Entrevista – “Sabíamos que el papel de la policía era proteger la supremacía blanca”

“Sabíamos que el papel de la policía era proteger la supremacía blanca”
Angela Davis

La veterana activista por los derechos civiles habla sobre cómo fue crecer en un país segregado, la oportunidad del movimiento Black Live Matter, y lo que la inspira a seguir luchando.



Por: Lanre Bakare
Traducido por: Juan Sebastián Mina




Angela Davis hablando en la calle Rally en 1974. Foto: Bettmann/Archivo Bettmann.
Foto: https://www.theguardian.com/us-news/2020/jun/15/angela-davis-on-george-floyd-as-long-as-the-violence-of-racism-remains-no-one-is-safe


Es 1972 y Angela Davis es interrogada sobre su aceptación de la violencia usada por las Panteras Negras. Ella está sentada y detrás suyo un fondo de ladrillos azul-claro; es la pared de una de las celdas de la prisión Estatal de California. Vestida con un suéter rojo de cuello alto, el cabello estilo afro que se convirtió en su marca registrada, y un cigarrillo encendido, lanza una mirada al entrevistador sueco -casi que atravesándolo -y responde: “¿Usted me pregunta si apruebo la violencia? Eso no tiene sentido. ¿Que si apruebo las armas? Crecí en Birmingham, Alabama. Algunos amigos cercanos, muy cercanos, fueron asesinados por bombas -bombas plantadas por racistas. Recuerdo, desde que era muy pequeña, el sonido de las bombas explotando del otro lado de la calle mientras nuestra casa temblaba… Por eso, cuando alguien me pregunta sobre la violencia, no lo puedo creer porque significa que la persona quien hace esa pregunta no tiene la menor idea de lo que negros viven y por lo que pasan en este país desde el momento en que la primera persona negra fue secuestrada en las costas del África”.

Asistir a la escena explica el ícono que representa Davis: su imagen, su valentía, su inteligencia. Fue inmortalizada en un documental de 2011 llamado The Black Power Mixtape y, recientemente, fragmentos de esa entrevista fueron compartidos en redes sociales desde que el asesinato de George Floyd, a manos de un policía en Minneapolis, provocara manifestaciones mundiales en contra de la violencia policial. Su libro Mujeres, raza y clase, de 1981, junto a The fire next time, de James Baldwin, y la biografía de Frederick Douglass, están siendo ampliamente estudiado como lectura esencial para cualquiera que procure aprender sobre el activismo antirracista.

A los 76 años ella habla, vía Zoom, desde su escritorio en California. Pregunto si ella siente que hoy, luego de tantos años, son posibles cambios significativos. “Bien, es claro que [las cosas] pueden cambiar”, dice. “Pero eso no es una garantía”. Su tono es comprensiblemente cauteloso ya que ella vio todo, desde los disturbios de Watts y la guerra de Vietnam, hasta Ferguson y la guerra de Irak. “Después de muchos momentos dramáticos de toma de consciencia y tantas posibilidades de cambios, los tipos de reformas instituidas en los periodos subsecuentes impidieron una transformación radical”.

Ella está, en general, entusiasmada por las vastas manifestaciones que desencadenó la muerte de Floyd. A pesar de que ya hubo grandes marchas en 2014 -luego de la muerte de Michael Brown, Tamir Rice, Sandra Bland, Eric Garner entre otros -Davis cree que, esta vez, algo cambió. Esta vez los blancos están comenzando a entender.

“Nunca vimos manifestaciones de este tamaño y tan diversas”, apunta Davis. “Creo que es eso lo que está generando esperanza. Mucha gente, recientemente, en respuesta al slogan Black Lives Matter, se pregunta: ‘¿Acaso no deberíamos, en realidad, decir que todas las vidas importan?’. Ahora, finalmente, están entendiendo que siempre y cuando los negros sean tratados de esa manera, mientras exista la violencia racista, nadie estará seguro”.

Si alguien es capaz de hacer un análisis del escenario actual es Angela Davis: una intelectual que milita hace cinco décadas por la justicia racial; pero las causas que defiende -la reforma penitenciaria, el desfinanciamiento de la policía, la restructuración del sistema de fianza – eran, hasta hace poco, consideradas excesivamente radicales para el pensamiento político dominante. Se generalizó la sensación de que ella estaba anclada en el tiempo, que pertenecía a una categoría de los años 60 llamada radical chic, y que sus ideales eran anticuados. En un perfil escrito en 2016, un entrevistador del Wall Street Journal preguntó a sus colegas si sabían quién era Angela David. Nadie con menos de 35 años sabía.

Angela Davis puede haberse convertido en un ícono de la lucha por la justicia social 50 años después de ser conocida, pero dice que el intercambio con la nueva generación de manifestantes y pensadores políticos es una calle de doble sentido. “Veo a esos jóvenes tan inteligentes, que aprendieron con el pasado y traen nuevas ideas”, apunta. “Me veo aprendiendo mucho con personas 50 años más jóvenes que yo. Para mí eso es un motivo de entusiasmo. Y me hace querer continuar en la lucha”.

