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Fito Páez y Carlos Vives en el IV Congreso de la Lengua
Española
“Todos estamos en esta vida intentando saber de que se
trata la naturaleza humana”. Fito Páez
“Los cien años de soledad ya pasaron".
Carlos Vives
Carlos Vives y Fito Páez, junto a Tania Libertad,
Javier Rubial y Amancio Prada, vinieron, hablaron,
cantaron y encantaron en el IV Congreso
Internacional de la Lengua Española. Además de
participar en un gran show que fue hasta las
primeras horas de la madrugada en la plaza de la
Aduana, también participaron en el panel “La
canción hispana en la sociedad globalizada”. Aquí
algunos apartes de las intervenciones de Fito y
Vives.
Fito Páez comenzó por derribar los muros que separan
a la música popular del mundo académico y basó su
intervención en un magnífico texto de la novela
“Soñar y contar” del escritor británico Hanif
Kureishi, uno de los grandes intelectuales del
multiculturalismo en la actualidad. Su premisa
básica exalta el valor de la voz de los artistas,
como una voz honesta, que motiva cambios en las
personas, una voz que habla motu propio a diferencia
de los políticos que tantas veces hablan por sí
mismos pero haciéndonos creer que hablan por todos.
Javier Ruibal, oriundo de Cádiz y cercano a esa
realidad multicultural de la inmigración ilegal y la
comunión de razas y de culturas que se entreteje de
espaldas a los gobiernos de Europa, dijo que quería
saber cómo “empadronarse en Macondo”. Al igual que
Páez, Ruibal reivindicó la existencia, no de una
música sino de muchas músicas. Criticó a su vez la
tendencia mercantilista del medio, en el que se
privilegia una música escrita para arrebatar antes
que para formar. Es un convencido de que la música
cultiva y engrandece a los seres humanos y señaló
que “la canción no es concebible sin la riqueza
poética”.
Para Amancio Prada, no ha habido en América Latina
un quiebre entre la canción popular y la música
moderna y hay allí una tradición y un patrimonio de
incalculable valor. “En España, por desgracia, nos
hemos dejado llevar por otras corrientes”, lamentó,
no sin antes agregar que “debemos exigir a los
grandes medios, una mayor presencia de la música en
español”. La intervención de Tania Libertad, destacó
el papel de la mujer en la canción hispana y pidió
que el arte y en general las expresiones artísticas,
hagan parte de cualquier plan de educación. Señaló
con ironía cómo en la tradición musical americana,
la mujer es la “santa o la puta” y cómo está
presente como tema principal de la música popular.
Finalmente, el samario Carlos Vives, cerró las
intervenciones recordando su amor por el rock
argentino pero aclarando que lo suyo era hablar de
Colombia. Exaltó que en su país, como en pocos,
existe una diversidad étnica y cultural que le da a
la música una mezcla poderosa de influencias
indígenas, negras y blancas. La música colombiana es
por excelencia, una música mestiza. Lo preocupante
según Vives, “es que nos estamos olvidando de esa
diversidad, que la estamos dejando atrás”. Para el
cantautor colombiano, “la cumbia es la madre de
nuestra música, es el blues del Magdalena”.
Inmediatamente después improvisó unas líneas de su
canción “Mayté”, en donde resaltó presencias
andaluzas y africanas. “La cumbia es al mismo tiempo
afroantillana e indígena”, explicó.
Fito Páez
Uno puede estar atento a la última secuencia
literaria de la época y a la vez estar en contacto
con la gran tradición americana de la música popular
y que eso no implica ningún conflicto. Además no
tiene porque haber separación entre la música y la
academia, eso es artificial. Todos estamos en esta
vida intentando saber de que se trata la naturaleza
humana.
Una cultura es una comadrona de imágenes y
simbolismos, un lugar en el que la gente habla unos
con otros, donde las palabras, el lenguaje y el
escuchar también importan, también el humano tiene
prohibido hablar de ciertas cosas, tiene que ser por
lo tanto un lugar en el que se habla de la cuestión
de las palabras y del castigo, la colectividad puede
tener una conversación porque a los artistas les
gusta bordear por los bordes de la ley, donde esta
la acción, si se cocina que los artistas están en el
filo, están al borde las normas cerca del castigo, y
como Becker no lejos del silencio, donde hablar es
difícil, hablar, escuchar, conocer y ser conocido.
