Evento – Voces para transformar a Colombia

Voces para transformar a Colombia

Esta es la primera exposición del Museo de Memoria Histórica de Colombia, en el marco de la Feria del Libro de Bogotá, del 17 de abril al 2 de mayo. Tiene un mensaje central sencillo pero profundo: no se puede transformar el país sin reconocer lo que ha pasado, y no se puede reconocer lo que ha pasado sin comprometernos a transformar el país. Con esta exposición, el Museo de Memoria Histórica de Colombia pone a prueba sus aprendizajes, luego de años de atenta escucha a los territorios.


Por: Julio César Pino Agudelo
Estudiante de Lic. en Literatura




Foto: http://museodememoria.gov.co


Voces para transformar a Colombia busca dar elementos para entender la complejidad de una guerra plagada de intereses, aboga por el esclarecimiento de los hechos victimizantes y reivindica la lucha y la resistencia de las comunidades más afectadas por la violencia para demostrar su derecho a tener una voz, un lugar por el cual transitar y un hogar en su propio país.
Esta es la primera exposición del guion del Museo de Memoria Histórica de Colombia, que por su misma esencia es un proyecto en construcción. No se trata de una versión única sino de una narrativa posible. Su puesta en escena busca resolver dos interrogantes. Por una parte: ¿qué se llevan los visitantes de la exposición y cómo se compara esa experiencia frente a los objetivos de comunicación trazados? Y por otra: ¿qué interrogantes deja la exposición en los visitantes frente a su propio rol y capacidad de transformación para la no-repetición?

La exposición es una invitación a pensar en el lugar que ocupamos en este país. El comienzo de una historia que podría ser contada de muchas formas y la primera muestra del Museo de Memoria Histórica de Colombia, una propuesta en construcción. Está diseñada para oír historias de violencia y de dolor, pero también de dignidad y resistencia ante los embates del conflicto armado. Es para conmoverse, para formular y contestar con personas amigas y desconocidas nuevas preguntas, para estar de acuerdo y en desacuerdo, para debatir democráticamente, para inspirarse a imaginar otros futuros posibles. Es para crear en conjunto.

La voz central en este recorrido es la de las víctimas del conflicto armado en Colombia, la de personas y comunidades que han sido vulneradas, excluidas, ignoradas y silenciadas. Y sin embargo, ellas no son las únicas voces. Hacen parte de la multiplicidad de voces que aún debemos escuchar y reconocer para comprender nuestra guerra y para reencontrarnos como sociedad.

Ya adentro, se ven historias de personas y comunidades que nos muestran con su experiencia los problemas centrales del conflicto armado y también los esfuerzos por buscar opciones y salidas a la violencia. Estos relatos dan testimonio de los daños e impactos que ha dejado la violencia en la sociedad colombiana y claman porque unamos esfuerzos para salir de la guerra y construir un país en paz.

En cuanto a la forma en que es contada, la exposición es un recorrido que emprendemos por los territorios de este país de la mano de algunos personajes. Es una historia contada a través de tres personajes: tierra, cuerpo y agua. Cada uno narra el conflicto armado y responde a estas preguntas: ¿Qué le hace la guerra al cuerpo, a la tierra y al agua? ¿Qué hacen el cuerpo, la tierra y el agua en la guerra? ¿Cómo cuentan la guerra?

Contar el conflicto armado es una ardua tarea, pues es una historia en construcción: es complejo establecer con precisión y contar con una sola versión sobre sus orígenes y sus causas. Porque ha mutado en el tiempo: el país ha cambiado. Porque sus actores y protagonistas se han transformado. Porque, en todos estos años de guerra, el silencio, la estigmatización y la desconfianza se han asentado. Porque no hemos oído a todos los actores, víctimas, perpetradores, responsables: todavía nos falta saber muchas cosas. Porque ha dejado una huella imborrable en todo el territorio nacional y su impacto sobre las distintas regiones del país no ha sido el mismo. Porque su impacto sobre los cuerpos y vidas de mujeres, hombres, niñas y niños, tampoco ha sido el mismo. Porque es una guerra que aún no ha terminado. Porque tenemos más preguntas que respuestas. Y, sobre todo, porque ha sido una guerra cruel, que ha causado daños irreparables en personas, comunidades y medio ambiente.

