Evento – Espacio lúdico pedagógico Quilombo Germán Patiño Ossa

Espacio lúdico pedagógico Quilombo Germán Patiño Ossa

“Una experiencia PaZífica en familia”

Por: Valeria Florez Restrepo
Estudiante de Licenciatura en Literatura




Momento creativo en el Taller de Artes Plasticas por Garcerá, en el Quilombo.
Foto: Valeria Florez Restrepo


Al ritmo de pañuelos blancos danzando entre una marea de cantos y currulaos, la Sucursal del cielo realizó la edición XXIII del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, llevado a cabo en la Unidad Deportiva Alberto Galindo, como ha sido costumbre los últimos años. En esta ocasión la cita fue del 14 al 19 de agosto del 2019.

En la programación nos encontramos con una gran diversidad de propuestas ofertadas por diferentes entidades culturales y educativas. Desde las “Muestras de expresiones tradicionales del Pacífico” y “Concurso musical”, hasta el “Espacio lúdico pedagógico Quilombo Germán Patiño Ossa”. Este último es uno de los espacios más importantes que surgen del Festival, en el que estuvieron presentes diez estaciones lúdico pedagógicas, de las cuales se compartieron: canciones de cuna, juegos, rondas, vida de ríos, talleres de acuarela, selva pacífica, cultura ‘Pazífica’ y talleres de danza, marimba y elaboración de instrumentos. El Quilombo ha llevado por muchos años el nombre de Germán Patiño, quien fue un literato de la Universidad del Valle y fundador de este importante encuentro musical de la región para el mundo, en el año 1977.

Antes de entrar al Coliseo del Pueblo, pienso en el significado de la palabra ‘Quilombo’, vocablo que resuena una y otra vez en mí ante las melodías que logran escabullirse entre las personas que salen y entran del corazón del Petronio. Por mi lado pasa un hombre en compañía de dos menores, todos afrodescendientes. Alcancé a escuchar cómo las palabras ‘Quilombo’ y ‘comunidades’, figuraban entre las manos que trazaban bailes frente a los pequeños luceros. Sin dudarlo, me acerqué a ellos y al preguntarles sobre la palabra, don Ramiro nos compartió: “Quilombo, cumbe o palenque, se nombra según el gusto, y ni siquiera el tiempo podría olvidar la tradición de nuestro lenguaje. Cuando nuestros ancestros lograron huir del colonizador, fundaron sus propias comunidades y leyes, ahí nace la importancia de estas palabras, de la memoria ancestral”.

La gran estructura del Coliseo se convierte en una guarida de risas y zapateos. Al ritmo de diferentes géneros del Pacífico, los niños reconocen la cultura de sus ancestros y comparten con sus familias. En el centro de este, una gran tarima expone el talento joven colombiano, donde las diferentes agrupaciones musicales y de danzas, hacen vibrar al cielo y resisten ante las adversidades de la tecnología. Sus alrededores son ocupados por diez estaciones de diferentes entidades, todas dispuestas a ofrecer lo mejor de sus ideas para las personas que los visitan. La primera de ella pertenece a la Institución Etnoeducativa Vicente Borrero, ubicada en el barrio Alfonso López. “Nosotros creamos un proyecto etnoeducativo con la llegada de Mi Comunidad Es Escuela, donde aportamos la autenticidad de construir un proyecto de vida”, nos compartió María Díaz, docente de la institución. Algunas de las actividades que se pudieron disfrutar de esta estación, fueron Casilda, mujer guerrera y Picnic literario, seguida de la maravillosa serie animada Guillermina y Candelario. Tuvimos el placer de hablar con Maritza Rincón, quien nos compartió: “Tratamos de simular el escenario de la isla Delfín, universo donde sucede la serie. Hay niños que nunca han estado en la playa, entonces estamos contentos de compartir con ellos el arenero. El escenario lo hicimos a medias porque quisimos que los niños fueran coloreando los elementos que componen la isla. Además de los talleres literarios.” Seguido a Guillermina, nos encontramos con un espacio donde las crayolas hacen parte de los paisajes del Pacífico y de los instrumentos musicales. El artista bonaverense “Garcerá” nos recibió con una sonrisa pincelada por cada niño que se acercaba con el interés de sentir y conocer su arte. Entre las melodías que resonaban en cada ser, los niños disfrutaron de la cartilla ‘Colorear es una buenAventura’. Con el propósito de fomentar la lectura, de identificar, fortalecer y promover los derechos culturales de los niños y las niñas, estuvo presente la Estrategia digital de cultura y primera infancia: Maguaré y Maguared, el cual pertenece al Ministerio de Cultura, y contó con la alianza de Fundalectura. Pero éstas no fueron las únicas entidades. También estuvieron presentes la Escuela Nacional del Deporte, la Universidad Pontificia Bolivariana, La Secretaría de Paz y Cultura Ciudadana y Proyectos Alabaos, quienes propusieron diferentes proyectos y compartieron sus productos con los visitantes del Petronio.

En mi recorrido por el Quilombo comprobé que el Petronio es un espacio para todos, en el que las diferentes vertientes del arte y los saberes, se encuentran no sólo para visibilizar, fomentar y promover la cultura afrodescendiente, sino también para rendirle homenaje y para recordar la lucha por continuar, pese al tiempo, con nuestros saberes ancestrales.




Espacio pedagógico de Fundalectura, Maguaré y Maguared, en el Quilombo.
Foto: Valeria Florez Restrepo


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