“Creo realmente importante resaltar que, aunque la inmensidad de esa respuesta sea nueva, las luchas no lo son”, puntualiza. Davis no quiere que el impacto de la organización comunitaria, de las oficinas educativas y de los bancos de alimentos -el trabajo de base iniciado por las Panteras Negras en los años 1960 – sea ignorado ahora. “Las luchas se vienen dando hace mucho tiempo”, agrega. “Lo que vemos hoy es el resultado de un largo trabajo que no recibe necesariamente la atención de los medios”.

Davis menciona la militarización de la Policía en los Estados Unidos pasada la guerra de Vietnam y el potencial escenario para una reforma penitenciaria luego de la rebelión en la prisión de Attica, en 1971, que no se materializó, o por lo menos no de la forma como ella lo había imaginado. Así, la población carcelaria de los Estados Unidos de América detonó, pues pasó de cerca de 200 mil prisioneros, por la época de los eventos de Attica, a más de un millón de presos a mediados de los años 1990. “Mirando hacia atrás, percibimos que las reformas en realidad ayudaron a consolidar la propia institución y hacerla más permanente”, dice ella. “Ese es el miedo ahora”.

Entonces, ¿qué consejo daría al movimiento Black Lives Matter? “La cosa más importante, desde mi punto de vista, es comenzar a expresar ideas sobre lo que podemos hacer en adelante”, apunta.

Este es un tema amplio y de difícil respuesta en medio del creciente calor de las protestas en todo el mundo. Un aspecto que Davis deja claro es que momentos como el incendio de una comisaría en Minneapolis o la remoción de la estatua de Edward Colston en Bristol no son la respuesta final. “Independientemente de lo que las personas piensen, eso no traerá cambios reales”, precisa Davis específicamente sobre la remoción de la estatua. “Es la organización. Es el trabajo. Si las personas continuasen en ese trabajo, si continuasen organizándose contra el racismo y proponiendo nuevas formas de pensar la transformación de nuestras respectivas sociedades, habrá cambios”.

Angela Yvonne Davis nació el 26 de enero de 1944, en Birmingham, Alabama. En aquellos tiempos Alabama era controlada por el político y evidente supremacista blanco Bull Connor. Davis era amiga de algunas de las niñas muertas en el atentado a la iglesia Bautista de la Calle 16st , en 1963 -un acto terrorista perpetrado por el Ku Klux Klan donde murieron cuatro pequeñas y por el que ningún proceso judicial fue instaurado hasta 1977. “Nosotros sabíamos que el papel de la policía era proteger la supremacía blanca”, precisa Davis.

Se mudó a Nueva York a los 15 años para hacer sus estudios medios. Luego partió para Alemania Occidental a estudiar filosofía y marxismo con Herbert Marcuse en la Escuela de Frankfurt y, de regreso a los Estados Unidos al finalizar la década del 60, era parte de las Panteras Negras y miembro del Partido Comunista. Su vínculo con el comunismo hizo que el entonces gobernador de California Ronald Reagan la despidiera del cargo de profesora asistente de filosofía de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA).


“Nunca vimos manifestaciones de este tamaño y tan diversas”. Angela Davis. Foto: Agencia Efe/Rex/Shutterstock.
Foto: https://www.theguardian.com/us-news/2020/jun/15/angela-davis-on-george-floyd-as-long-as-the-violence-of-racism-remains-no-one-is-safe


Para 1970 las escuelas cambiaron bruscamente. Para ese entonces Davis había comprado legalmente una escopeta que luego sería usada en una tentativa de fuga de un tribunal. Un juez, que había sido retenido como rehén, resultó muerto, así como Jonathan Jackson -el estudiante que ideó la tentativa de fuga – y otros dos reos. Davis fue acusada de secuestro agravado y asesinato en primer grado por haber comprado el arma. Entró en la clandestinidad y luego fue apresada en Nueva York. Aretha Franklin ayudó a visibilizar su caso y se ofreció a pagar su fianza; los Rolling Stones y John Lennon escribieron canciones sobre ella. Davis se convirtió en una causa celebrada en todo el mundo, y fue absuelta de las acusaciones luego de pasar 18 meses en prisión. El episodio transformó a Davis y pasó de ser una lideresa académica y comunitaria radical, a una figura internacional de todo tipo de activismo político. “Agradezco mucho por aún estar viva”, anota, “porque siento que testimonio todo eso por todos aquellos que no llegaron hasta aquí”.

