Entrevista – La Salsa como Patrimonio

La Salsa como Patrimonio

Hace dos meses el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural aceptó la postulación del “Complejo Musical Dancístico de la Salsa Caleña”, para ser incluido en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación. Esta propuesta fue liderada por Diego Echeverri, (Arquitecto y Magister en Políticas Públicas), durante 8 años y tres administraciones de la Secretaría de Cultura. La Palabra lo contactó, y junto a expertos como el docente e investigador musical Alejandro Ulloa, el escritor Umberto Valverde y el investigador musical Rafael Quintero, analizaron las implicaciones de este proceso de patrimonialización para la cultura salsera en Cali.



Por: Harold Pardey Becerra
Comunicador Social y Periodista
Umberto Valverde
Escritor




Jairo Varela (1949 – 2012), compositor colombiano, fundador del Grupo Niche.
Foto: Archivo Umberto Valverde.


La Palabra (L.P.): ¿Qué significa el termino ‘Complejo Musical Dancístico de la Salsa Caleña’?

Diego Echeverri (D.E.): Corresponde a “un conjunto de prácticas periódicas o permanentes” vinculadas al desarrollo urbano de Cali desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad. Dichas prácticas corresponden al baile, la música y el coleccionismo de manera medular, alrededor de las que se asocian oficios y saberes como la confección de trajes artísticos, zapatos de baile, instrumentos, elementos escenográficos entre otros, pero también actividades como el diseño, el periodismo, la literatura y la producción audiovisual, etc. Estas prácticas se entretejen convirtiéndose en un complejo de manifestaciones donde participa un número importante de población que, en Cali, se enriquece de la conformación interétnica del Pacífico y el suroccidente colombiano.

L.P: ¿Cuáles fueron los procedimientos institucionales de la Secretaría de Cultura y los diferentes portadores del complejo de la Salsa en Cali ante el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural (CNPC)?, para que este organismo adscrito al Ministerio de Cultura otorgara una respuesta afirmativa al ‘Complejo Musical Dancístico de la Salsa Caleña’ para que continúe el camino hacia la inclusión en la lista representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación.

D.E.: El procedimiento corresponde a lo establecido en el Decreto 2358 de 2019, que es la más reciente norma que sirve de soporte a la Política Pública de Patrimonio Cultural Inmaterial. Consiste en una serie de pasos que corresponden a: La identificación del conjunto de manifestaciones, paso que se hace con el acompañamiento del Ministerio de Cultura; posteriormente se construye la solicitud de ingreso a la Lista Representativas de Patrimonio Cultural Inmaterial – LRPCI-, que en nuestro caso es del ámbito Nacional; justo este fue el paso que dimos el pasado 9 de julio. El paso subsecuente corresponde a la formulación participativa del Plan Especial de Salvaguardia con el cual, una vez aprobado por parte del consejo Nacional de Patrimonio, automáticamente se produce el ingreso a la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial – LRPCI – por 5 años.

L.P.: ¿Qué es un Plan Especial de Salvaguardia (PES)?

D.E.: El Plan de Salvaguardia – PES es un acuerdo social y administrativo que contiene las acciones de salvaguardia que de manera concertada permitirán que se conserven los valores culturales y la esencia identitaria de la manifestación, así las prácticas presenten cambios en el tiempo. Es social por que se construye con la comunidad de portadores y es institucional pues siendo una herramienta de Política Pública debe estar soportada en la institucionalidad pertinente, que en este caso es la Secretaría de Cultura. Antes de iniciar los pasos regulares de diagnóstico, formulación, validación y defensa de la postulación, para este momento en particular como la pandemia es necesario realizar de manera paralela un proceso pedagógico y didáctico para entender los alcances y limitaciones que tiene el proceso de reconocimiento patrimonial, en especial cuando hay necesidades sentidas en lo económico en el sector cultural en general que afecta a nuestros portadores y que deben ser atendidos de manera integrativa.

L.P.: ¿Qué tipos de economías y procesos de memoria colectiva se agencian y movilizan desde el intangible de la salsa en Cali?

D.E.: El Complejo comprende dos vertientes económicas, una de sustentabilidad de la memoria, los saberes y otra de sostenibilidad en torno a la manifestación. La primera, es una economía endógena en tanto es un “todos ponen” o “una vaca” para festejar, rumbear o celebrar alrededor de la salsa; el segundo, es ya de intercambio en tanto los estilos de vida, el coleccionismo, las orquestas, los vestuarios, los zapatos, las escuelas de baile, entre otros, que empieza a generar ingresos para personas y familias que ven ahí la oportunidad de circular sus saberes artesanales al servicio de una manifestación. Principalmente estas dinámicas se soportan en economías locales articuladas en redes de trabajo colaborativo e intercambio. Esto es diferente a los procesos de economía naranja y de emprendimiento que tienen su propia política pública y sus herramientas de fomento o crecimiento de acuerdo con las lógicas de mercado, donde por supuesto, la salsa también participa.


