Especial Acreditación – Bienestar universitario o el núcleo de la familia univalluna

Bienestar universitario o el núcleo de la familia univalluna



Por: Andrés Gaviria




Campus Meléndez, coliseo Coliseo Alberto León Betancourt, Centro de Alto Rendimiento


Ser primíparo en la Universidad del Valle puede ser una experiencia abrumadora y fascinante. Pasar de las proporciones discretas y limitadas de un colegio promedio, en el que los servicios adicionales a las clases suelen ser la enfermería, la cafetería, la biblioteca y una cancha de microfútbol y en el que, por más área que abarque, siempre se hacen las mismas cosas: unas cuantas izadas a la bandera al año, la clase de educación física en la que se puede salir del salón por un par de horas y, si el colegio decide ir más allá, ofrecer quizás un grupo de danzas, uno de teatro y una banda marcial.

La emoción de haber conseguido un cupo en la Universidad del Valle solo se equipara a la sensación de inmensidad que transmite su Campus desde la primera vez que uno lo ve. Imponente e inicialmente al menos, misterioso. Hay una mezcla de construcciones que evocan al Cali viejo, ese del que hablan nuestros padres, nuestros abuelos o ese libro de Andrés Caicedo que leímos en el colegio; también hay edificios que parecen contemporáneos y parecen los hermanos menores y “modernos” de los primeros. Algunos tienen marcas del paso del tiempo, murales, grafitis, placas conmemorativas, que llevan a pensar que no solo se está viendo arquitectura, se está viendo historia.

Con el pasar de las semanas, los meses y luego de los semestres, se van descubriendo salones, auditorios, baños, lugares de reunión, comercios, costumbres y hasta las fechas en las que hay temporada de mangos y hay fruta garantizada para el que quiera bajarla de un árbol o recogerla de cualquier camino mientras pasa de un edificio a otro, entre clase y clase. Cada estudiante, dependiendo de su carrera, elige lugares que le son cada día más familiares y, sin darse cuenta, hace de ellos su hogar. De repente esa ciudadela en la que decidimos hacer parte de un equipo de fútbol, basquetbol o en la que descubrimos las bondades de tener siempre un rival en ajedrez o ping pong, nos acogió de forma familiar y silenciosa. Pasamos días enteros entre clases, filas para la cafetería central, miles de libros, discos, películas y documentales en la biblioteca, y oficinas en las que cada tanto tenemos que solicitar algún servicio que no sabíamos que la Universidad ofrecía.

Es ahí que se ve la gestión transversal y constante de Bienestar Universitario, cuya función, como bien se hace evidente en su nombre, consiste en velar por el bienestar de la comunidad universitaria. Esto lo hace a través del apoyo a distintos estamentos y servicios que hacen parte de la cotidianidad de la vida en la universidad. El bienestar tiene varias funciones, una de ellas es apoyar a los estudiantes en su vida universitaria en aspectos sicológicos, en aspectos de alimentación, en posibilitar la formación integral a través de la cultura, de los deportes, del intercambio, de la literatura, favoreciendo la estancia de los estudiantes en los campos universitarios, facilitándoles la vida y que se sientan a gusto, con el objetivo fundamental de no deserción y del éxito académico que se pretende a nivel general. Probablemente, el servicio de Bienestar más conocido, sea la solución subsidiada a la alimentación a través de sus cafeterías, que sirven alrededor de 5000 almuerzos al día. De estos, 1250 hacen parte de las becas, lo que quiere decir que se entregan de forma gratuita.

Cuando llega la enfermedad, siempre está el servicio médico, que cuenta con personal que se ocupa de buscar soluciones que beneficien al estudiante y al empleado. Yo, por ejemplo, conocí su excelente servicio luego de un accidente en una salida de campo en la que después de una caída y un esguince, tuve atención prioritaria y unas horas después del incidente, estaba estrenando una bota de yeso. Por supuesto, el servicio de salud no se limita a eso. La universidad cuenta con una unidad de servicio psicológico, que de hecho, creció bastante en el 2020, a causa de los retos que llegaron con la coyuntura del Covid-19. Las unidades de salud ocupacional, por otro lado, llegaron hasta a quintuplicar su personal para dar abasto.
Cuando la situación económica amerita una solución adicional, aparece la labor del área desarrollo económico, desarrollo humano y asuntos socioeconómicos, donde, entre otras cosas, se puede hacer una revisión de matrícula para equilibrar la carga económica de acuerdo a la capacidad de cada estudiante y se pueden otorgar subsidios a los que lo necesiten.

Muchos consiguen su primer trabajo durante el estudio de su carrera y una de las opciones más viables suele ser tomar una de las miles de monitorías que ofrece la universidad. En la actualidad, hay alrededor de 3250 y abarcan labores que pueden hacer parte de procesos académicos, administrativos o investigativos. Son una forma de ayudar a la manutención de muchos estudiantes y hacen parte de un aspecto tan sólido, que se sostuvieron a pesar de la pandemia que en el 2020 obligó a toda la comunidad de la Universidad del Valle (unas 40.000 personas contando todas las sedes y nodos) a cumplir sus roles desde sus casas, abandonando temporalmente ese segundo hogar, que es el campus universitario.

