Evento – Mundial Rusia 2018

Mundial Rusia 2018

La Historia reflejada en el fútbol
Cuatro largos años de espera para un efímero pero intenso mes de competición. La Palabra comparte con sus lectores fragmentos de una visión del Mundial Rusia 2018 de fútbol, la del historiador y escritor valduparence Javier Ortiz Cassiani, en la que revela, a través una aguda perspectiva histórica y una prosa audaz, el carácter de las naciones a través del deporte rey.


Por: Javier Ortiz Cassiani
Historiador y Columnista de El Espectador




Lionel Messi: el rostro de la frustración argentina.
Foto: https://eldoce.tv/videos/deportes/penal-lionel-messi-seleccion-argentina-islandia-mundial-rusia-2018_67571


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Si los alemanes fueran como los argentinos, un diario alemán compararía la eliminación del mundial con los bombardeos a Berlín. En Argentina no existen las óperas de Wagner para ambientar la gloria y la derrota con elegancia estoica; hay una educación sentimental inspirada en gauchos indomables, milongas y tangos hemofílicos, culebrones de Libertad Lamarque y código villero. Dos horas después de la derrota alemana, Mathauss de corbata perfectamente anudada veía el siguiente encuentro, Maradona no llegó. El día anterior había sido hospitalizado y dormía la resaca en una clínica. Quizás por eso – solo quizás -, ningún alemán anotará en un mundial un gol de peladero, con una galopada de 60 metros, driblando rivales, engolosinado en su megalomanía cursi e ingeniosa.

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Cuando la idea de juego no es clara, la testosterona no basta. Argentina creyó que alcanzaba con poner huevos en las líneas. En la banda oriental se sabe de cojones, alguna vez putearon al mismísimo templo universal del fútbol. Pero hace rato, Uruguay es más que eso. Orden, salida y talento depredador. Argentina júbilo temprano a un técnico que en los últimos partidos ocupó el simple papel de reclamar a los árbitros desde la raya. Uruguay tiene un director al que respetan sin que grite. Gana el fútbol con la salida de Argentina y Portugal, frena la dicotomía mediática y reduccionista: Messi- Cristiano, Barcelona- Madrid… Los poseídos piques de Mbappé demuestran que la cosa arrancó y la especulación empieza a quedar atrás.




Yerry Mina y un cabezazo de manual que puso a soñar a 50 millones de colombianos.

Foto: https://trome.pe/mundial/yerry-mina-gol-colombia-vs-inglaterra-octavos-final-mundial-rusia-2018-video-88224



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Asistido por la metáfora del triunfo, dos meses después de la final del Mundial Sudáfrica 2010, Iniesta describió su gol a Holanda: “Cesc me dio un pase, entonces apareció Newton…” Hoy no hubo poética de la gravedad. España ya no es la escuadra de Iniesta sino una versión adulterada del mismo club que en la víspera sacó la chequera y encandiló a quien era su técnico. En Moscú no hacía frío, pero Rusia ganó con estética siberiana, aguante, músculo, calambres y un guiño a las formas militares de la revisitada Unión Soviética. Croacia y Dinamarca timaron con goles tempraneros, pero entonces, apareció el letargo. Fueron dos recitales largos y pesados donde los ganadores precisaron sus triunfos con metáforas de aburrimiento.

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Aztecas y mayas practicaban el juego de pelota. Pero no es tan remota la memoria del fútbol. Hay tradiciones que cuajan en menos tiempo, magias que necesitan menos ritualidad. Esto no se fundó en Chichén Itzá o Teotihuacán. Cruzó el Atlántico y se reinventó en los campos de Sao Paulo, en las playas de Río. México sabía que tenía la tradición al frente y no detrás. Hace poco, insolente, irrespetó a una Alemania que todavía tenía el honor invicto. Pero Brasil pisó el balón, llamó al orden. No fue una jornada para milenarios. Japón – la nación de los temblores – sacudió a Bélgica. No le alcanzó. Como si quisiera darse un descanso de tanto vértigo, el mundial volvió al libreto.




Bélgica a hombros de un gigante: Romelu Lukaku.
Foto: http://www.marca.com/futbol/mundial/2018/06/11/5b1ee10446163fd8518b4600.html



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Los que nunca han ganado nada, renuevan cada tanto las alegorías de consuelo. Colombia enfrentó a Inglaterra pensando en reemplazar al escorpión que años atrás dejó su ponzoña en Wembley. Un chico alto de un pueblo negro, se suspendió por los aires y bajó los sueños a niveles manoseables. Los ingleses también tenían planes de jubilación. En las tribunas se cantaba el “God Save the Queen”, pero su fútbol no es ya una exhibición de lores que no simulan ni estafan al reloj. Suecia, también dejó algo en casa, sin su máxima estrella dominó a Suiza, una selección de inmigrantes con camisetas de varias patrias en el corazón. Avanza el mundial con sus complejas formas de revelar a las naciones.