Melómanos y coleccionistas.
Foto: Archivo Umberto Valverde.


L.P.: ¿Cuáles son los principales riesgos, que considera usted, enfrentan actualmente las manifestaciones culturales de los portadores del complejo de la salsa en Cali?

D.E.: La práctica más vulnerable desde el punto de vista patrimonial, es el de la ejecución musical con sus cantantes y orquestas, debido a la dependencia del mercado o de los espacios de circulación en eventos ofrecidos desde la institucionalidad pública, quedando además pendientes los procesos de cualificación y transmisión generacional de las músicas producidas en Cali. Se debe lograr una especie de equilibrio para la salvaguardia entre mantener la tradición y su sostenibilidad. Con ello no se desconoce los aspectos económicos, pero no es sano tener una visión netamente economicista por las implicaciones comerciales que puedan llegar a surgir del fenómeno mediático de esta primera etapa del reconocimiento del Complejo Musical Dancístico Salsa.

Alejandro Ulloa (A.U.): Mi primera observación es que hubiera preferido que se denominara El complejo musical dancístico de la salsa en Cali, y no de “la salsa caleña”, como quedó registrado. La diferencia es de fondo, y no un mero cambio de palabras, porque “la salsa caleña”, indica, de entrada, la música salsa hecha en Cali, cuando en realidad el fenómeno cultural más importante es lo que se ha hecho en Cali con la salsa producida en distintas partes del mundo. Desde la música cubana precursora de la salsa, hasta la salsa producida en Nueva York y Puerto Rico, pasando por la salsa creada en Panamá, Venezuela, República Dominicana, Perú, Colombia, y por supuesto la salsa creada y desarrollada en Santiago de Cali. El tema de fondo es ese, el proceso de lo que se ha hecho en Cali, con todo ese patrimonio, (a través del baile, del coleccionismo, de la producción musical, de la investigación, y de otras prácticas). Eso hace del “Complejo…” un fenómeno más universal, que conecta lo local con lo global, mientras hablar de “la salsa caleña”, lo restringe al ámbito local y se pierde dicha conexión que es clave estratégicamente para el mismo plan, además de ser un hecho histórico comprobable. Ese es mi argumento, expuesto varias veces en distintos escenarios, pero por lo visto no fue tenido en cuenta.

En segundo lugar, si el “El Plan de Salvaguardia – PES – es un acuerdo social y administrativo que contiene las acciones de salvaguardia que de manera concertada permitirán que se conserven los valores culturales y la esencia identitaria de la manifestación…” se supone que ese plan lo debe liderar la secretaría de cultura mediante un equipo específico que gestione, aclare y proponga, pero también que convoque a todos los actores… ¿Existe ese equipo gestor conformado en la secretaría? ¿Cuáles serían los requisitos y las condiciones para ser parte de él y conformarlo? Y si lo hay, ¿quiénes lo constituyen? ¿Con qué recursos se cuenta para la acción del equipo gestor? ¿Quién aporta esos recursos? ¿Hay ya una propuesta de convocatoria? ¿A quiénes se convocaría, a qué actores? Si participan o “se invita a entidades mixtas o privadas comprometidas con la cultura del territorio”, ¿cuáles serían esas entidades? Se supone que la participación implica un proceso de negociación, ¿hay alguna estrategia diseñada o unos lineamientos para negociar sobre todo con los actores privados? Se deben aclarar dos puntos: primero, aclarar las dos dinámicas que implica el plan de salvaguarda, según lo afirma Diego Echeverry; y segundo, la diferencia entre el Plan de Salvaguarda y la tal economía naranja. Hay que profundizar en el análisis de esa diferencia; si hay complementariedades o no.

Finalmente, creo que todos los involucrados en ese proceso deben leer, estudiar y discutir la guía producida por el Ministerio de Cultura, sobre cómo elabora el Plan Especial de Salvaguarda. Hay que empezar por ahí. Debe ser un requisito para todos los que quieran participar.

