Evento – La Chirimía del Pacífico

La Chirimía del Pacífico

Por: Isabel Tamayo
Estudiante de Economía




Agrupación Zaperoko, ganadores de la modalidad Conjunto de Chirimía Clarinete, Petronio 2019.
Foto: http://qradio.com.co/2017/07/18/chocoanos-en-el-petronio-se-toman-a-bogota/


La brisa de la noche envolvía la unidad deportiva Saavedra Galindo. La oscuridad del cielo resaltaba el brillo de las estrellas. Sin embargo, aquellos cuerpos celestes se encontraban celosos de Cali, pues su fulgor era opacado por el tercer día del festival Petronio Álvarez que acontecía bajo sus pies. La presentadora del evento nombró la categoría de Chirimía que desde la multitud se escuchó como un susurro de las brisas provenientes del Océano Pacífico, o del río San Juan. Aquella era la forma como las aguas del norte del Chocó le demostraban su apoyo a sus hijos, a cientos de kilómetros de distancia.

Por un segundo, la audiencia sintió el suspenso. La expectación terminó cuando en el escenario se volteó la pared giratoria que llevaba el logo del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez y la Alcaldía de Cali. Las cámaras enfocaron los rostros negros. La gran pantalla nos permitió observar con detalle al grupo musical que sacaba el pecho por su pueblo interpretando la chirimía liderada por el clarinete.

En palabras del fundador del conjunto de chirimía Zaperoko, Juan Carlos García, para el teatro mayor Santo Domingo, “Es importante dejar claro que la chirimía no es un ritmo. La definición exacta, si la buscan en una enciclopedia, es que es un instrumento similar a una flauta. Pero acá (en el Chocó) usamos el término para referirnos a una agrupación”.

El entretanto del silencio de los instrumentos fue llenado por el clamor de la multitud, por los susurros, los abrazos, los besos apasionados, y los gritos de los vendedores ambulantes ofreciendo a la marea local mezclada con aguas extranjeras las bebidas del Petronio que le pusieron la calentura a Cali.

‘‘Lleve arrechón, que Petronio sin arrechón no es Petronio’’.

Un rumor musical comenzó a surgir de los artistas vestidos de blanco en la tarima, y de pronto la faena se encendió al son de los clarinetes cantando la melodía, los bombos llevando el ritmo, los platillos a contratiempo y los jazz palos y los bombardinos. A partir de la interpretación en conjunto de los instrumentos mediante la armonía musical de la sabrosura, nos olvidamos de ellos como elementos separados. No los percibimos como objetos, sino que gozamos de la estructura que crean con su composición.

Los pubenenses, ancestros de los payaneses, tocaban al son de la chirimía en diferentes circunstancias, la primera, para disfrutar de los areitos y los bambucos, y la segunda, para llenar los combates de música que estimularan el ardor del guerrero para la contienda. La gente apeñuscada en aquel enorme espacio, como peces en un cardumen, se coordinaba sin necesidad de palabras. La multitud bailó con las manos levantadas voleando pañuelos y pañoletas blancas, o a razón de la carencia, cualquier tela que permitiera el azote de baldosa en el suelo caleño.

En un inicio, la chirimía conoció los centros coloniales de América gracias al viejo mundo. Bautizada como dulzaina en España y Xirimia en Cataluña, fue la antecesora del oboe. Los negros vuelven suyos los instrumentos europeos en una fusión de culturas. Así nace la chirimía como formato instrumental conformado por un instrumento de viento y un conjunto musical, pues la chirimía es reemplazada debido al inmenso esfuerzo pulmonar que su interprete debía generar.

Se me ocurrió que todos los que reíamos y existíamos en ese momento éramos guerreros, y aquel ritmo de la chirimía reafirmaba nuestra lucha, pues el conjunto musical durante la época de la colonia nos legó una historia de resistencia. Cuando el Statu Quo se da cuenta de la apropiación de los instrumentos, rechaza e insulta al hijo nacido del mestizaje, sin embargo, nuestras comunidades no se detienen, pues aquel sonido estridente se convierte en un emblema, una forma de ser negro, una forma de ser chocoano. La guapura heredada por el legado histórico se vio reflejada en esta edición del festival. El marcado tinte político que los participantes le imprimieron a sus canciones hicieron que estas bailaran al ritmo de los tambores con un claro sello de denuncia en la frente.

El cuarto día de celebración, 18 de agosto de 2019, se premió a los ganadores de la edición 23 del festival. Se le otorgó el triunfo al conjunto musical Zaperoko en la categoría de Chirimía Clarinete, y a la agrupación Chirimía San José en la modalidad de Chirimía flauta de carrizo. Se condecoró a Ledison Vásquez Angulo como el mejor intérprete de la flauta de Carrizo, y a Wismar Mena como el mejor clarinetista.

‘‘Yo tengo mi raza pura
y de ella orgullosa estoy,
de mis ancestros africanos
y del sonar del tambó.
Yo vengo de una raza que tiene
una historia pa’ contá
que rompiendo sus cadenas
alcanzó la libertá.’’
-Mary Grueso Romero.




Asistentes al festival bailan con las pañoletas al ritmo de la chirimía.
Foto: https://calicreativa.com/somos-pacifico-compramos-unidos/


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