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Los
muros tienen la palabra

La sociedad ha cambiado profundamente desde los días
anteriores a la destrucción de Pompeya, pero el
ánimo, el impulso y el espíritu del sujeto que trazó
unas frases en los muros de la ciudad romana son,
esencialmente, los mismos que llenan de dibujos y
palabras tanto el Metro de Nueva York, los de
cualquiera de nuestras ciudades. Una mirada al
graffiti.
Por: Ana Maria Ortiz Millán*
Hablar de “prácticas de libertad”, de “ocupación de
espacios públicos” o de “vandalismo” para referirse
a la práctica de la pintada en muros, monumentos o
propiedades públicas en el ámbito urbano, es una
descripción simple, ambigua y poco productiva de
este fenómeno social. Solemos temer a la novedad y
como parte de ésta, en el mundo de hoy encontramos
los “graffiti”, manifestaciones clave de la mal
llamada cultura popular.
Se aboga por la oposición entre “alta” y “baja” cultura,
como si esta división no fuese, en sí misma, una
ilusión o una mentira de quienes relacionan
confusamente cultura con educación superior. Así,
mientras se discute de la música clásica en las
altas esferas sociales, se desdeña de lo transgresor,
de lo diferente y, la práctica de los graffiti entra
completamente en este escenario.
La historia representada en los muros
A
pesar de que es común identificar el fenómeno del
graffiti con la llegada de la Modernidad, vasta con
visitar cada uno de los escenarios históricos que se
encuentran a lo largo de nuestro planeta para
comprobar que desde los muros de Pompeya, hasta las
profundidades de las catacumbas cristianas, en las
paredes de las iglesias medievales, en los poblados
aztecas en los albores de la colonización y en las
cárceles de la Inquisición, siempre se ha escrito
sobre las paredes, verificando que no hay momento
del pasado, remoto o próximo en el que no se haya
sentido la necesidad de transgredir y de transformar
a través de la escritura. Cabe resaltar que será
hacia finales del siglo XX cuando la recuperación de
los graffiti tenga sus orígenes en el seno de las
revueltas estudiantiles de los últimos años de la
década de los sesenta, comenzando por Paris en mayo
del 68 y continuando con las de otras ciudades
europeas y latinoamericanas.
De esta manera los graffiti se consolidan como un modo
alternativo de las prácticas comunicativas y
artísticas de una sociedad, ya que quien escribe
sobre los muros, consciente o inconscientemente,
está empleando escrituras no oficiales y realizando
un ejercicio de libertad dentro de un tiempo ilegal
y clandestino, donde sus artífices desean que el
alba no llegue nunca para que de esta manera sus
acciones queden en el anonimato.
El graffiti hoy: ¿una expresión artística?
Se hace preciso distinguir actualmente dos tipos plenamente
diferenciados de graffiti. Por una parte está el
grupo denominado europeo, cuya característica
fundamental es su contenido textual, acompañado, en
algunas ocasiones, de una imagen explicativa del
mismo. Por la otra se encuentra el conocido como
neoyorquino, el cual va desde firmas ilegibles hasta
las grandes masas de colores que cubren muros
enteros, donde lo que interesa es el diseño y el
colorido. De este modo se recurre al muro no sólo
por una simple necesidad de desahogo sino también
porque el juego del discurso mural y sus diversas
manifestaciones y apropiaciones tienen su influencia
en determinados momentos y situaciones específicas
de la política, de la economía, etc. Por tanto, las
múltiples vías de expresión y comunicación que
existen actualmente no son incompatibles en ningún
momento con la persistencia de la expresión de las
paredes urbanas.
El discurso mural es “repetitivo, excesivo, fragmentario,
efímero, impreciso y subversivo”, dice J. Gary en su
libro Signos sobre las piedras; su resultado es un
nuevo collage cultural, tal y como se está
percibiendo hoy en el arte, la arquitectura y el
cine. Los muros contemporáneos develan la particular
necesidad de comunicación y expresión de los y las
jóvenes de hoy, que junto a las escrituras
publicitarias han posicionado al graffiti como uno
de los aspectos más evidentes y repetitivos del
decorado urbano.
Por su carácter alternativo e “impropio”, estas
manifestaciones artísticas han sido, son y serán
reprobadas, perseguidas y reprimidas por la cultura
dominante y las legislaciones estatales, que hoy por
hoy las incluye entre los delitos de vandalismo,
sancionado con penas diversas.
Nacido de una actitud inconformista ante la sociedad y
asociado a su conversión en obra de arte, el arte
“spray” o arte suburbano, es una de las múltiples
manifestaciones contraculturales que se dan en la
época contemporánea. Busca sus referencias visuales
en la música, el cine o el comic, para expresar en
las paredes no sólo la creatividad de los reyes y
reinas del aerosol, sino también de todos los
sujetos y grupos, de ideas muy diversas, que
necesitan alzar su voz en una jungla de asfalto,
donde no hay más canales de expresión tan inmediatos
y elocuentes como el muro.
Será tarea de todas y de todos contribuir a rescatar la voz
de los sin voz, para crear espacios alternativos
donde se puedan presentar este tipo de
manifestaciones artísticas que intentaran recuperar
para la memoria del pasado a aquellos que
escribieron graffiti, tal vez por que no pudieron
escribir nada mas, o por que tal vez hallaron en el
una via de expresión valida y creativa, que busca
llamar la atención de transeúntes urbanos
automatizados por el monótono gris de la ciudad.
Bibliografía:
-MANDINGORRA,
Maria Luz y GIMENO, F. Editores. Materiales para una
historia de los graffiti. Valencia, 1997.
*
Estudiante de Licenciatura en Historia.
ortizanam@gmail.com
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