Umberto Valverde (U.V.): En el año 2005, estando el doctor Miguel Yusti como alcalde encargado se celebró un homenaje a Johnny Pacheco, quien a su vez entregó un manifiesto firmado declarando a Cali como “Capital mundial de la Salsa”. En 1995, en el teatro Jorge Isaac, Juan Formell, director de Van Van de Cuba, dijo, frente al público: “Llegué a pensar que no me iba a alcanzar la vida para estar en Cali”. Papo Lucca, pianista de Fania y La Ponceña, afirmó algo similar. Henry Fiol, un gran cantante de Nueva York, declaró que cuando su tema Zumbale estuvo tan pegado fue a muchas presentaciones en Barcelona y París, pero aclaró, “el público era de caleños y colombianos, por ninguna parte vi franceses ni catalanes”. Jerry Rivas, del Gran Combo, confesó en el Museo Jairo Varela, en un conversatorio que yo le hacía, que inicialmente cuando empezó a venir a Cali no creía en esa afirmación pero que ahora la certifica, “Cali es la gran ciudad que defiende el género, es la memoria de nuestra música”.

La salsa nació en Nueva York, conocí el esplendor de esta música en los años ochenta en la capital del mundo, he visitado a Cuba y Puerto Rico, pero después de la crisis de FANIA y RMM, del colapso de la industria disquera, Cali acogió todas esas tendencias y las memorizó, de tal manera que se convirtió en la “caja fuerte de la salsa”, la ciudad con mucha vida nocturna, con una Feria que le da trabajo a los propios, boricuas, cubanos y dominicanos. Me convertí en el biógrafo de la Sonora Matancera, de Celia Cruz, privilegio enorme y único, y, de Jairo Varela, el gran visionario de la salsa colombiana. En Colombia hay una magnífica producción bibliográfica sobre la salsa, que no existe en otros países. En Cali hay un gran movimiento de bailarines, reconocidos en competencias internacionales, y un fuerte movimiento de coleccionistas. Un hijo del barrio obrero, como yo, fue considerado uno de los más representativos coleccionistas de Nueva York, Humberto Corredor, productor musical y propietario de discotecas.

Sin duda Cali merece ser reconocida como Capital mundial de la Salsa, que sus expresiones(baile, música, coleccionismo, investigadores, oficios de vestuario, etc.), se incorporen e incluyan como patrimonio inmaterial de la humanidad, pero es aquí donde la municipalidad debe apoyar a la salsa, para que no muera, que se trasmita de generación en generación, pero esto no ha sido así nunca, hay un apoyo coyuntural, pero la salsa ha sobrevivido como una expresión auténtica del pueblo, del barrio, del barrio obrero que la vio nacer y crecer, ha sido autónoma, independiente, por decisión de sus protagonistas, por su lucha y sus convicciones. Es el momento de aportar por parte de la Alcaldía de Santiago de Cali para desarrollar el plan de salvaguardas, porque el Covid arrasará con muchos bares, orquestas y escuelas de salsa.


Melómanos y coleccionistas.
Foto: El Tiempo.


Rafael Quintero (R.Q.): Llevamos 70 años desarrollando diferentes procesos, prácticas sociales y manifestaciones alrededor de esta cultura, al punto que hoy es el sello de identidad de nuestra ciudad, ante la nación y ante el mundo. Somos conocidos y nos reconocemos como la ciudad de la salsa, porque ella ya es el ADN de nuestra identidad, y lo que gira a su alrededor es una necesidad vital para muchos caleños. El visitante cuando llega a la ciudad, lo percibe de inmediato, al punto que, casi que espontáneamente, en los últimos diez años Cali se convierte por la Salsa, en una atractiva y reconocida experiencia a vivir en la ciudad, para un amplio sector del turismo nacional e internacional.

Este patrimonio, con millares de portadores de la manifestación, es un triunfo del barrio, una victoria en su batalla de resistencia contra los mandatos oficiales de la gran mayoría de sus gobernantes, que nunca quisieron que la Salsa y la cultura expresada a su alrededor, representara a la ciudad o por lo menos que no ocupará un lugar hegemónico y determinante como sello de identidad. Esa posición aún sigue vigente y este reconocimiento es un aviso más, para nuestra dirigencia, ante la obligación de elaborar un efectivo Plan de Salvaguardia del bien patrimonial. Ya hay oficios, profesiones, diversas y amplias actividades económicas alrededor de los portadores de la manifestación, que hoy son pilares de la tradición. Cali finalmente y para dinamizar los procesos de salvaguardia, debe ser declarada de manera oficial y por el Concejo Municipal, como la Capital Mundial de la Salsa. El Plan de Salvaguardia no lo puede olvidar, porque es un factor dinamizador de procesos en función del objetivo fundamental.




Foto: Archivo Umberto Valverde.


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