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En el corazón de los jugadores ingleses se desdibujaban tres leones enclenques. Pero los poderosos no jubilan las armas, las desempolvan y las aceitan con cantos de guerra. Inglaterra poco pensó en el rival que tenía al frente, imaginaba la gloria futura. Se subió sobre Suecia y anunció a los cuatro vientos que el fútbol volvería a casa. Menos simbólica sería la otra batalla. No hubo tiempo para exhibir la heráldica. Rusia y Croacia se enfrentaron en una contienda larga en la que los soldados caían exangües. Esa paradoja, en la que un fusilado puede pasar a verdugo, definió el encuentro. Quizá Croacia, con su talento y su balada pedestre, se convierta en la pesadilla de los épicos sueños ingleses.




Los jugones de Rusia 2018: Luka Modric y Kylian Mbappé.
Foto: https://www.larazon.es/deportes/mundial-2018-modric-balon-de-oro-y-mbappe-mejor-jugdor-joven-CA19087511



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Quedan códigos. Todavía. Hace días, Madrid escuchó los gritos de Ramos festejando como suyo un gol que encajó un rival en su propia puerta. Hoy, Griezmann, no se quiso abanicar con la credencial que tiene a Francia a pocos pasos de la final del mundial y de la proyección de su estampa de Principito en el Arco del Triunfo. Impávido, no gritó su gol. Uruguay no lo olvidará. Suramérica está afuera. No hubo un toro capaz de raptar a Europa para ponerla a bailar en el Candombe o a ofrendar a los dioses un terreiro en Salvador de Bahía. El toro fue Lukaku. Toda Bélgica -como en los tiempos de Leopoldo II – cabalga sobre el gigante de origen congolés.

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Sólo en el amor 20 años no son nada. En fútbol son muchos. Francia lo sabe. Acaba de dar el paso que le faltaba para volver a ganar un mundial, y no precisamente con la frente marchita. Los buenos del barrio nunca eran los dueños del balón, pero cuando lo tenían en sus pies hacían maravillas. Superiores, a veces dejaban que el otro lo conservará, impreciso, entusiasmado en su estéril engolosinamiento. Hoy Bélgica tuvo la pelota por mucho tiempo pero careció del centello letal de otras jornadas. Sus ataques fueron sólo un parpadeo de luces que a lo lejos un grupo de africanos vestidos de galo adivinaban con singular precisión. Sin miedo al encuentro con el pasado, Francia espera volver.




Los galos se impusieron 4-2 a Croacia en la Final de la Copa del Mundo y suman su segundo título desde el primero conseguido en 1998
Foto: http://www.milenio.com/deportes/rusia-2018/francia-es-campeon-del-mundial-de-rusia-2018



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Dante menciona a Croacia en La Divina comedia. Algunos catálogos dicen que fue en la ciudad de Pula, en la costa adriática, donde el poeta florentino se inspiró para escribir sus versos. Presunción turística, tal vez no. Lo cierto es que ayer Croacia mandó a los ingleses a la primera cornisa del purgatorio: lugar de los soberbios. En el fútbol a veces ganan los aldeanos pícaros y talentosos que lanzan coles podridas a los ejércitos de cruzados que desfilan con uniformes impecables en busca del Santo Grial. Ni la copa ni el fútbol están volviendo a casa. Quizá, el fútbol ya es un trashumante sin hogar. Cansados y alegres, los croatas están en la final con ganas de irrespetar otra tradición.

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En la Guerra de los 30 años, mercenarios croatas sin ley ni armaduras introdujeron en Francia la corbata y el miedo. Hoy los galos no estaban para copiar estilos, estaban para imponer el suyo. No se pisa la cancha con temor si el día anterior tu nación conmemoró el inicio de una Revolución con pretensiones ecuménicas. Una Francia blindada contra la irreverencia, no dejó espacios para el débil y sus tretas. Hubo lluvia torrencial de verano, pero no nieve invernal. Por fin Napoleón gana en Rusia. La copa otra vez encaja en el arco del triunfo. Sin la migración africana el fútbol francés sería una aburrida alusión a gallos y baguette. Es lo evidente. El resto, simples alegorías, nada más.

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