Homenaje – De un negro colombiano a Mr. Wallace

De un negro colombiano a Mr. Wallace

El 22 de abril de 1943, el diario El Tiempo publicó esta carta dirigida por el lider negro Natanael Díaz a Henry Wallace, en su visita a Bogotá en calidad de vicepresidente de los Estados Unidos para buscar apoyos y aliados para seguir enfrentando a Alemania. El linchamiento de varios trabajadores negros en unas fábricas de Chicago le sirve de contexto al lider caucano para referise al brutal racismo que se vivía y aún sigue en los Estados Unidos, a la situación del negro y la democracia. El texto causó revuelo nacional. Según el investigador Luis Carlos Castillo, quien está culminando una biografía sobre Natanael, este es un texto central de la historia de la negritud en Colombia. Compartimos la carta con los lectores en homenaje a George Floyd, y su asesinato en Minnesota, sin razón alguna, como el de los obreros que provocaron la protesta el 20 de junio de 1943, de intelectuales y artistas negros como Natanel Díaz, Manuel Zapata Olivella, Helcías Martán Góngora, Arnoldo Palacios, Diego Luis Córdoba, Delia Zapata y Marino Viveros. Esa pequeña pero aguerrida protesta en Bogotá, por hechos que siguen repitiéndose, hoy se multiplica en las multitudinarias manifestaciones en los Estados Unidos y en todo el mundo.



Por: Natanael Díaz[1]
Abogado y líder político del Cauca




Natanael Díaz (izquierda) con Marino Viveros en la Plaza Caicedo de Cali.


Bienvenido sea Mr. Wallace a estas tierras ubérrimas de la libérrima Colombia.

Llega usted a estas tierras de Bolívar y Santander (ambos como Jefferson y como Washington luchadores por la libertad), después de haber recorrido la mayor parte de las tierras de “Hispanoafroamérica”. Le han vitoreado y lo vitorean grandes multitudes ebrias de entusiasmo. Entre ellas, usted Mr. Wallace, habrá visto muchas caras negras en las cuales se enarbola una sonrisa blanca, a la manera de una blanca bandera de paz. Y no habrá faltado en el ánimo de usted una extraña sensación, al ver cómo en estas regiones del continente nuevo se levantan en el mismo sitio y en el mismo instante, confundidos en el mismo ideal, y modulando el mismo grito de entusiasmo, el hombre blanco, el hombre indio, el hombre negro. Es que en la América Latina la expresión de Jefferson inmortal: “Los hombres se hallan dotados de ciertos derechos inalienables entre los que se encuentran la vida, la libertad y la consecución de la felicidad”, es la interpretación exacta de una concepción más humana que filosófica.

Por eso usted no está equivocado al afirmar en uno de sus discursos pronunciados en Ecuador, que Colombia es una de las más grandes democracias del mundo. Evidentemente, Mr. Wallace, mi patria es una verdadera democracia, no en un sentido vacuo y formalista, bien que sí real. El hecho de que salga hacinados todos los tipos raciales de Colombia a recibirlo, y que yo, negro, esté haciéndolo desde uno de los mejores diarios del continente, le está diciendo a usted que entre los colombianos la democracia no es una valorización abstracta de principios más o menos filosóficos, sino que es realización, es hecho consumado.


Miembros de la junta directiva y fundadores del Centro de Estudios Afrocolombiano. De izquierda a derecha: Alfredo Mina Balanta, Manuel Viveros, Ernesto César Ariza, Natanael Díaz, Carlos Calderón y Manuel Zapata Olivella.
Foto: Cromos, 13 de septiembre de 1947., pág., 10.


¿De qué valdría a este país llamarse democracia, si sus componentes raciales negro e indio no se le permitieran la libre acción, en el orden al logro de un mayor perfeccionamiento del espíritu y de la inteligencia, en la misma forma que a los blancos? Y como yo sé que en su país la democracia desde el punto de vista racial- que es lo que determina la esencia misma de la democracia como sistema de gobierno-no es todavía una realidad, porque impera el concepto de la superioridad de una raza sobre la otra, quiero pedirle, en función democrática, y a nombre de mi raza, a usted, “viajero de la buena vecindad”, lo mismo que de la libertad, lleve a su país la noticia de esta hermosa igualdad racial que se vive en América Latina y que usted está palpando de una manera objetiva. Y le pido esto porque en los ejércitos de la libertad que usted anda organizando y a los cuales yo pertenezco, no puede, no debe, hacer diferenciación alguna de raza, porque entonces este gigantesco esfuerzo que se está llevando a cabo para libertar a la humanidad de la barbarie, no tendría ningún significado histórico.

La libertad que tiene que ser patrimonio universal, le duele al blanco, y nadie más que al negro. Al negro le duele al aherrojamiento de la libertad en Europa, porque en ella erigió, há tiempo ya, sus estandartes espirituales. Le duele la esclavitud del Asia, porque desde allá le vino el sentido religioso de la vida. Le duele Africa, y éste es su mayor dolor, porque allá la tierra se ha hecho con coágulos de sangre: por eso el continente negro tiene la forma de un corazón. Y le duele América, porque en estas tierras que hoy son el paraíso de la humanidad, desde Alaska hasta Magallanes, el negro fecundó el suelo con su sudor inextinguible.

Quizá ningún pueblo de América ha recibido de la raza negra los beneficios que su patria, Mr. Wallace. Y quizá, en ningún lugar del mundo, en los tiempos modernos, ha sido perseguido el negro que en los Estados Unidos. Esta la última razón de este mensaje, que le envío para pedirle a usted Mr. Wallace, a usted, que pertenece a la generación que más fielmente está llevando a la realidad los postulados del gran Jefferson y del inigualable Lincoln, libertad de acción para mis hermanos de raza, que ahora mismo, como antes lo hicieran, están forjando la gloria de los Estados Unidos.


Carta de Natanael Díaz publicada el 22 de abril de 1943 en el diario El Tiempo.


Que el permiso concedido por el presidente Roosevelt a Marian Anderson para cantar sus plegarias en la Casa Blanca tenga una significación total y definitiva para todos los negros norteamericanos. Que el caso de Joe Louis, que tanta influencia está ejerciendo sobre los negros, no encuentre, para la cabal realización de sus perfeccionamientos, la valla de la “línea de color”. Que cuando Paul Robeson interprete alguna de las obras de Shakespeare no se le eche huevos podridos y se murmure que el genio quiso encarnar un moro y no un negro. Que los negros no tengan que dedicarse al gansterismo, porque se les niegue la oportunidad de trabajar y de conseguir dinero. Que los poetas negros no tengan que cantar siempre el dolor y la nostalgia, porque ellos no ven más que eso, a causa de las restricciones establecidas por las cuestiones de raza y que se les de la oportunidad para que haya no uno sino muchos Georges Washington Carves.

Las Américas, Mr. Walllace es el continente cósmico. Pero lo es, porque los “fantamas de Bacon”, que un día asolaron a la vieja Europa y hoy la asolan todavía, no han encontrado asidero en la mente de los pueblos que, como Colombia, le enseñan al mundo, el arte de ser feliz, pese a su juventud como nación organizada.

Aquí en América, debe ser libre el hombre; no solo el blanco, sino el negro y el indio, el mestizo y el encastado, porque América es el único lugar en el mundo donde la democracia puede ser una realidad.

Por la igualdad de los hombres de América, viva la democracia Mr. Wallace.
Natanael Díaz
Bogotá, abril 21 de 1943.


[1] Periódico El Tiempo, 22 de abril de 1943, pág. 9




Natanael Díaz y Ernesto El Ché Guevara.

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