Historia de Cali – Julio Rincón entre documentos de la CIA

Julio Rincón entre documentos de la CIA
Notas sueltas

Las actividades clandestinas de la policía secreta dedicada a la lucha contra los movimientos revolucionarios, los métodos usados por los agentes para infiltrarse en las organizaciones adversarias, el modo en que se inventan y lanzan acusaciones contra los que osan rebelarse, no son cuestiones de poca monta. (…) la obsesión patológica del control, el uso de la sospecha como instrumemtum regni, de la delación como deber, la provocación como práctica, para favorecer a los corruptos de turno; todo esto tiene una larga historia.
G. Tridon, Espiando a Marx: informes de la policía secreta y otros documentos sobre Karl Marx


Por: Hansel Mera
Historiador. Docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas
Univalle




Foto: https://twitter.com/CIA/status/1071070937066409984/photo/1


La apertura de algunos repositorios y archivos de la CIA y el FBI es la ocasión perfecta para auscultar avatares de la razón de Estado en tiempos de la Guerra Fría. Por demás, tarea que puede enriquecerse con algunas piezas que den cuenta del trabajo en paralelo de instituciones nacionales y entramados de actores en concreto, hasta descifrar todos los cuerpos que componían ese Leviatán transatlántico en el cual se inscribe un control sobre lo concreto, lo local y hasta apartes específicos de la historia de Julio Rincón y tantos más.

Es sabido que durante los años veinte se llevó cabo en Colombia uno de los ejercicios más sofisticados de control social alrededor de la floreciente actividad del Partido Socialista Revolucionario. En tiempos en que Luis Vidales a nombre de las tímidas expresiones de vanguardia literaria bien creía que el teléfono era un pulpo cuyas redes caían sobre la ciudad, con tentáculos que se enredaban en las casas y cuyas ventosas chupaban las voces de la gente, el político conservador Ignacio Rengifo Borrero se encargó de recrear el lado más crudo de la fantasía: redes de soplones e informantes operaban desde las estaciones telegráficas, telefónicas y de ferrocarriles para plácemes de la policía, quienes, desde luego, operaron con la eficacia suficiente para acechar y apresar en múltiples ocasiones a líderes como Ignacio Torres Giraldo, Raúl Eduardo Mahecha, María Cano, sin desconocer la temprana expulsión del país de Silvestre Savitski (1925) y la derrota de la insurrección socialista de 1929. El Archivo Rengifo, compuesto por una serie de documentos interceptados a los socialistas, y cientos de folios de la sección de Gobierno en el Archivo General de la Nación, permiten identificar esas instancias en las cuales, al decir de Andrea Cavaletti, los informantes tendían a superarse como agentes provocadores hasta llegar a constituirse en archivos vivos desde los cuales se engrana la maquinaria policial.[1]

No fueron pocos los hechos mediante los cuales Julio Rincón llegó a ser un líder bastante inquietante para el notablato local. Ya otras voces han referido sus actuaciones durante la década de 1920 a favor de las reivindicaciones de artesanos, obreros y migrantes que anhelaban hacerse a los terrenos ejidales de la ciudad. En 1934, durante la proclamación de Eutiquio Timoté como candidato a la presidencia por el Partido Comunista, y junto a Gilberto Vieira, Julio Rincón se encargó de dirigirse a los caleños. Muy pronto se convirtió en un interlocutor desde el Concejo Municipal de la ciudad de un punto bastante álgido: la cuestión ejidal de la ciudad y el marco jurídico que desde siglos precedentes la sustentaba frente a los tempranos tiempos del capitalismo inmobiliario. En 1943 y en el marco de las elecciones para las asambleas departamentales en Cali se constituyó la “Plancha Pro Unidad Nacional Julio Rincón”. Durante 1944 lideró las protestas frente a las altas tarifas del alumbrado eléctrico que conllevaron a que el 29 de marzo y mediante el Paro Cívico de Cali el Concejo Municipal expropiará la Compañía Colombiana de Electricidad hasta sustituirla por una pública en 1947. Antes de avanzar, revisemos apartes de una nota en prensa de 1946:

Ante la presión ejercida por los comunistas con el apoyo de mucha parte del pueblo, las fábricas tuvieron que cerrar para evitar desmanes. En estas condiciones se vieron Good Year, textiles de Colombia, Garantía, Mariano Ramos y Cía. En esta misma forma, se obtuvo el cierre de los restaurantes de La Palma, El Dorado, La Víctoria, etc. En las horas de la mañana grupos de los comités organizados sobre el particular se apostaron en las entradas de la ciudad para detener las carretillas en que se transportaba la leche. (…) Dichos elementos controlaron el líquido y lo vendieron (…) A las nueve de la noche se organizó una manifestación que recorrió algunas calles de la ciudad y que luego se estacionó frente al edificio del hotel Alférez Real. Allí llevaron la palabra varios oradores y uno de ellos atacó violentamente al señor Hernando Caycedo, a quien acusó de ser uno de los primeros especuladores (…) Después de un ligero choque en el sitio de El Saladito, la policía se vio obligada a detener a 19 sujetos que manu militari se habían tomado extensos lotes de terreno en la zona de la nación del antiguo camino de herradura que conducía a Buenaventura. Allí, durante las horas de la noche venían levantando viviendas alegando que dichos terrenos eran ejidos del alcalde Lloreda.[2]


Detalle de un documento desclasificado sobre Julio Rincón en archivos de la CIA, 1949.


Los nombres de buena parte del tejido empresarial y del notablato local, plantean el nivel de oponentes que Julio Rincón enfrentaba en Cali. Seguramente su mención en los archivos de la CIA desde 1948 (y tras la muerte de Gaitán) se inscribe en estas condiciones. Un informe (6 de diciembre de 1948) señalaba que el Partido Comunista de Colombia exploraba nuevas rutas de actuación una vez que de seguro sería excluido de las elecciones, viéndose obligado a fortalecer el trabajo de sus bases. Un informante advertía que había planes de avanzadas sobre los trabajadores del Valle del Cauca a cargo de José Cardona Hoyos, Lino Gil Jaramillo y Julio Rincón: “The propaganda will emphasize the large number of extensive haciendas in this Department which are almost abandoned and should be inmediately divided among farm workers”. Otro informe (10 de mayo de 1949), refiere la pobre situación financiera del Partido Comunista de Colombia, sus líos para expandir la publicación del periódico Vanguardia del Pueblo y la constitución de un comité en el Valle del Cauca, en las voces de José Cardona Hoyos y Luis E. Pachón, camaradas cercanos a Julio Rincón, también bajo mira. Tras su homicidio en 1951, Julio Rincón seguía entre los impresos de la CIA; en torno a los preparativos de los comunistas de Cali para el Congreso de Juventudes de 1953 se menciona la cercanía de Nicolás Buenaventura en compañía de su esposa Nubia Rincón Rengifo, “the daughter of Julio Rincon”. Esos archivos constituyen una infinidad de registros que unen nombres, familias, generaciones e iniciativas con una fineza en los detalles que sorprende. Para terminar, en 1958 y desde Cali, el sacerdote Luis Enrique Benoit seguía con tales menesteres aunque al servicio del Gobierno Departamental: “Por medio de un familiar o pariente del famoso dr Cardona Hoyos, dirigente comunista, he sido informado que, gracias a una colecta entre los camaradas, este fue enviado en cumplimiento de una misión especial a Rusia”.[3] Ya habrá tiempo para entrever cuáles son los claroscuros de este tipo de lectura de la historia política, y no serán pocas las voces que relacionen la presencia de Julio Rincón en los anaqueles de la CIA y su homicidio. Queda mucha tela por historiar. Es todo.


[1] Véase: Andrea Cavalleti. Clase: el despertar de la multitud. Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora. 2013.
[2] El Tiempo, Bogotá, 10 de septiembre de 1946 p 1 y 15
[3] Carta padre Benoit denuncia violencia norte del Valle, 1958. Archivo Germán Guzmán Campos, Territorios / Regiones / Valle del Cauca / Comunicaciones.

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