Entrevista – Memoria para vivir mejor

Memoria para vivir mejor
Entrevista a Mario Camarena

Mario Camarena, investigador de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), estudia la conservación de la memoria en comunidades indígenas mexicanas como Patrimonio de la Humanidad.


Por: Clara Inés González Libreros
Estudiante de Comunicación Social




Mario Camarena.
Foto: Centro Virtual Isaacs.


Darío Henao Restrepo: ¿Cuál es su perspectiva sobre los propios objetos de investigación relacionados con la historia de vida?

Mario Camarena: El investigador es en sí sujeto de la investigación, y esto nos lleva a replantear el papel que tenemos dentro de las investigaciones. Al hacerlo comprendemos que somos una propia fuente, y que tenemos que aprender a trabajar con nosotros mismos, y cuestionar cómo trabajamos con otras personas. Entonces no hay un asunto de objetividad, hay un asunto de intencionalidades, de posiciones políticas.

Otra cuestión muy interesante es cómo, desde nosotros mismos, entramos a la construcción de la significación, la cual no es ajena a nosotros, somos parte de ella. Al aceptar esto debemos preguntarnos, cómo la estamos construyendo, dado que no es algo dado, y se crea en conjunto con otras personas.

Esto nos lleva a una discusión diferente: la de retomar conceptos. Con esto me refiero a re-hacerlos en función de nuestra experiencia, y la de los sujetos que estamos trabajando. Lo que le da cabida inmediata a otra discusión: el concepto como proceso de construcción, en el cual analizamos cómo se construye el concepto de lo afro, desde el concepto de lo negro, y los elementos que influyeron en esta transformación.

D.H.: Podría contarnos su experiencia de trabajo con las señoras que tras defender su territorio, engranan algo mucho más grande, como la defensa de un territorio ancestral.

M.C: Cherán es un pueblo que se encuentra en la Meseta Purépecha en Michoacán. Ahí, en 2011, se dio un movimiento de defensa por la vida. Los talamontes habían tenido un proceso de devastación de 29.000 hectáreas de bosque en un año, y la gente había olvidado lo que significaba vivir en comunidad, vivir en familia



Darío Henao y Mario Camarena.
Foto: Centro Virtual Isaacs.


Hubo un momento en que, ante la destrucción del tejido social, quienes ellos llaman “los malos” dijeron que después de acabar con el bosque, irían tras las mujeres, porque era lo único de valor que quedaría. Entonces empezó una lucha por tratar de conservar su única dignidad: sus esposas, hermanas, hijas, madres. Ahí coincide una postura religiosa que les dice: “no pueden no luchar por su dignidad”.

Entonces el 15 de abril del 2011, un grupo de señoras decidió enfrentar a los talamontes, y lograron detener toda una organización. Ese día era víspera de semana santa, razón por la cual se aprovechó toda la gestión religiosa y la humillación, para encarar. A partir de ese momento se empezó a organizar la comunidad con base en la cuestión familiar y los barrios, pero quienes comandaron este trabajo fueron las mujeres. Ellas salieron a la calle, tomaron los barrios y las comunidades, retomaron el bosque, y se apropiaron de la batalla diciendo: “el territorio es nuestra casa, no es un municipio, y nosotros somos quienes debemos defender nuestra casa”.

Bajo esta idea, ellas fomentaron organizaciones barriales y de tipo familiar. Además cerraron el pueblo durante tres meses, nadie podía entrar, ni salir de él. Esto es fenomenal porque estas mujeres eran muchachas entre los 15 y 25 años, quienes eran las más afectadas, dado que en esta comunidad, a los 15 se casan, a los 25 ya tienen hijos, y a los 35 ya son abuelas. Ellas enfrentaron, con lo poco que tenían, el crimen organizado, y como se vieron solas, decidieron abandonar al Estado, y solo pidieron la facultad nombrar a sus representantes, y alejar a los partidos políticos de la comunidad. Esto es importante porque se está hablando de lo indígena desde una característica femenina, lo cual va en contracorriente con los términos historiográficos.

Después de unos años, ganaron un lugar dentro de su estructura de gobierno: El Consejo de la Mujer, dentro del Consejo Supremo. Entonces las mujeres se convirtieron en las negociadoras de los asuntos indígenas, y así fomentaron la conservación de la memoria en la comunidad, lo cual es lógico porque son ellas quienes transmiten los valores y la memoria en la familia.

En este punto es donde me incorporé, participando en construcción de la Fogata Kejtsitani, que significa Fogata de Memoria Viva. Con esas mujeres se construyó un concepto de memoria diferente, el cual aclara que la memoria no es el pasado, sino algo que se trabaja sobre el presente y lo vivido, y que nos debe servir para vivir mejor, porque si no lo hace, no sirve. Además la memoria debía ser trabajada en comunidad, porque nos interesaba la memoria de un individuo en comunidad, para así discutir con la memoria que solamente ve un asunto individual.

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