Podemos decir al menos que aunque no todo el mundo
tenga una oportunidad vivimos en una democracia
representativa lo que significa que podemos votar o
incluso pagar para que los políticos hablen por
nosotros, pero una de las razones por las que
despreciamos a los políticos es que sospechamos en
realidad que hablan por su cuenta mientras declaran
que lo hacen por la nuestra. Nuestras palabras
ofrecidas por nuestro representantes no logran
trascender y nunca lo harán un modo de ver la
globalización por ejemplo es decir que es una
versión de ciertas autoridades, diciendo la misma
cosa una y otra vez y lo que se intenta es mantener
las palabras nuevas o cualquier otra actividad
humana fuera del sistema, sin duda entonces si los
politicos no tienen la posibilidad de lograrlo, los
artistas sí, hablan en su propio nombre y se niegan
inteligentemente a hacer propaganda pero aun así
hablan por algunos de nosotros y reciben el castigo
tambiénn a nuestro nombre, pero al final nada
sustituye el valor de sus propias palabras, hay algo
en ese ser uno mismo que resulta importante si
quiere decirle a alguien que le amas.
Yo más que por la globalización optaría por la
especificación en el sentido si en tal parte se
habla de tal forma o se canta de tal manera creo que
lo importante es rescatar eso para no transformar el
mundo en algo homogéneo en el cual se supone que
tenemos el mismo lenguaje. Al contrario, en este
momento de gran apertura me parece maravilloso que
podamos escuchar y disfrutar la música de otros
lugares del mundo, las formas de la música, las
formas de otros lugares del mundo, me parece muy
importante también acentuar lo que sucede en cada
uno de nosotros y darle a eso el valor que se merece
que es poderoso, por eso me da la impresión de que
se puede pensar que las comunidades latinoamericanas
viviendo en E.U generan una nueva atención que hace
40 o 50 años no existía, donde empiezan a
posicionarse un montón de ideas y me parece que
sería maravilloso comenzar a debatirlas y yo no
quiero parecerme a un gringo, yo quiero parecerme a
mi barrio, de donde yo vengo, entonces yo quiero que
quede clarísimo y no le debo nada a nadie y
solamente tengo una deuda amorosa, un regalo amoroso
del lugar de donde vengo y le escribo a la tradición
del barrio donde nací, así que he dicho.
Para que la música y los audiovisuales y las artes
plásticas acompañen a las letras, y juntas todas,
consagren el futuro de esta comunidad, está claro
que tenemos que ser tenaces, estóicos y hasta cierto
punto frugales, pero eso sí, divertidísimos y
pasionales. Además, esto que no se parecía nada a un
panel, se ha hecho la mitad del tiempo que paneles
escolásticos, como se han quedado con ganas libero a
los presentes para que hagan lo que se les de la
gana.
Carlos Vives
Hoy podríamos hablar de la historia y de los
orígenes de la música colombiana que sería hablar de
la historia de los regiones mismas de nuestro
pueblo, de nuestra diversidad étnica y cultural o
regional, de la unión de las diferentes culturas que
nos engendraron y nos dieron una forma de hablar, de
sentir, de pensar y por supuesto de cantar. La
historia de nuestra música es la historia de Ámerica,
es la historia de Colombia, de nuestros pueblos, es
la historia de regiones olvidadas desde el
principio, subvaloradas, despreciadas a la sombra
de las grandes potencias y de las grandes culturas,
es la historia de las problemáticas, del choque de
voz o de 3 culturas diferentes pero que unieron su
destino en esta tierra, y hoy después del tiempo
dejan en el cedazo el oro de la diversidad para que
la unión y el entendimiento tejan la filigrana
artística, para el disfrute de todos y para todos
podría recomendarles muchos autores y textos donde
encontramos estudios detallados de la música
colombiana de las diferentes regiones o decirles lo
que ya han dicho muchos personajes de nuestra musica
como José Barros, Francisco Zumaque, Totó la
momposina entre otros, esa historia de la cumbia que
es la madre de nuestra música que es el blues del
magdalena….
Rock and roll, rock, blues, jazz etc.
Hoy muy afamados, muy modernos, pero de origen folclóricos.
