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Héctor Abad Faciolince: “lo único que sé hacer es escribir”. 

El conversatorio con el escritor y periodista Héctor Abad Faciolince, realizado el 21 de septiembre de 2007, fue uno de los eventos destacados del XIII Festival de Arte de Cali, que durante 10 días “re-evolucionó” a la ciudad con literatura, música, teatro y otras expresiones culturales.

Por Martha Angulo Ríos*

Ya sea porque se haya subestimado el poder de convocatoria del invitado de esa noche, o porque en nuestra ciudad ya es costumbre  realizar actos culturales con  una escasa asistencia de público, lo cierto es que el auditorio del Banco de la República fue insuficiente para este conversatorio, programado en el marco del XIII Festival de Arte de Cali. No pocos se fueron decepcionados porque su llegada unos minutos tarde significó perder la oportunidad de escuchar a este reconocido escritor paisa. Nosotros pudimos entrar gracias a una espera obstinada que dio resultado. Y de verdad que valió la pena.

Un libro contra el olvido

‘El olvido que seremos, el más reciente libro de Héctor Abad Faciolince, escritor, editor y periodista nacido en Medellín en 1958, fue uno de los temas centrales de este conversatorio, animado por la presencia del poeta Carlos Patiño, profesor de la Escuela de Comunicación Social de Univalle. En esta obra, el autor relata la vida de su padre Héctor Abad Gómez,  médico y ensayista que realizó valiosos aportes a la medicina en nuestro país, entre ellos  haber creado el año rural obligatorio, y  haber promovido la fundación de la hoy Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquia. Su trabajo en favor de los derechos humanos, y su posición frente a las extremas condiciones de pobreza en Medellín y en Colombia, le hicieron víctima de la censura y la violencia, hasta ser finalmente asesinado en agosto de 1987.  Tal vez por ser un reflejo de la dura realidad nacional, en la que no es extraño perder a un ser querido que se ha atrevido a decir la verdad y a denunciar la injusticia, ‘El olvido que seremos’ se convirtió, a muy poco de haber sido publicado, en un gran éxito editorial, reafirmando a Abad Faciolince como uno de los escritores colombianos más importantes en la actualidad. Aunque este libro fue el protagonista de la charla, Abad agradeció que se le preguntará por  ‘Angosta’, una novela que él quiere mucho, y que considera su texto más elaborado. En él Abad también hace referencia a la muerte de su padre, pero desde un personaje de la ficción. Al leerla no puede uno dejar de pensar que es una de las mejores novelas que se han escrito en los últimos años en Colombia, y que se merece el mismo reconocimiento que ha tenido la más reciente obra del autor.

‘Yo lo único que se hacer es escribir’

Gracias a la reflexión que sobre la sociedad colombiana hace Héctor Abad en sus libros y en sus columnas de opinión de la revista Semana, los asistentes al conversatorio resaltaron el valioso aporte que un autor como él puede hacer para mejorar la realidad nacional. Pero con la franqueza que lo caracteriza él respondió: “Un escritor no se debe ver como una persona que tiene respuestas y soluciones; yo  lo único que se hacer es escribir. Tampoco espera que  ‘El olvido que seremos’, donde no sólo  expresa su admiración por su padre sino que destaca lo feliz que fue su niñez y su entorno familiar,  se convierta en una guía para resolver conflictos: “Cada familia es distinta, y hay familias horribles; mi libro es un elogio a una familia donde tuve la suerte de nacer, pero hay familias que no se merecerían sino la disolución, hay familias espantosas, hay familias que son un foco de torturas para los hijos. El libro tampoco es un elogio de cualquier familia, hay de todo, hay familias que no se merecen ni siquiera el dialogo porque es imposible”.

Esto no significa, sin embargo, que Héctor Abad Faciolince no reconozca la importancia de las opiniones que emite, y que se pueden apreciar cada semana en sus columnas de opinión.  Sabiendo que vivir del oficio de escritor es muy difícil, el periodismo ha sido para él una forma digna de subsistencia, una forma honesta de seguir trabajando con las palabras. Pero además se ha convertido en un modo de estar enterado de todo lo que pasa en Colombia, de reflejar en sus escritos lo que la gente piensa y sufre. “Lo que pretendo inicialmente es por lo menos no hacer daño, sino tratar de ayudar en algunos casos concretos; un columnista no cambia un país, no cambia una persona, no cambia nada, pero por lo menos confirma ciertas ideas en personas que ya las tienen, para que se mantengan en una posición  de mayor independencia, y yo lo hago con mucha pasión”.

‘La gente tan querida y las ciudades tan feitas’

Al preguntársele sobre cómo percibe a las ciudades colombianas, después de haber viajado por lugares del mundo como Alemania, Abad Faciolince no abandona su franqueza: “Todas las fachadas son horribles, todo el mugre, todo el desorden, ese humero de los camiones, y habiendo uno estado en Berlin el contraste es horrible. “Al venir para Cali, cuando uno esta en el avión el campo del Valle del Cauca  es de una belleza conmovedora. Aterriza uno y de lejitos no esta mal  pero ya se mete uno  en la ciudad y esas obras sin terminar, del hotel para acá se caminan tres cuadas y ese humero. Son ciudades muy feitas....”  “Medellín es igual de feita”, dice al final como respuesta a la reacción entre divertida e indignada del público, y como para demostrar que el tan reconocido orgullo paisa no le impide ver los problemas del querido terruño donde aún vive. Para HAF lo que nos falta en definitiva es sobre todo una gran cultura estética en las ciudades, un sentido de planeación urbana que haga posible la belleza que aún se conserva en los pueblos y las zonas rurales.

La verdadera re-evolución del arte

Haciendo alusión al lema de este XIII Festival Internacional de Arte de Cali, Abad también se refirió a lo que se necesita para que haya una verdadera revolución que le permita a todo el mundo acercarse al arte. Para él la revolución tiene que ser sobre todo educativa, que la gente se eduque en buenos colegios, y que estos les den los libros si no pueden comprarlos. Gracias a su experiencia cuando ha visitado colegios y lugares populares, y a la buena recepción que ha tenido entre este público, él confirma que el problema muchas veces es de divulgación, porque probablemente a los barrios marginales no llega el periódico o la emisora que informa sobre un evento como este Festival. Esta posición sobre la necesidad de hacer llegar la cultura a toda la gente se reflejo en su respuesta a la última pregunta de la noche, cuando un asistente le pidió su opinión sobre la piratería, sobre el hecho de que en un semáforo se pueda encontrar por $5.000 un libro que en realidad vale $30.000: “Ahí si depende, si es alguien de  aguablanca el que lo compra bien; si es un señor que tiene unas gafas bonitas como usted, no”.

*Estudiante de Licenciatura en Literatura, Universidad del Valle. Martha1218@ gmail.com.