Ella sabe lo cerca que estuvo de no sobrevivir. Mientras era entrevistada en 1972 la acusaban de asesinato y, -en teoría – pudo haber sido ejecutada. Muchos de sus compañeros de las Panteras Negras tuvieron muertes violentas a manos del Estado: Fred Hampton fue asesinado en medio de un operativo policial en Chicago, mientras que Bobby Hutton fue baleado cuando se rendía en Oakland (Marlon Brandon hizo un discurso homenajeándolo). Muchos aún están en prisión (Mumia Abu-Jamal) o en el exilio (Assata Shakur). “Sé que yo podría ser uno de ellos… varios cayeron”, dice Angela. “Yo podría estar en prisión, podría haber sido condenada a pasar el resto de mi vida tras las rejas. Y mi vida fue salvada solo por causa del movimiento organizado en el mundo entero. Entonces, de cierta forma, mi trabajo permanente se fundamenta en la consciencia de que yo no estaría aquí si muchas personas no hubiesen hecho el mismo trabajo por mí. Y continuaré haciendo este trabajo hasta el día de mi muerte”.

Uno de los principios fundamentales de la vida de Angela Davis, luego de la prisión, es garantizar que la contribución de las mujeres en la lucha por los derechos civiles no sea ignorada. Ella cree que en el momento actual esta contribución se está reconociendo, pues se lucha para que las mujeres víctimas de la violencia policial -como Breonna Taylor, baleada y asesinada por la Policía en Louisville, Kentucky, luego de que irrumpieran en su apartamento – tengan la misma visibilidad que los hombres. “Esa masculinización de la historia se remonta a décadas y siglos atrás”, puntualiza la académica. “Discusiones sobre los linchamientos, por ejemplo, generalmente dejan de registrar no solo que muchas de las víctimas eran mujeres negras, sino que las mujeres negras también luchaban contra los linchamientos, como Ida B. Wells”.

“Creo que es importante entender por qué sucede esta tendencia a las representaciones masculinas de la lucha, y por qué no reconocemos que las mujeres siempre estuvieron en el centro de esas luchas, bien sea como víctimas o como organizadoras”. No solo son las ideas de Davis sobre la reforma de la Policía y la justicia social las que están ocupando espacios, sino también sus posturas sobre cómo esos cambios pueden tener lugar, vienen siendo influyentes. Hace décadas ella promueve el pensamiento feminista que rechaza el liderazgo político y las formas de resistencias hipermasculinas. Ella cree que los movimientos Occupy y Black Live Matter, que no enfatizan en un solo líder o, en algunos casos, incluso formaron grupos de liderazgo reconocibles, abren nuevos caminos.

“Hay gente que se pregunta: ‘¿Dónde está el Martin Luther King de hoy? ¿Dónde está el nuevo Malcolm X? ¿Dónde está el próximo Marcus Garvey?’. Y, es claro, cuando piensan en líderes, piensan en carismáticos hombres negros. Pero la forma de organización radical más reciente entre los jóvenes ha sido un tipo feminista de organización, es decir, enfatiza en el liderazgo colectivo”.

¿Pero no habrá una tensión entre los ideales de colectividad de Davis y su propio estatus? “No puedo tomarme muy en serio. Digo siempre eso. Nada habría pasado si dependiese solo de mí como individuo. Fue siempre el movimiento y el impacto del movimiento.”

Davis ya intentó antes llevar al movimiento a las esferas del mainstream. Fue candidata a la vicepresidencia por el Partido Comunista de los Estados Unidos en 1980. En un discurso de 2006 arremetió contra el gobierno de George W. Bush, y hoy ni siquiera puede decir el nombre de Trump, y prefiere referirse a él como “el moderador de la Casa Blanca”. ¿Será que la democracia americana tiene espacio hoy para ideas radicales sobre los cambios sociales? “Creo que no”, responde Davis. “No con el liderazgo de las actuales formaciones políticas -no con los demócratas y ciertamente no con el Partido Republicano”.

¿Qué hay de los demócratas arrodillados y vestidos con telas kente en muestra de solidaridad? Nancy Pelosi y otros prominentes demócratas usan el tradicional tejido ghanés, que les fue dada a manos de la bancada negra del Congreso (Caucus Negro), en muestra de “solidaridad” con los afroamericanos, una base electoral crucial a la que su candidato presidencial, Joe Biden, intenta aproximarse. “Eso es porque ellos quieren estar del lado correcto de la historia”, comenta Davis con desdén. “No necesariamente porque harán lo correcto”.

En sus conferencias, Davis cuenta a veces una historia sobre cómo, siendo una niña pequeña en Birmingham, le preguntaba a su mamá por qué no podía ir al parque de diversiones o a las bibliotecas segregadas. Su madre, también activista, le explicaba cómo funcionaba la segregación, pero no se detenía ahí. “Ella siempre nos decía que las cosas cambiarían. Que cambiarían, y que podríamos hacer parte de ese cambio. Así, de niña, aprendí a vivir bajo la segregación racial, pero al mismo tiempo a vivir en un nuevo mundo imaginado y a percibir que las cosas no serían para siempre como eran. Mi madre siempre nos decía: ‘No es así como deberían ser las cosas, no es así como debería ser el mundo’”.




Campaña contra la Guerra de Vietnam, con Jane Fonda. Foto: Ullstein Bild.
Foto: https://www.theguardian.com/us-news/2020/jun/15/angela-davis-on-george-floyd-as-long-as-the-violence-of-racism-remains-no-one-is-safe


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