Especial Centenario Barrio Obrero – Los últimos días de Eloy Alfaro

Los últimos días de Eloy Alfaro

Por: Mateo Fajardo
Estudiante de Lic. en Literatura




José Eloy Alfaro Delgado (1842 – 1912), político y militar ecuatoriano que lideró la revolución liberal ecuatoriana.
Foto: https://lahora.com.ec/zamora/noticia/1102218262/efemerides-hoy-se-conmemora-el-asesinato-de-eloy-alfaro


Sobre la carrera 10 entre las calles 22 A y 23 está situado el parque Eloy Alfaro del barrio Obrero en Cali. Inmigrantes ecuatorianos encargaron a su compatriota escultor Luis Mideros Almeida la elaboración en bronce del busto que está ubicado en el centro del parque desde el 25 de julio de 1937. Con esto, la colonia ecuatoriana asentada en el barrio Obrero quiso celebrar la conmemoración del cuarto centenario de una ciudad que olvidó el nombre del caudillo liberal homenajeado en bronce y continuó llamando al parque con el topónimo del lugar, que igualmente apellidó al Unigénito de la iglesia abyacente, la Parroquia Jesús Obrero, situada sobre la misma acera que una cuadra adentro conduce al tradicional bailadero La Matraca.

Imputado de perseguir la modernización económica y cultural en un país sudamericano, José Eloy Alfaro Delgado murió linchado e incinerado el 28 de enero de 1912 en San Francisco de Quito a los 69 años de edad. Había llegado a sus últimos años la Revolución que en 1883 lo proclamó “jefe supremo” de las facciones liberales en guerra civil contra los conservadores en el gobierno. Obtenido el triunfo militar en 1895, la jefatura suprema se convirtió dos años después, vía Asamblea Constituyente, en Presidencia de la República, cargo que ejerció en dos periodos hasta 1911. Naturalmente, como comerciante y liberal radical que fue, hizo modificaciones imperdonables, como la sustitución del diezmo católico por impuestos sobre la propiedad, la laicización del gobierno, inclusión de la mujer en la educación, aprobación del matrimonio civil y del divorcio, creación de la Registraduría y administración de cementerios (actividades anteriormente en manos de la Iglesia), distribución de la tierra y abolición del latifundio improductivo, trazado y construcción de carreteras, alcantarillados y redes eléctricas. Pero él logró más importante de su gestión fue el ferrocarril transandino que comunicó el litoral con el centro del país, la línea férrea Guayaquil-Quito inaugurada en junio de 1908. Las líneas Quito-Ibarra, Ibarra-Esmeraldas, Guayaquil-Manta-Bahía de Caráquez y Guayaquil-Machala fueron, como era de esperarse, abortadas por la oposición política. Entonces, entre alianzas, traiciones y especulaciones, se operó una fractura en el partido de gobierno. Por un lado los liberales radicales de corte alfarista y por el otro los liberales “moderados” adictos a la figura del general Leónidas Plazas Gutiérrez, de ascendencia colombiana y posterior verdugo de los líderes radicales. A este respecto, hay una compilación de diversos artículos, discursos, crónicas, informes, etc., titulada “Los últimos días de Alfaro” que, como ya se mencionó, fue exactamente el 28 de enero de 1912. Citamos algunos extractos:

“Hay que volver al menos al 11 de agosto de 1911, cuando Eloy Alfaro fue derrocado 20 días antes de que terminara su período y abandonó Quito tras asilarse en la legación chilena. Desde su exilio en Panamá, Eloy Alfaro regresaría a suelo ecuatoriano el 4 de enero como mediador entre las facciones en combate. Los rebeldes alfaristas acuerdan una capitulación tras la derrota militar. Los acuerdos no se cumplieron. Alfaro, su hermano Medardo, su sobrino Flavio, los generales Ulpiano Páez y Manuel Serrano y el periodista Luciano Coral, fueron enviados a Quito en tren (el mismo que había inaugurado cuatro años atrás) por orden del general Leónidas Plazas… Grupos del pueblo, con gran satisfacción de los soldados escoltas, fueron insultando a los prisioneros, mientras algunos más audaces comenzaron a arrojarles piedras, una de las cuales hirió en la frente a Flavio Alfaro. La multitud fue cada vez mayor, y mientras los soldados pugnaban por avanzar, la gente del pueblo los incitaba a matar a los prisioneros. Al final, el automóvil llegó al pretil de entrada del Panóptico. En la puerta, el director del Penal Rubén Estrada recibió los prisioneros de manos del coronel Sierra, quien al retirarse habría manifestado: ‘Yo he cumplido con mi deber, ahora le toca al pueblo.’”

El horrible hecho tomó forma literaria en la pluma de Vargas Vila:

“… Ya la marea zarraspastrosa, se dirige contra el Panóptico; los soldados, hacen el simulacro de resistir; se oyen pocos tiros; las puertas de la prisión, se abren; los pretorianos, se fingen vencidos; ¿por quién? ya lo estaban, por el oro clerical, y la orden de sus amos; la turba armada, se dirige hacia la celda de Eloy Alfaro; husmean al Héroe, cual si fuesen a cazar al león vencido, por entre el bosque de laureles, que ha sido su vida; entran en la celda los galgos de Caín… —Cobardes —dice el Héroe; el traidor, dispara; y, el viejo Libertador, cae fracasado el cráneo por una bala; el corazón de América, se rompió en pedazos; el único Héroe auténtico, yace en tierra… lo ultrajan, lo escupen, lo desnudan, le atan una cuerda a los pies, y lo sacan a la calle; el Éxodo de la Muerte, principia en ese horizonte de pavor; la hora, es de las fieras…el Héroe, victorioso de la Muerte, a causa de la Muerte misma, vencedor en el seno de ella, volatilizado en cenizas, bajo el fuego versicolor, se hizo coloso, silenciosamente, fuera de todo clamor de tempestad; él, que lo había vencido todo, venció también la Muerte, alzándose del fondo de ella, más vivo, más luminoso, más transcendental, transfigurado ya, y fundido en los linchamientos de la Inmortalidad…”.




Busto del General José Eloy Alfaro, ubicado en el Parque del Barrio Obrero de Cali.
Foto: Óscar Hembert Moreno Leyva.

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