Muchos fueron los retos que se enfrentaron en la construcción de la exposición. Responder a las múltiples y diversas demandas, expectativas y exigencias de las víctimas, fue uno de ellos. Representar la enorme diversidad de historias, culturas, cuerpos, territorios, iniciativas de resistencia. Dar cuenta de la relación entre las violencias en el marco del conflicto armado y las otras violencias que lo anteceden y lo preceden. Escuchar a los responsables de las decisiones o a los perpetradores de la violencia que desataron o ahondaron el conflicto armado, sin permitir justificaciones o amplificar sus propósitos criminales. Visibilizar el sufrimiento de quienes han padecido la violencia, sus luchas, sus resistencias y su solidaridad, sin victimizarlas. Mostrar los retos que como sociedad enfrentamos ante los grupos insurgentes que hacen tránsito a la vida civil y a la política sin armas. Afrontar los desafíos que representa contar la historia con la presencia de actores armados en los territorios. Aportar, desde esta historia que se narra, a la construcción de una sociedad donde se respeten los derechos de todos y todas, sin excepción.

“El territorio es la vida, y la vida no es posible sin el territorio”.
Foto: Julio César Pino Agudelo


La tierra, el agua y el cuerpo narran la guerra en Colombia

La exposición fue diseñada para oír historias de violencia y de dolor, pero ante todo de dignidad y resistencia ante los embates del conflicto armado. La voz central en este recorrido es la de las víctimas, la de personas y comunidades que han sido vulneradas, excluidas, ignoradas y silenciadas.

Por más de 60 años, el conflicto armado en Colombia ha modificado las vidas de millones de personas. Pero unas se han visto más afectadas que otras. Vivir en zonas estratégicas para el control y desarrollo económico, político o militar bastó para estigmatizarlos y volverlos blanco de persecución o muerte. El despojo de tierras, el abuso del cuerpo como arma de guerra y el control de las aguas de ríos, ciénagas y mares por parte de grupos armados ilegales y sus aliados han causado daños inmensurables a millones de colombianos, muchos de los cuales perdieron la vida en su intento por defenderse o defender a sus comunidades.

La selección de los casos estudiados tiene varias dimensiones. Una abarca distintas temporalidades, no solamente relacionadas con el conflicto armado interno reciente sino con violencias de otros tiempos y momentos. Otra es la dimensión espacial, que muestra cómo han sido afectados distintos territorios y cómo sistemáticamente lo siguen siendo. Además, una relación con distintos repertorios de violencia, como la relación desplazamiento-despojo, violencia sexual o desaparición forzada, pero también con otras más estructurales que revelan redes mucho más complejas de poder, alianzas y responsabilidades diferenciadas, como las que se ven de manera clara en la presencia de los distintos grupos armados ilegales. Se busca también que estén representados el mayor número de grupos poblacionales, teniendo en cuenta identidades sexuales y orígenes étnicos, haciendo notar que el tema de la infancia en la guerra es un capítulo que necesitará de desarrollo en una futura exposición. Y que se pudiera tener una presencia de distintos grupos armados, que fuera claro que las responsabilidades son diferenciadas.

No es fortuito que la selección de los casos incluya violencias que se siguen ejerciendo, como muestra de que la resolución parcial de un conflicto armado no resuelve del todo la situación de inestabilidad que aún padece el país y que va mucho más allá de las guerras entre ejércitos. Zonas como el Urabá, el Putumayo o el Catatumbo se revelan como lugares de conflicto no resuelto.

La exposición se aborda a través de la narración de historias nacidas del trabajo con distintas comunidades del país que han sido afectadas por la violencia, pero no se centra únicamente en los hechos victimizantes sino en perspectivas más amplias: ¿cómo llegaron?, ¿cómo era la vida ahí?, ¿qué les pasó?, ¿cuáles fueron sus luchas y sus resistencias?, ¿cómo regresaron?, ¿qué está pasando hoy en día en ese territorio?

Si bien hay una capa de la memoria que está presente en las historias de cada individuo o comunidad, se introdujeron otros elementos para el análisis que provienen de compilación de cifras, sentencias, georreferenciaciones, presencia de múltiples actores y líneas de tiempo. Esas fuentes buscan ampliar la comprensión de las historias en un marco que permita una reflexión que pasa por historias pero termina en los mensajes que se desarrollan en el guion conceptual. Los individuos y las comunidades son la puerta de entrada que permite evidenciar patrones, magnitud, sistematicidad. La apuesta de la exposición es que los individuos puedan abstraer aprendizajes que rebosan historias y generan preguntas sobre los problemas estructurales del conflicto armado.

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