Evento – 48 Hour Film Proyect Cali 2018

48 Hour Film Proyect Cali 2018

¡Un fin de semana de locura!


El 48 Hour Film Project (48HFP) es un festival en el que varios equipos de cineastas realizan un cortometraje en un tiempo récord, 48 horas, viviendo la más pura e inolvidable experiencia cinematográfica. Carlos Arias, City producer de Proyecto 48 Cali, nos habla de los antecedentes, la actualidad y la proyección de este particular festival que promueve la producción de cine en la Sultana del Valle.

Por: Julio César Pino Agudelo
Estudiante de Lic. en Literatura




Afiche Proyecto 48 Cali 2018.
Foto: Cortesía Proyecto 48 Cali


El tiempo limitado del 48HFP es el atractivo de este festival, pues agudiza la concentración e incentiva la creatividad y el trabajo colaborativo. Los cortometrajes producidos además revelan el arte, la sociedad, el medio ambiente, la realidad y subjetividad de su gente, generando así un importante incentivo para la integración de las distintas manifestaciones culturales en el ámbito audiovisual.

El 48HFP se inició en los Estados Unidos hace 16 años. El festival se ha celebrado en más de 150 ciudades y más de 60 mil cineastas han producido cortometrajes en Asia, Australia, Europa, Medio Oriente, África y las Américas, generando así una competición global de alto nivel de creatividad y profesionalismo.

La Palabra: ¿Qué es Proyecto 48?

Carlos Arias: Proyecto 48 es un festival de cortometrajes que se viene realizando hace 16 años en el mundo, y hace cuatro años en Cali. Cada ciudad es independiente. Somos 150 ciudades en el mundo en 52 países. Básicamente consiste en hacer una película en 48 horas, un fin de semana. Esto no es un concurso más de cinematografía; la idea de producir en tan corto tiempo genera en los participantes una posibilidad distinta de manejar el tiempo y de estructurar mejor una historia. Esa ha sido la apuesta. Y bueno, también una apuesta a la cinematografía caleña, que cada vez está creciendo más y que en algún momento estuvo en stand by, pero volvió a resurgir. Esta propuesta está enlazada a dos festivales, que son el Filmapalooza y el de Cannes. El primero convoca a las 150 ciudades y a sus ganadores, y casi siempre se ha hecho en Estados Unidos (Atalnta, Hollywood, Seattle), a excepción de este año, que se hizo en Paris. Los diez ganadores nuestros en Filmapalooza van directamente a una exhibición en el Short Film Corner, de Cannes, que es otro de nuestros trampolines.

El Kick off , patada inicial o salida de los equipos para las 48 horas, se hace un viernes a las siete de la noche, y el proceso culmina con la entrega de la película el domingo a las siete de la noche. En la salida se dan cuatro elementos: una línea de diálogo, un personaje, un objeto y un género. Los tres primeros elementos son los mismos para todos los grupos, y el género pasa a un sorteo en el que uno de los integrantes de cada equipo escoge, al azar, de entre treinta géneros que tenemos. Esto permite que no haya la posibilidad de que los participantes lleguen con una idea de película preconcebida. Se pueden tener ideas por la experiencia que algunos ya han tenido en el mundo del cine, pero casi siempre se les recomienda que vayan más en una disposición de abrirse y poder aprovechar al máximo los elementos. Que no sea solamente meterlos por justificar dentro de su historia la línea de diálogo, el personaje o el objeto; que sean elementos que puedan tener un sentido, o que puedan ser el elemento principal de la historia. Eso también es evaluado por nuestros jurados.

Short Film Corner, Cannes. París, Francia. Ganadores de Proyecto 48 Cali 2017, por el cortometraje titulado El reflejo de la montaña.
Foto: Cortesía Proyecto 48 Cali.


¿Cuál es el balance de Proyecto 48 en cuatro años que llevan en Cali?

En nuestro primer año en Bogotá, tuvimos una inscripción de 85 equipos participantes. En ese momento en Latinoamérica fuimos los que batimos el record en inscripciones. Cuando hablo de Latinoamérica, me refiero a Argentina, Brasil, México, Paraguay y Perú.

