Edelmira su propia imagen. Bailarina y pintora ya en el vientre le acompañaba en sus sueños. Bailó en los escenarios antes de nacer, y ya en vida, aprendió el ritmo de los tambores antes de caminar.

Comments

  • Hace unos días encontré un escrito muy bueno sobre Delia Zapata O. en FBook, una página llamada Fotos Antiguas de Cartagena, y la verdad que ha tenido muy buena acogida, fue muy querida y admirada en Cartagena, Col.

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