Es innegable que esa familiaridad que sentimos todos los que pertenecemos a la comunidad univalluna va cambiando con el paso del tiempo. Los egresados dejan su lugar a los nuevos estudiantes, la cantidad de personas que pertenecen a ese ecosistema universitario aumenta y las políticas de bienestar cambian con los nuevos retos que supone, no solo mantener el nivel de excelencia, sino mejorarlo. No es casualidad que la Universidad del Valle sea una de las 5 instituciones a nivel nacional que ostenta una acreditación institucional de alta calidad con vigencia de 10 años y el bienestar universitario es uno de los factores que se autoevalúan para lograrla.





La acreditación institucional de alta calidad se otorga a las instituciones de educación superior que cumplen con una serie de requisitos que van desde lo académico, investigativo y administrativo, hasta el impacto que tienen en su región. Para ello, se hacen una serie de revisiones que comienzan con la autoevaluación que, en palabras del profesor Guillermo Murillo Vargas, vicerrrector de Bienestar Universitario comprende aspectos muy importantes en la meta de mantener la transversalidad de los servicios de este sistema “El componente de la vida universitaria está muy asociado a una formación de mayor impacto, una formación de carácter integral. Que el estudiante se convierta en un individuo integral y completo, no solamente en la parte técnica, académica o científica, sino como ser humano”. Por eso, una institución de calidad es también una institución que construye comunidad al interior y que transfiere ese ejercicio de comunidad hacia la sociedad en general.

Evidentemente, la meta de formar individuos integrales se percibe con el pasar de los semestres. La universidad transforma y enriquece con su amplia oferta que va más allá de lo académico. La conciencia de pertenencia a la comunidad crece con las interacciones entre grupos de estudio y de investigación, entre monitorías, congresos y eventos culturales y lúdicos que propician nuevas relaciones entre personas de distintas carreras, niveles de formación y hasta distintos orígenes socioculturales. Algunas forjan amistades para el resto de su vida y otras pueden encontrar socios y hasta el amor.

Con el paso del tiempo, la Universidad del Valle también ha crecido de forma integral y se ha adaptado para encontrar soluciones a los nuevos retos que trae el crecimiento y el cambio. Durante el 2020, por ejemplo, a raíz de la coyuntura que trajo el covid-19, Bienestar Universitario tuvo que impulsar de forma rápida y eficaz la conectividad y la comunicación a través de sus plataformas para así garantizar el funcionamiento que permitiera continuar con los semestres académicos. Hasta el momento, se han cumplido 3 y poco a poco se está retomando la presencialidad, siempre teniendo como principio la seguridad de sus estudiantes y empleados. En los momentos más complejos del 2020, cuando todas las actividades se tenían que desarrollar desde los hogares y a distancia, la universidad adquirió alrededor de 5.000 dispositivos de cómputo y 5.000 tablets, que permitieron garantizar la continuidad para la comunidad estudiantil y docente.

Con el pasar de los años, el ciclo de los estudiantes se completa gracias, en gran parte, a esa labor gigante y a veces silenciosa de Bienestar Universitario. Muchos nunca visitaron sus oficinas, pero si se beneficiaron con su constante labor que es explicada de forma breve y concisa por su Vicerrector “Nosotros como vicerrectoría apoyamos a la comunidad universitaria para que puedan cumplir esas funciones que son clave en su formación. El bienestar es transversal a todos los componentes y misiones de la universidad, es un proceso fundamental. Está dentro de la ruta que traza un modelo que asegure la calidad a futuro”. En síntesis, el modelo de bienestar que trabaja la Universidad del Valle es para todos sus estamentos: estudiantes, empleados, docentes, egresados, jubilados. Y cuenta con más de 22 comités que están registrados en bienestar e integran a gran parte de la comunidad universitaria.

Actualmente, la universidad se encuentra por tercera vez en un nuevo proceso de acreditación institucional de alta calidad. El éxito depende del trabajo de todos los que hacen parte de la comunidad universitaria y, más allá del reconocimiento que emite el Ministerio de Educación, este proceso implica siempre un crecimiento, un mejoramiento de las condiciones para toda institución, además de representar el legado de los que ya cumplieron su ciclo y sumaron desde sus capacidades para materializar la meta de mantener la excelencia para todos los que de una u otra forma hicieron, hacen o harán parte de la historia de Univalle.

La sinergia que se da entre todos los estamentos, facultades y departamentos de la Universidad del Valle ha formado a lo largo de los años una familia gigante y diversa que da testimonio del alcance que ha logrado la institución de educación superior más icónica del suroccidente del país. Su impacto en la comunidad ha permitido que profesionales de diferentes carreras repliquen esa visión integral de excelencia en sus vidas y las de los que les rodean. Por cada egresado que sale al mundo con la convicción y confianza que da haber estudiado en Univalle, llegan nuevos estudiantes, nuevos primíparos que buscan descifrar la colosal incógnita que representan esas instalaciones llenas de árboles, edificios, caminos, símbolos y huellas de los que han pasado por allí y ahora hacen parte de la historia de la institución.

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