Es la historia del río Magdalena y de cómo a través
de él, se tejía lentamente la unión de varias
culturas y cómo esas formas de expresión de lenguaje
nativo como la indígena y la de los africanos que
llegaron al Magadalena Grande. Cómo esos sonidos y
esas palabras han enriquecido nuestro castellano o
nuestro español y han fortalecido y enriquecido a la
música. Hoy nuestro idioma es más musical aún. No sé
si ustedes se acuerdan, yo escribí una canción entre
lo andaluz y lo africano que dice: “Mírala, mírala
que linda es, linda es, linda es y se le ve, se le
ve, se le ve yo no sé qué. No se qué, no se qué
tiene Mayte, y ay llego yo”. Yo recuerdo que esa es
la gran riqueza de nuestra diversidad. Un periodista
muy excitado le pregunta al maestro al José Barros
¿cómo le parece a usted el aporte de la música
afroantillana a la cumbia? No solamente
afroantillana, la cumbia es andina…indígena. Nuestro
aporte a la música afroantillana, es haberle dado un
poquito de los Andes que es nuestra columna
vertebral y ahí esta la Cumbia, como esa expresión
de esa etnia que somos como pueblo. Cuando yo
estudiaba arte dramático un profesor de la
Universidad Nacional, Guillermo Abadía Morales,
folclorólogo, de quien tuve la suerte de recibir
mucha información. Aquí entra hablar un poco de
folclor y modernidad o globalización, pienso y
recuerdo que el decía que el folclor no se graba, no
se amplifica, no se ilumina, no se sube a un
escenario ¡Qué vamos a hacer! Yo le preguntaba
entonces ¿Qué vamos a hacer para unir la industria y
el folclor? Eso para mí es sensacional, ya no tenía
que estar pensando, los planes no fueron a la
universidad de música, nacen silvestres, su escuela
es la naturaleza, el canto de las aves, los cantos
de vaquería, el llanto o la risa de sus hijos: ese
es el folclor, esa es nuestra tradición oral.
Lo que dijo el profesor Guillermo Abadía en esa
época me dio mucha tranquilidad, porque yo quería
hacer música de mi pueblo, el sonido de mi tierra,
eso fue lo que me dio mi profesor. Quedó claro en mi
mente, que aquello que hacía no era folclor, yo no
tenía que pretender hacer folclor, yo no soy
folclorista, ni era juglar ni lo soy. Yo venía a
formar parte de la industria: las grandes
telenovelas, cantando jingles para vender jabones,
de dónde voy a sacar pretender querer ser un Leandro
Díaz por ejemplo, me quedo ciego. Entonces yo quería
ser música para la industria, radial o mediática con
una carga espiritual más interesante, algo que me
sintiera útil como artista, servirle a la gente con
mi trabajo, no para exportarle, para hacerla útil a
mi localidad. Cuando yo dije voy a grabar vallenato,
se me acabaron los contratos. Sé que hay gente no le
gusta que yo diga esta vaina, pero es verdad: “Eso
no le gusta a nadie, tu eres actor de telenovela,
cómo vas a cantar vallenato” Yo dije, bueno: “No vas
a viajar a ninguna parte” A mi no me gusta viajar a
ninguna parte. “No vas a ganarte el premio grammy”
Ya me gané seis. Para nadie es un secreto que desde
hace más de quinientos años, cargamos un complejo de
inferioridad del carajo y que los Cien Años de
Soledad, como se ha demostrado en estos días, ya
están pasando, es nuestro tiempo. Yo le hablo al
Gobierno, al Ministerio de Cultura: Unámonos para
que no desaparezca la tradición social, para que
sigan naciendo juglares en nuestros pueblos, pido
seguridad social para que no sigan muriendo en el
olvido y en la miseria.
Le doy gracias a Colombia por Lucho Bermúdez, quien
se impresionó cuando conoció las Big Bang
Americanas: Jimmy Dorsey, Tomy Dorsey, Glenn Miller,
orquestas impresionantes, él tuvo la suya. Se peinó
con gominas como Glenn Miller, tocaba su clarinete,
pero hacía porros. Doy gracias por eso. A mi me
gustaría que Rafael Escalona me entendiera de una
vez por todas, que cuando hablo del rock de mi
pueblo, que no hablo de una música diferente a sus
crónicas y a sus vallenatos, con patrones humanos,
cuando me dice: “pero eso que estas haciendo es
rock, tú tienes que hacer vallenato” y yo le digo,
no maestro, es que el vallenato es mi rock, es mío.
Hay gente que se me ha acercado y me dice: “Eso no
es rock” y yo le dijo eso si es rock, pero es de mi
pueblo.
Me gustaría que Shakira ahondara un poquito más en
el Magdalena y no tanto en el Missisipi, y me gusta.
Nacimos aquí juntos y nos tenemos que querer todos.
Cómo me gustaría que el Tibris, que hizo la escuela
en Barranquilla, la hiciera en Pescaito. Colombia a
pesar de sus problemas es un pueblo alegre,
romántico, nostálgico y sensual. El músico
colombiano, no está para hacer malas copias de la
música de otras partes o para hacer copias de malas
copias que ya hicieron ellos. En estos tiempos de
globalización, Colombia está para surtir al mundo de
nuevas ideas musicales, para seguir en la industria
con música natural y espiritual para el desfrute del
mundo entero. Muchas Gracias. |