En mi experiencia con este tipo de propuestas, recuerdo que en algunos momentos que estuvimos con esas tensiones muy fuertes dentro del país, caracterizadas por la agresión y la violencia, el resultado de los cortos de ese momento era igual: sangre. La mayoría, por no decir todos, algo pasaba, porque siempre tenía que haber sangre en las propuestas. En estos momentos, por ejemplo, nos damos cuenta que sí; la sangre sigue siendo una constante fundamental, pero ya no es lo más importante. Ahora lo importante es humanizar esa situación; más que aprovechar la sangre para vender, que a la final es un poco lo que nuestros medios hacen, y estoy hablando de los medios visuales, sobre todo. Entonces eso ha sido la apuesta. Nos estamos encontrando con una forma distinta de contar historias, no justificándose en la sangre, pero sí hablando de que hay una violencia, y de que hay situaciones complejas dentro de nuestro país. Hay otros casos en que se producen cortos muy personales, por ejemplo. Entonces nos encontramos con otras perspectivas, con que muchos de los participantes han interiorizado el trabajo. Creo que eso también es el fortalecimiento que de una u otra forma dentro de las universidades e institutos, han venido absorbiendo, para que las propuestas tengan unas dinámicas diferentes. Por ejemplo, en la línea de diálogo hemos usado frases muy nuestras como el “todo bien”, por ejemplo, o el “qué hay pa’ hacer”. El objeto fue en algún momento la “chuspa”, que es una bolsa. Por fuera tú hablas de una bolsa y no hay problema; pero si dices “chuspa”, todo el mundo te mira como raro. Entonces es un poco como eso. Cada uno de estos elementos nos ha servido para generar un punto de vista y unas reflexiones sobre la ciudad, cosa que nos parece también muy importante porque es otra forma de contarla, en este caso, con cortometrajes entre 4 y 7 minutos, que son lo que duran nuestras películas para exhibición.

Tenemos un promedio de 20, 25 cortometrajes en Cali por año, algo que es bueno comparado con otras ciudades. En este año, por esa razón también, pensándonos no solamente en Cali, estamos viendo la posibilidad de expandirnos a otras ciudades alternas. Hemos tenido la posibilidad de traer gente de Pasto y de Popayan, por ejemplo, para que participen. Este año estamos proyectando Buga, Tuluá, Buenaventura. Entonces vemos que hemos logrado crear, en un tiempo de 48 horas, casi que un gran plató de grabación dentro de todo el departamento, apostándole a Cali como epicentro de toda esta historia, pero que realmente tenga un reconocimiento y abrace todo lo que es el departamento por todas las producciones que de una u otra forma se están haciendo y a las cuales también le apostamos.

Proyecto 48 es un esquema muy particular que obliga a los participantes a poner en práctica ciertas destrezas como la creatividad y el trabajo en equipo. ¿Cuáles crees que son las aptitudes específicas que este esquema demanda de sus participantes?

Una de ellas es agudizar la concentración. No se trata de sacar peros, sino de proponer. Tienes solo 48 horas, el tiempo es limitado, y solo tienes una alternativa: o haces o haces. El buen manejo del tiempo aquí es vital. Por otro lado, hay que agudizar toda la percepción para aprovechar los recursos al máximo y sacar un buen resultado. Proyecto 48 es un festival más, pero ofrece unas alternativas que permite interiorizar otra serie de elementos. Entonces creo que allí está la apuesta nuestra. En Proyecto 48 el tiempo y la coordinación con tu equipo se vuelven muy importantes, al igual que ser muy intuitivo a la hora de aprovechar a los integrantes de tu grupo, pues el audiovisual, al igual que otras áreas, es algo muy colectivo. Hay un director que mueve los hilos, pero detrás de este hay todo un equipo: dirección de arte, dirección de fotografía, cámara, el carga los equipos, el que trae los tintos, los actores, etc. En reconocimiento a toda esta labor, hemos venido dando una serie de menciones y premios a todo este equipo que está detrás.

Este año le estamos apostando a la parte de formación. Pensamos que hay unos vacíos que tienen los grupos de trabajo, pues la teoría es importante, pero también la práctica, y esto es lo que de una u otra forma también ofrecemos. Es por ello que ante estos vacíos, por ejemplo, traemos a directores como Miguel Urrutia, un cineasta con varias películas en su haber, con toda una experiencia y conocimiento, para que dé charlas y haga parte de ese proceso que estamos incentivando en Cali. Otro de nuestros jurados este año es Salvo Basile, por ejemplo. Otro elemento importante es que estamos viendo qué caleños siguen en el medio cinematográfico, pero ya no residen en Cali, para que también nos cuenten sus experiencias, pues hay un momento en que Cali queda pequeña con respecto a las aspiraciones y proyecciones que podemos tener algunos dentro del cine, por lo que empezamos a buscar otras alternativas y a veces nos vamos. Lo que nos interesa es traer a toda esa gente como invitados para que nos cuenten esas experiencias de por qué se fueron y qué están haciendo afuera.

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